"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia y sacarle todo el meollo a la vida, para no llegar a la muerte y descubrir que no había vivido." (H.D. Thoureau)
Un ejercicio basado en la lectura del texto de Los Papalagi, en un módulo de Educación para el Desarrollo en la escuela Iturralde de Tiempo Libre en Itaka-Escolapios de Bilbao, me permitió por primera vez darme cuenta del eurocentrismo que impregnaba mi cotidiano vivir. Me permitió comenzar a aproximarme a interculturalidad desde una lógica no eurocéntrica.
(basado en un recorte de prensa que leí hace años)
Una paloma.
Una inocente paloma sembró el pánico ayer en el Pentágono.
Algún funcionario despistado había dejado la ventana abierta,
y una sencilla paloma blanca se coló en los pasillos
de la sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, en Washington.
Inmediatamente, saltaron todas las alarmas.
En siete minutos, habían evacuado del edificio.
Y rápidamente acudieron las Fuerzas Especiales,
equipadas con su armamento de alta tecnología,
con visores infrarrojos y municiones guiadas con láser.
Tal vez podría ser una bomba trampa enviada por un lobo solitario,
o un nuevo dron espía camuflado teledirigido por los rusos,
o quizá entre sus plumas blancas llevaba polvo de Anthrax de Al Qaeda,
o peor, en sus alas escondía una microcámara secreta de Corea del Norte.
El Eje del Mal revoloteando en el corazón del imperio.
Mientras los comandos trataban de atraparla
entre los intrincados pasillos del edificio,
el teléfono de emergencia no paraba de sonar
en el Despacho Oval de la Casa Blanca.
El nuevo POTUS, bañado en un sudor frío, acariciaba el botón rojo,
sin marcar aún el objetivo, esperando las coordenadas de la CIA.
Finalmente, la paloma -algo asustada por el revuelo armado-
salió por donde había entrado, la misma ventana abierta,
y huyó volando sobre el Río Potomac,
dejando a su paso el rastro de una certeza:
la sensación de que la Paz,
otra vez se les había escapado de las manos.
Reflexiones desde la Interculturalidad y el Post-Desarrollo a partir del Encuentro de Liderazgo Participativo en Quito, Ecuador, Abril 2015
El llamado de este encuentro había sido sembrado por David en Santiago de Chile en junio de 2013. La semilla había permanecido bajo
tierra durante casi dos años esperando el momento adecuado para germinar. Tras
el encuentro de Septiembre 2014 en Cuenca, se sumaron al equipo convocante Hilda
y Carlos, lo que le permitió sostener el esfuerzo hasta poder concretarlo.
Los días previos estuvieron marcados por la incertidumbre de
cuántas personas llegarían… ¿veinte?¿treinta? ¿cuarenta? La cifra iba aumentando considerablemente a
medida que pasaban las últimas 48 horas previas. En el equipo anfitrión nos
preguntábamos… ¿Cómo co-crear un contenedor seguro para tan nivel de
diversidad? ¿Qué haremos si se evidencian algún conflicto?
El primer día comenzó con un círculo de inicio donde la
diversidad quedó de manifiesto, reflejada rotundamente. Los participantes se
inscribieron en los equipos de práctica y tuvieron una primera aproximación al
enfoque apreciativo. Durante la tarde, vivimos un Café Mundial en torno a la
Diversidad, con preguntas sobre ¿cómo pasar de la diferencia a la confianza? ¿cómo
aprovechar la diversidad como fuente de creatividad e innovación? La cosecha de
las rondas de café mundial fue muy contundente.
Durante la mañana del segundo día del Encuentro, dos
personas abrieron la jornada. No eran dos personas cualquiera. Eran un hombre y
una mujer, de una edad similar, de la misma nacionalidad, ambos ecuatorianos.
Pero hacía tan solo unas semanas, la mera posibilidad de que aquello
aconteciera, era, simplemente inimaginable.
Belén es una reconocida activista de los derechos de la
Madre Tierra. Años atrás había liderado su incorporación en la nueva Constitución
de la República del Ecuador. La Fundación Pachamama que ella lideraba había
sido clausurada un año antes por orden del Presidente de la
República.
Carlos es el coordinador de Relaciones comunitarias de una
empresa multinacional en el negocio de la exploración minera.
Y allí estaban los dos, trabajando codo a codo. Él tocaba un
tambor indígena, marcando el ritmo, evocando el pulso, el latido de la tierra.
Ella facilitó una bonita dinámica extraída de un texto de Johanna Macy.
Primero, trayendo el estrés diario cotidiano de la gran ciudad, la prisa, el
apuro, el no ver al otro. Segundo, en calma, descubriendo a través de los ojos
del otro su alma, reconociendo que en cada uno hay un llamado de sanar el mundo
y honrar la vida.
Después, en un círculo de unas cincuenta y cinco personas sentadas en
sus sillas, un abuelo shuar se levanta y exhorta:
- “Si no entiendes, ...Escucha!”
Acto seguido inicia un discurso
en su lengua nativa, del cual, los occidentales presentes en la sala solo
alcanzan a entender algunas fechas y topónimos, que eran pronunciados en lengua
española. No importaba. Dicen que más del 75% por cierto de la comunicación es
no verbal. Aunque no alcanzáramos a entender el significado de los contenidos
de su mensaje, su entonación, su corporalidad expresaban dignidad, orgullo,
presencia, herencia ancestral. Hablaba de la historia de su padre, líder de su
pueblo.
Sentí que en él hablaban todos
sus ancestros hacia atrás. Y al escucharlo en silencio, contemplándolo sin
juicio, aceptándolo como legítimo otro diferente, sentí que sanaba quinientos
años de culpa hacia atrás en mis ancestros.
Tras una hora de silencio en la
naturaleza, explorando qué preguntas están vivas en el interior de cada uno,
volvimos al círculo donde algunos compartieron su experiencia. La mayoría de
los testimonios versaban sobre lo inspirador del momento de meditación al aire
libre, sintiendo el trinar de los pájaros.
Una joven ligada al movimiento de la permacultura había escuchado el
vuelo de dos colibríes. Un líder estudiantil había tenido un momento que
describía como una iluminación. Sin embargo uno de los jóvenes shuar declaró:
-“Extrañé la selva. Aquí solo
escuché dos tipos de aves. Muy pocas plantas. Y en lugar del fluir del arroyo,
se sentía el ruido del tráfico de la carretera”
Otro shuar comentó:
-“Yo también extrañé la selva, pero miré a la planta, porque todas las
plantas tienen poder, y le dije “Planta, dame tu poder” y la planta me dio su
poder. Y ya estaba listo. No necesité más silencio.”
Cuando expliqué la Teoría U de
Otto Scharmer, un técnico local de la cooperación internacional declaró algo
así como:
-“No entiendo por qué hace falta meter el corazón para construir el
futuro. La planificación estratégica se hace con la cabeza.”
Me salió una respuesta sobre la
necesidad de inspirar –involucrar emocionalmente- a las personas a construir en
forma colectiva el futuro que desean vivir.
Por la tarde, tras el juego caórdico,
durante el Espacio Abierto, uno de los temas propuestos de conversación fue
sobre Minería en territorio Shuar. Acudieron tres jóvenes shuar, la joven de la
permacultura, una funcionaria pública técnico en participación comunitaria del
Parque Nacional de Galápagos y quien suscribe. Fue interesante darse el tiempo
para escuchar. Dentro del pueblo shuar existen diferencias respecto a aceptar o
no la exploración minera en su territorio.
Un joven shuar declaraba:
- -“Nosotros
también queremos tener colegios, hospitales, ir a la Universidad y ser
ingenieros shuar, geólogos shuar... Queremos progreso para nuestro pueblo.”
Personas ligadas a la minería
comentan que la minería no es la que provoca el conflicto con la comunidad.
Argumentan que los conflictos internos que subyacen en la comunidad se
manifiestan, se hacen patentes con la llegada de la minería al territorio. Por
eso Carlos refuerza que el diálogo al interior de la comunidad es tan
importante como el diálogo entre la minera y la comunidad.
Frente a tal declaración, una
joven ligada al movimiento de la permacultura, con su trenzas y falda florida –(digna
representante del vmeme verde)- le confrontaba:
- - “Pero
nosotros ya tenemos colegios, tenemos hospitales, tenemos desarrollo… y eso no nos hace más felices! …vivimos
estresados en ciudades de cemento, respiramos un aire contaminado y ya no oímos
los trinos de los pájaros ni el fluir del arroyo.”
Yo escuchaba atento, en silencio,
este debate entre el “Desarrollo” y el “Post-desarrollo”, entre la ingenuidad
de quien aún cree en el discurso de la modernidad que le han transmitido las
empresas, y la profunda decepción
post-moderna que sospecha que tras la ilusoria promesa del progreso material no hay
más que decadencia espiritual y degradación ambiental.
Por su parte, la
funcionaria experta en participación ciudadana les interrogaba desde el
conocimiento profundo de los derechos indígenas, y los procedimientos legales
de participación ciudadana para la evaluación de impacto ambiental de los
proyectos de inversión. Una mirada más bien regulatoria desde el Estado. (vmeme
Azul)
Al tercer día, tuvimos por la
mañana la enseñanza de “las 8 respiraciones” seguida del “Diseño para la acción sabia”, donde apoyé
un par de proyectos relacionados con la apertura de Espacios Libres de Violencia
en Quito, con el propósito de contribuir a una Cultura de Paz y buen trato (en
colegios, en las familias, en el transporte público, a los animales…) y un
programa de apoyo a jóvenes emprendedores sociales del Impact Hub de Quito,
ImpaQto. Otro de los proyectos que surgieron fue precisamente una plataforma de
diálogo intercultural sobre minería en territorio shuar y una iniciativa de la
subsecretaría de Minería para comunicarse con las comunidades locales.
El cierre de la jornada comenzó con
una alegre danza shuar en la que un alto consejero de gobierno bailó junto al
sabio shuar, seguido de un simple y bello ritual de cosecha donde cada
participante pudo escribir y compartir sus aprendizajes y hallazgos más
significativos en el círculo final.
Cuando recibí la invitación por
las redes sociales, lo primero que me llamó la atención fue el dibujo de aquel
vistoso y colorido colibrí junto a la montaña verde. El corazón del colibrí es el más grande del
reino animal, en proporción a su tamaño. Solo un corazón así le permite agitar
sus alas a tal velocidad. Y fue así como mi corazón de colibrí saltó de alegría
con la mera posibilidad de asistir al encuentro.
El lugar elegido, el territorio
del Pueblo Misak en el resguardo indígena de Silvia, Guambia, en las montañas
del Cauca era muy significativo. El Cauca ha sido una región muy golpeada por
la guerra que se vive en Colombia durante décadas, llegando a ser considerada
como zona roja. A su vez, el
territorio Misak ha sido el corazón del movimiento indígena por la defensa del
territorio y la identidad.
En el terminal terrestre de Cali
coincidí en el bus con otros participantes del encuentro, fácilmente reconocibles
por la vestimenta y las grandes mochilas. Las instrucciones eran claras y
precisas. Unas tres horas hasta Piendamó por carretera, atravesar caminando el
pueblo hasta tomar otro bus a Silvia y en el parque de Silvia tomar un jeep o
colectivo hasta la Misak Universidad.
Cuando llegamos, ya había
comenzado la primera plenaria, en la que Beatriz Arjona del Consejo deAsentamientos Sustentables de las Américas estaba relatando la historia desde
el primer Llamado. Las autoridades Misak presentes también dieron su bienvenida
y se realizaron los correspondientes rituales y ceremonias de inicio.
Mientras armaba la tienda de
campaña, vislumbré a mi amiga Zulma, a quien no veía desde hacía cinco años en
Karlskrona, y nos fundimos en un alegre abrazo. Su pareja, Rowan me entregó unos
frutos secos y una granadilla para paliar el hambre del viajero. Tímidamente,
le pregunté a Zulma:
-“Y esto cómo se come?” -“No hay forma decente de comerse
una granadilla” – me respondió.
En un comienzo nos decían, “Por
favor, eviten fotografiar los rituales sagrados”. Después eran los misak
quienes nos fotografiaban con sus tablets.
Tras la cena, los “médicos” locales
prescribieron un “refrescamiento”
para armonizar energéticamente a
todos los recién llegados con el sentir del territorio. Esa fue una impactante
inmersión cultural en la cosmovisión Misak. Según logré entender, según su
creencia, el Territorio Misak como ente siente tu presencia, tu respiración, tu
latido del corazón, si gritas, si vienes con miedo... y el cambiante microclima
local es una respuesta al estado anímico de los visitantes. Ya era de noche y
los médicos se habían instalado en un
extremo de la cancha para realizar su ritual. Un fueguito, hojas de coca, un
pagamiento a la Pachamama y probablemente otras sustancias desconocidas. Nos
pidieron colocarnos sentados en una fila curva en media luna y esperar,
esperar, esperar…. Esperar. No podían decirnos si serían diez minutos, media
hora o más. Se demorarán lo que se tengan que demorar. Bienvenidos al tiempo
Misak. Kairós llamaban los griegos al
tiempo divino o tiempo emocional. Pasaron varias horas. Opté por no mirar el
reloj del teléfono celular. De hecho, opté por apagarlo, pues no tendría cómo
cargar batería durante la semana. Algunos tocaban flautas, otros guitarras,
algunos comenzaron a cantar.
Otros permanecíamos en silencio,
tratando de mantenernos presentes, con la mente abierta, suspendiendo los
propios juicios –en mi caso venían juicios como neohippismo, vmeme verde, boomeritis, tapón evolutivo-, sintiendo
progresivamente el frío, la humedad y el entumecimiento del cuerpo. Por breves
momentos, una leve brisa abrió un claro entre las nubes y pudimos contemplar con regocijo y admiración
las estrellas que titilaban al son de la sinfonía de grillos que nos circundaba.
Qué bendición.
Por fin aparecieron los brujos. A esa hora pude concluir que su
figura se acercaba más a ese arquetipo ancestral que a la concepción occidental
de médicos. Uno a uno, entregaban
hojas de coca e invitaban a lavarte las manos y rostro. Su presencia realmente traía simbólicamente lo
sombrío del inconsciente.
A la mañana siguiente, tras el
desayuno y tras una muestra de bailes folklóricos postergada a causa del
refrescamiento, comenzó el plenario “Territorio, Sustentabilidad y Buen Vivir”,
moderado por el señor Hildebrando Vélez, tan reconocido como perseguido
activista y académico ligado a las causas socio-ambientales. Representantes de
diversos pueblos originarios presentes en Colombia compartieron sus
testimonios, con algunas perlitas de sabiduría ancestral. Auténticos tesoros
humanos vivos, portadores de cosmovisiones milenarias. Sentí como un milagro
que perduren tras más de cinco siglos de resistencia. Zulma con sus rotuladores
de colores iba registrando la síntesis visual de los contenidos sobre papel kraft.
(incorporaré aquí imágenes de las anotaciones de la
moleskine)
La metodología elegida para el
evento, el denominado Consejo de
Visiones, permitía que cada participante pudiera elegir una temática o más para
profundizar. Entre las temáticas posibles estaban:
-Consejo de Educación
-Consejo de Ecología y permacultura
-Consejo de Asentamientos Sustentables
-Consejo de Sanación, Espiritualidad,
ancestralismo, consejo de mayoras y mayores
-Consejo de Jóvenes
-Consejo de Niños
-Consejo de Economía Solidaria
-Consejo de Arte y Cultura
-Consejo de Redes y Movimientos Sociales
Por la mañana fui al consejo de
Asentamientos Sustentables, pues tenía curiosidad por escuchar de mecanismos de
convivencia y resolución de conflictos usados en ecoaldeas y aprender más de
modelos como la holocracia y sociocracia. La primera sesión consistió en una
meditación guiada, prestando atención a la respiración. “Tu cuerpo es tu territorio primordial” “Pestañear conscientemente,
mirando hacia fuera, mirando hacia dentro”
Por la tarde, acudí al Consejo de
Educación, que era dinamizado por Zulma, Rowan y Paola. Durante la sesión, dos
mayores Misak docentes de la Misak Universidad nos expusieron cómo se organiza
la autoridad, su sistema educativo y sus vínculos con el sistema familiar,
productivo y político-administrativo. Uno de los ponentes, profesor de
Administración articuló su propuesta de la Minga como Modelo gerencial. Al
conversar con uno de sus estudiantes, le pregunté cómo hacen en su educación
para conectar a las personas con la naturaleza. Su respuesta me sorprendió
profundamente:
“La conexión con la tierra
comienza desde antes de la concepción. Antes de concebirme, mi madre soñó con
un colibrí. Y cuando nací, mi madre sembró mi ombligo en el huerto, junto
a nuestra casa”.
La sesión culminó con un inspirador círculo en el que cada
asistente declaró cuál debiera ser un ingrediente para construir una educación
consciente que reconecte con la naturaleza, con la vida.
(transcribiré aquí cosecha del
cuaderno)
La segunda noche mágica nos
sorprendió con una obra de teatro presentada por una compañía familiar de una
eco-aldea. No recuerdo el título, creo recordar algo relacionado con el cuarto
sol de los mayas. La representación era
de una impactante belleza visual, reforzada por la simbólica presencia del
abuelo fuego al centro del aforo. Tras una impactante entrada de escenas que
mostraban la decadencia humana marcada por la violencia y el abuso, progresivas apariciones de elementos naturales
como el agua, el fuego, el planeta iban desnudando progresivamente a un hombre,
quitándole capas de vicio, gula, arrogancia, ignorancia y otros males.
Tras la obra de teatro, un grupo
musical Misak con su vestimenta tradicional –mallku gris, falda azul, bufanda,
bombín negro- preparó sus instrumentos – guitarra eléctrica, bajo, batería…- y
cuando comenzaron a tocar algo parecido a rancheras mexicanas, yo me sentí
abrumado por tanto eclecticismo. Ya me disponía a hacer mutis por el foro y
retirarme a mis aposentos, cuando sentí que una mano me agarraba de la muñeca
arrastrándome hasta la pista de baile. Así, casi sin darme cuenta, terminé
bailando el frenético ritmo de la carranga
campesina por primera vez con mi amiga Zulma. La cucharita, la gallinita..
El viernes por la mañana, el
panel se titulaba “Territorio y Procesos de Paz”. Esta vez don Hildebrando hizo
algo más que repartir el micrófono. Invocó a los ausentes, los caídos, los desaparecidos... Pidió un minuto de
silencio por los 43 estudiantes cruelmente asesinados en Ayotzinapa, México. Y declaró
unas palabras que aun retumban en mi pecho.
Aquí estamos los que cuidamos los páramos.
Aquí estamos los que cuidamos el agua de los ríos. Aquí estamos los que
cuidamos las nubes que nos regalan la lluvia. Aquí estamos los que cuidamos las
semillas… Ahó!
Esto fue solo una señal, un
anticipo de lo que sería una intensa, vibrante y profunda mañana de presencia
colectiva, de testimonios que tocan el corazón, de voces quebradas y ojos
brillantes. Creo que fue en ese momento
cuando tres músicos misak tocaron el tambor
y la quena. En silencio, de pie, sintiendo la música del llamado de la montaña,
yo ya no pude contener mi llanto. Como en un suspiro, brotaron en mi todos los
momentos en que había sentido en mi vida eso que llamaba sin saberlo, el
Llamado de la Montaña. Vinieron a mí recuerdos –algunos de ellos casi
olvidados- de las primeras montañas que subí en mi niñez con Gazte Makaldia, de
los primeros círculos de silencio por la paz allá en la plaza de mi barrio en
el País Vasco, del dolor, la rabia y el coraje despertados por la violencia, vinieron
a mí escenas los paisajes de la sierra Norte de Oaxaca en México y la comunidad
de Cuajimoloyas, del trabajo en Farellones y del cuidado del Santuario de YerbaLoca en Chile… y de pronto, al son de aquella quena y al latido de aquel
tambor, lo supe. El llamado de la Montaña es el llamado a trabajar por la Paz,
por la interculturalidad, por la sostenibilidad, la regeneración, la convivencia en armonía
entre humanos con toda forma de vida. El llamado de la montaña no es un llamado
que hacen los humanos, es un llamado que hace nuestra Madre Tierra, a
cuidarnos, a sanarnos, a reconciliarnos, a honrar y custodiar pasado, presente
y futuro.
A ese breve y profundo momento
musical siguieron los testimonios de algunos
líderes indígenas y mestizos que compartieron con emoción sus historias
de vida y lucha por la dignidad de sus pueblos, las mujeres, la defensa de las
semillas, de los derechos humanos. Gloria Cuadras –ex alcaldesa de Apartadó un pueblo que
sufrió una horrible masacre- nos hizo llorar a muchos con su relato,
especialmente cuando mencionó los dibujos de una niña testigo del
sufrimiento. Y finalmente Jorge Calero, que
apeló a la responsabilidad que tienen las eco-aldeas en contribuir a los
procesos de paz en Colombia.
Terminado el panel, nos fuimos a
sembrar árboles a una ladera en la orilla del río Piendamó. Allí coincidí con
Lina, de la Asociación de Egresados de Uniandes, a quien había conocido unos
días antes durante el taller Cocrealab de innovación colaborativa para la sostenibilidad organizado por el nodo glocal de Cali.
Por la tarde, después de un
frugal almuerzo, tuvimos la sesión del Consejo de Educación. En esta ocasión,
estábamos sentados en el tipi, con el fuego –abuelo fuego- al centro. Usamos el
método de pecera (fishbowl) para compartir historias de distintas iniciativas
de educación alternativa. Comenzó Jorge, compartiendo su experiencia con la
Universidad Gaia, que ofrece cursos virtuales de pre y posgrado en diseño
regenerativo de asentamientos sustentables.
Después tomaron la palabra la
fundadora y directora del Colegio Alas de Cali -inspirado en la pedagogía para la paz- y un académico de la Universidad del Valle que desde la InvestigaciónAcción Participativa, los trabajos de Orlando Fals Borda, Paulo Freire y otros, había
acompañado el surgimiento de la Misak Universidad durante décadas,
relacionándolo con el emerger de otras universidades indígenas en otros países
de América Latina.
Pero lo que marcó la diferencia
aquella tarde fue el testimonio de un abuelo, vestido enteramente de blanco,
con un gorrito blanco, proveniente de una comunidad Muiska, quien nos relató
detalladamente las enseñanzas de un mamo
de la Sierra Nevada de Santa Marta, acerca de su visión ancestral educativa de
cómo se transmite la cosmovisión a lo largo de todo el ciclo de vida, desde la
preconcepción, el nacimiento, los primeros pasos, las primeras palabras, la primera
menstruación, la primera relación sexual … hasta la muerte. “Así se
siembra la gente” repetía una y otra vez.
Cuando salimos del tipi, ya era
de noche. Habían pasado más de tres horas sentados, escuchando historias en
torno al fuego. Aunque como facilitador, nunca habría diseñado un espacio de
aprendizaje como aquel, me dejé sorprender por la presencia colectiva y la
profundidad de la escucha lograda.
La penúltima noche mágica tuvo
micrófono abierto de artistas invitados. Un gracioso malabarista italiano, un
cuentacuentos colombiano, un guitarrista corso, y el entrañable coro del
colegio Alas, que cantó dos emotivas canciones por la paz. Una joven misak estudiante
de trabajo social se me acercó entusiasta y me sorprendió al pedirme ser amigos
por Facebook.
El sábado era el día de la
acción, de la colaboración, de la Minga, organizada enteramente por los Misak.
Por la mañana nos despertaron al son de guitarras, flautas y tambores. Desayuno
rápido y partió la marcha ritual. La caracola primero, después los músicos y
las abuelas, y después todos los demás. Ojalá en dos filas, hombres a un lado,
mujeres al otro. Al igual que en otros rituales, las mujeres en su luna debían quedarse en el
campamento, con un círculo de mujeres especial para ellas. Caminamos en silencio los pocos kilómetros
que separaban el resguardo indígena de la plaza del pueblo de Silvia. Unas
cuadras más allá de la plaza nos esperaba la chiva –nombre local para camión de
sobrecargado transporte rural - que nos
llevaría al campo que íbamos a sembrar con alisos y pililén. Según la creencia local, los pililén sirven
para “sembrar agua”, pues contribuyen a preservar los pozos de agua
y humedales.
Aquí, una sincronía
significativa, mi único apellido vasco por parte de mi abuela paterna,
originario del Valle del Baztán, Alzugaray,
significa alisal alto, un bosque de alisos en lo alto. Nunca antes había
visto, tocado o plantado un aliso. Y tuve que venir hasta acá, al corazón del
territorio Misak, en las montañas de Guambia, para plantar mi primer aliso y
reconectarme con el origen de mi apellido, con mis raíces familiares.
Precisamente, ese día tomé
contacto con varios españoles. Un chico de Santander, otro de Valencia, una
catalana, uno medio andaluz. Mientras íbamos plantando los alisos y pililenes,
ya bastante sucios por el barro, comenzó un tremendo aguacero. Ante el inmenso
chaparrón, no nos quedó otra alternativa que guarecernos bajo unos árboles y
esperar durante alrededor de una hora hasta que escampara. Una vez que cesó la
intensidad de la lluvia, pudimos salir de nuestro improvisado refugio y empezar
una cadena humana de unos dos kilómetros para transportar los arbolitos hasta
su lugar de siembra. Al final de la minga logramos transportar y sembrar mil
setecientos arbolitos. Sin duda, fue
emocionante e inspirador sentir el poder de la acción con intención
regenerativa, la capacidad de la comunidad de colaborar con entusiasmo,
superando alegremente el barro, la lluvia y el cansancio en aquella minga.
De regreso al refugio, nos
esperaba una rica y reponedora sancocha, una sopita con carne, para que
volviera el alma al cuerpo, y recuperarse del frío húmedo y el cansancio.
Cuando ya estaba por fin sentado en una piedra con mi plato humeante sobre las
piernas y la boca abierta para saborear la segunda cucharada, una voz desde
lejos pidió ocho hombres fuertes para ayudar a mover una ambulancia en apuros
que había quedado atrapada en el barro. Allí
quedó la sopa. Y partí raudo al servicio. Nos juntamos varios hombres, y
finalmente resultó que había que caminar varios kilómetros hasta llegar a la
ambulancia. Más de una hora después, al volver, mi sopita ya estaba fría, así que me sirvieron un nuevo
plato de sopa caliente y lo degusté con fruición.
La última noche hubo varios
grupos musicales, incluida la infaltable carranga y otros bailes Misak. Pero la
banda que se llevó más aplausos fue una banda denominada Campo y Sabor. Cada
una de sus canciones, entrelazadas con un castizo sentido del humor y consignas
por la soberanía alimentaria, estaba
dedicada a un vegetal, planta, semilla o fruta. Así, cantaron, y sobre todo,
bailamos al son del mango, la guayaba, el lulo, la naranjilla, la papa, el
café, el cilantro, el aguacate…
A la mañana siguiente, desperté
temprano para ayudar a preparar los murales de la evaluación, en los que
diseñamos unas preguntas en español y en lengua misak, para que los
participantes volcaran sus observaciones (ver), emociones (sentir), sugerencias
(pensar), compromisos de acción (actuar). Ver sentir, pensar y actuar son las cuatro dimensiones de la existencia, según el pensamiento Misak.
La última mañana fue bella.
Amaneció un cielo radiante, como si las montañas se hubieran puesto su mejor
ropaje para honrar nuestra despedida. Danzamos tres danzas de la paz que aún
reverberan en mi recuerdo. Ayun Mapu,Newen Mapu–en mapudungun, Amor a la tierra, y Fuerza a la tierra, para agradecer al territorio Misak por su
buena acogida. Después danzamos al son de “Fuerzas de la paz” -inspirado en una
canción popular rusa- para desear la paz en Colombia y toda la tierra. Y para
terminar, “Inlakech, alaken” saludo maya que significa Yo soy tu, tú eres yo,
celebrando los lazos de aquella naciente comunidad humana. Terminó con una
veloz y alegre ronda donde todos, incluidas abuelas, niños, jóvenes y adultos cantamos,
reímos, corrimos y gozamos.
Al mediodía comenzó la instancia
de cosecha, donde cada consejo compartió sus reflexiones, aprendizajes y
compromisos. Y se celebró con una
hermosa y sencilla ceremonia de cierre, agradecimiento y despedida.
Ya en el furgón de regreso,
reíamos con Oscar, Zulma, Rowan y sus niñas, recordando mi primera granadilla,
saboreando mi primer mango –sí, de esos que te dejan hilos entre los dientes-,
mi primera carranga, mi primer aborrajado… en fin, dicen que la primera vez
nunca se olvida.
Mientras facilitaba una jornada institucional sobre políticas públicas para el desarrollo cultural local, la directora de una importante fundación explicó que su aproximación conceptual a la pobreza era multidimensional y se fundamentaba en las categorías existenciales del Tener, Ser, Hacer y Estar. Si bien no lo explicitaba en su discurso, este es el enfoque del economista chileno Manfred Max-Neef con su mirada de necesidades humanas fundamentales propuestas en su libro Desarrolllo a Escala Humana, escrito con la colaboración del sociólogo Antonio Elizalde y de Martin Hopenhayn. Su propuesta plantea abordar las necesidades humanas (ocio, creatividad, participación, identidad, afecto, protección, libertad, entendimiento, trascendencia y subsistencia) como universales. Lo que varía en distintas civilizaciones y momentos históricos son los "satisfactores" o construcciones culturales que usamos para satisfacerlas. En contraposición a la pirámide del psicólogo humanista Abraham Maslow que condena a los pobres a una vida sin sentido, Max-Neef defiende que no existe jerarquías entre ellas. Desde su perspectiva, cualquier insatisfacción en una de esas necesidades, genera un tipo distinto de pobreza: pobreza de afecto, pobreza de participación, pobreza de creatividad...
El mismo día, vinieron unos consultores, sociólogos expertos en evaluación de políticas sociales que compartieron unas nociones fundamentales sobre la cadena de valor público y la importancia de medir incluso aquello que parecería inmensurable. Ponían como ejemplo los esfuerzos de Naciones Unidas para medir la felicidad de los países en el Primer Reporte Global de la Felicidad publicado por el Earth Institute de la Universidad de Columbia, así como el Happy Planet Index de New Economics Foundation, que cruza indicadores de felicidad con la huella ecológica. Mostraban también el ejemplo de cómo instrumentos como la Ficha de Protección Social pueden servir para filtrar diversos beneficiarios en condiciones de mayor vulnerabilidad. Se señalaba, además, cómo la Política Cultural Chilena 2011-2016 había optado por enfatizar los indicadores de Consumo Cultural para medir el impacto de sus acciones para el desarrollo cultural local.
En otro momento de la jornada, al hacer una revisión de las acciones para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, emergió la reflexión de que la mayoría de los Tesoros Humanos Vivos, depositarios del valioso pero invaluable partrimonio intangible, viven en condiciones de vulnerabilidad, apareciendo ante las instituciones oficiales, como personas en situación de pobreza....
Pobreza material pensé par mis adentros. Riqueza inmaterial, sonó el eco en mi mente. Qué hermosa paradoja. Tremenda riqueza que habita en nuestra pobreza. "Oh, pobreza, fuente de riqueza..." Reza un canto de la comunidad ecuménica de Taizé.
¿Qué pasará por la cabeza y corazón de estos verdaderos Tesoros Humanos Vivos o cualquier poblador o artesano local cuando llega un joven profesional con su título recién lustrado de quién sabe qué universidad y se presenta en nombre de una fundación que dice superar la Pobreza? En otra vuelta de tuerca de la hermenéutica ..¿Qué aparecerá en las encuestas cuando le pregunten a ese cantor a lo divino de Cuncumén, a esa tejedora huilliche, a las alfareras de Pilén, sobre su Consumo Cultural? ¿Cuándo fué la última vez que fue al cine, que compró un libro, que compró un disco, que fue a un museo? Posiblemente, poco consumo cultural, escaso acceso a bienes culturales... claro signo de pobreza cultural... en aquellos que en sí constituyen una tremenda riqueza cultural.
Pareciera ser que las instituciones del Estado y ONGS que trabajan en para el desarrollo cultural local, abriendo espacios participativos de co-creación, de acceso a oportunidades culturales, de mediación cultural, de formación de audiencias... precisan de nuevos lenguajes, de otros enfoques.. que les permitan re-conocer, re-cordar, legitimar, validar, activar, visibilizar, conectar ... todo ese tremendo patrimonio cultural intangible que permanece latente, tal vez dormido pero no olvidado, esperando que lo despierten... como aquel arpa de Gustavo Adolfo Becquer:
Del salón en el ángulo
oscuro,
de su dueño tal vez
olvidada,
silenciosa y cubierta
de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en
sus cuerdas,
como el pájaro duerme
en las ramas,
esperando la mano de
nieve,
que sabe arrancarlas!
¡Ay, -pensé-, cuántas
veces el genio
así duerme en el fondo
del alma
y una voz, como
Lázaro, espera
que le diga: "Levántate
y anda"!
En esa búsqueda están mis amigos dedicados al Desarrollo Cultural Local (Servicio País Cultura, Red Cultura, Cultura Local ).
Tal vez bastaría con un enfoque más apreciativo...¿y si las fundaciones que buscan superar la pobreza se propusieran activar, reconocer y visibilizar la riqueza inmaterial? ¿qué es necesario medir que no estamos midiendo? ¿cómo alinear las políticas culturales con los indicadores que las miden? ¿es lo que medimos lo que verdaderamente queremos y necesitamos? En fin... bonitos desafíos, en los que he podido ser un testigo privilegiado gracias a la facilitación.
Nuevamente, un invierno más se va, se cierra un ciclo y comienza otro. Es por tanto, un buen momento para volver la vista atrás, y conectar los puntos, descubriendo el sentido que conecta la cadena de acontecimientos que cobran viva a través de nosotros.
Durante este invierno terminamos dos bonitos proyectos de Glocalminds. Uno consistía en apoyar el impulso necesario para la certificación ambiental de escuelas municipales de Recoleta. Otro buscaba fortalecer la formación experiencial por medio de metodologías participativas de los agentes de desarrollo cultural local en el marco del Programa Servicio País Cultura del Consejo de la Cultura y de las Artes. Revisando la agenda de los últimos dos meses, me encuentro con estos hitos destacables:
Me reencontré con Paul Duba, experto estadounidense en aprendizaje experiencial de Outward Bound, que vino para facilitar unos talleres sobre liderazgo colaborativo.
Puse en contacto al experto en Innovación Pública Abierta Marcelo Lasagna con el HUB Santiago, para que compartiera su conocimiento con la comunidad del Hub.
Conocí al consultor brasileño Marcello Lacroix de Engenheria de Gente, con quien acudimos a una conferencia de Julio Olalla de Newfield. Después me acompañó a impartir una sesión sobre empatía para estudiantes del Laboratorio de Innovación Social de la UC. Con ellos comentamos el video de Jeremy Rifkin sobre la Civilización Empática y exploramos lo que plantean autores como Daniel Goleman, Otto Scharmer y Bill Drayton sobre la relación entre empatía y emprendimiento social.
Ayudé al Laboratorio de innovación social de la UC a trazar las primeras lineas de lo que será la Academia de Changemakers para América Latina.
Asistí a la conferencia sobre liderazgo que ofreció el Director de Orquesta Benjamin Zander, que planteaba que la medida del liderazgo es cuantos ojos brillantes inspira a su alrededor.
Asistí al Encuentro Internacional de Acción RSE con el lema Ver para Creer. Un Chile inclusivo es posible.Admiro la valentía que tuvieron los organizadores de invitar a la palestra y escuchar a los líderes de los movimientos sociales como Giorgio Jackson (estudiantes), Rolando Jimenez (Movilh), Ivan Fuentes de Aysen, entre otros dirigentes.
Conversé con Nicolás Arroyo, el primer Kaospilot Chileno y exploramos posibilidades de colaboración futuras.
Participé en el segundo módulo del Team Mastery Brasil en Aguas de Sao Pedro, formándome como coach de equipos emprendedores según las metodologías de Team Academy.
Desde el Centro de Innovación en Educación de la Fundación Chile, donde coordino el Diplomado en Prácticas Directivas para un Liderazgo Pedagógico de Calidad, terminó la primera versión con una emotiva ceremonia y comenzó la segunda version, con la presencia de los expertos Mario Uribe y Joseph Flessa, que vino desde el OISE de Toronto.
Con la familia, hemos vivido ricos momentos en la Hostería El Copihue de Olmué, reímos con los cuentacuentos en Café Literario de Bustamante , disfrutamos de las obras de teatro infantil en la Biblioteca de Santiago, los títeres en el Teatro Municipal de Ñuñoa y Parque Bicentenario de la Infancia, y la naturaleza del Bosque Santiago y el Parque Forestal.
Para los próximos meses, en esta última recta de final de año, vienen las siguientes aventuras:
Talleres regionales de liderazgo y redes colaborativas con las Escuelas artísticas con la Fundación Chile y el programa Núcleo del Consejo de la Cultura, en Copiapó, Puerto Varas y Valparaíso.
Como en aquella canción de Joan Manuel Serrat, puedo decir que ayer fue un gran día.
Por la mañana, en la Biblioteca de Corfo, facilité la segunda Jornada intersectorial de reflexión y articulación del Ecosistema de Innovación Social, convocada por el Laboratorio de Innovación Social de la Universidad Católica. Participaron una veintena de invitados. Durante la jornada, tras una introducción, se presentaron las iniciativas de FOSIS, de SistemaB, CIESCOOP y la Comunidad de Organizaciones Solidarias. Después de un break, realizamos un mapeo colectivo de los roles presentes en el ecosistema, construimos una primera aproximación al escenario ideal deseado para el ecosistema y terminamos proponiendo un conjunto de pasos concretos y específicos que irán marcando la agenda del ecosistema. El flujo de la sesión estuvo inspirado en el proceso U propuesto por Otto Scharmer.
Después del taller. y antes de llegar a casa a jugar con los niños, tuve una reunión con el equipo de Travolution, para impulsar un atractivo proyecto de turismo comunitario.
Fue un gran día, porque siento que se alinearon mágicamente esos círculos en que se intersectan lo que amas, con lo que haces bien, lo que el mundo necesita y lo que te permite sostener a la familia. Fue uno de esos inspiradores en que lo que soy deviene naturalmente en lo que quiero llegar a ser.
Esa sencilla pregunta me obligó a revisar mentalmente todo lo que estoy haciendo en este mes de junio y ponerlo por escrito, porque creo que ayuda a encontrarle el sentido a tanto viaje y tanto proyecto.
En el ámbito de la Educación para la Sostenibilidad, desde Glocalminds estamos implementando un bonito proyecto de de fortalecimiento y acompañamiento de lideres para la certificación de la educación ambiental en 18 colegios municipales en Recoleta. Continúo co-facilitando un Diplomado en Coaching organizacional para la sostenibilidad con Out of The Box. La próxima semana impartiré un taller de Sostenibilidad para el curso avanzado de Accion RSE, y en agosto y octubre impartiré unas sesiones sobre la dimensión social de la Sostenibilidad en la USS.
En el ámbito del Liderazgo en Educación, desde el año pasado, estoy coordinando un Diplomado en Liderazgo pedagógico del Centro de Innovación en Educación de la Fundación Chile con directivos de escuelas municipales de Tocopilla y Antofagasta, allá donde el Desierto de Atacama se une con el Oceáno Pacífico. Durante mayo y junio, estoy impartiendo un módulo sobre Liderazgo y Cambio Organizacional en el Magister en Dirección y Liderazgo en Educación en Educación en la UNAB.
También me han llegado algunos casos de Formación Intercultural con Crown Relocations para la empresa australiana de ingeniería J.K. Tech.
Este otoño del 2012 ha sido más movido de lo esperado. Durante las últimos dos meses de abril y mayo, he estado viajando entre Santiago, Antofagasta, Copiapó, Mantagua, Marbella y Valparaíso.
En Marbella, trabajé como facilitador visual en un taller de Refinery Leadership para una empresa canadiense, donde conocí al consultor colombiano Manuel Manga, fundador del Centro para el Liderazgo Evolutivo.
El programa Servicio País Cultura, me llevó a faciiltar talleres de formación de facilitadores para el desarrollo cultural local en Valparaíso, y Copiapó, en la Región de Atacama.
Las próximas semanas vendrán marcadas por el viaje a Jyväskylä, Finlandia, para formarme con Tiimi Acatemia, el módulo de Liderazgo y Cambio que impartiré en el Master en Dirección y Liderazgo Educativo de la UNAB, y las sesiones que facilitaré sobre la dimensión social de la Sostenibilidad en la USS con AcciónRSE.
Otro hito del verano fue la sesión intercultural que co-facilitamos con Elena Mansur para orientar a los emprendedores extranjeros del programa StarUpChile en su proceso de adaptación a la cultura de negocios chilena.
Debido a la celebración del Congreso Regional de AIESEC Alumni, pude conocer a Marcelo Baudino de Iceberg Cultural Intelligence. Nuestra reunión tuvo lugar en el Café Literario del Parque Bustamante, mientras a nuestro alrededor los estudiantes secundarios huían de los gases lacrimógenos arrojados por carabineros durante la primera marcha del año.
Mi pasión es entrelazar mundos, hacer malabares con todas las esferas de la vida, aprender, desaprender y emprender en esta alquimia que nos transforma por dentro y por fuera, caminar con mi familia en la naturaleza, bailar salsa, contar cuentos, viajar, conversar y facilitar conversaciones con sentido, conectar la cabeza con el corazón, la lógica con la intuición, la imagen con la palabra. Y sí, a veces, escribo poesía.