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miércoles, 1 de febrero de 2023

¿Qué canciones elegirías para tu funeral?

 A raíz de algo que sucedió durante el entierro de una tía de mi esposa, me decidí a escribir este post.

Resultó que en el momento de mayor solemnidad de la ceremonia, justo cuando el féretro iba descendiendo lentamente hacia su sepultura, comenzaron a sonar los acordes de la canción "Flaca" de Andrés Calamaro.

La incomodidad reinó entre muchos de los asistentes. 

En efecto, generaba cierta disonancia cognitiva entre quienes la habían conocido en vida. Los más bien pensados, prefirieron suponer que tal vez era una canción significativa para la pareja, y que tal vez había sido su última voluntad, o un deseo del ahora devastado viudo.

Durante el regreso a casa en el auto, pensando en cómo evitar que algo así sucediera en nuestros respectivas despedidas, nos vinimos conversando sobre qué canciones  elegiríamos para nuestros rituales. Le sugerí hasta que preparara un cronograma para que pudiera controlar en detalle hasta el último minuto de la ceremonia.

Si bien ambos preferimos que nos incineren, ella tenía clara su canción: "Mariposas" de Silvio Rodríguez

 

Yo me he demorado unas dos semanas más y como no podía elegir solo una canción, he comenzado a recopilar esta playlist de canciones significativas que representan hilos, tonos y sentidos sutiles que quisiera fueran escuchados en ese momento postrero. 

 

Y aunque no la encontré en Spotify, sumaría la canción de "Ama y Ensancha el Alma" en la versión cantada por el Coro CEIP La Latina

viernes, 13 de marzo de 2020

Mariano Puga


¿Cómo olvidar tus sandalias
tu viejo acordeón,
aquel gorro de lana
y la estola andina
sobre la blanca sotana?

¿Cómo olvidar aquella misa
en que nos invitaste
a bailar la Palabra
en una liturgia nunca antes vista?

¿Cómo no conmoverme
por tu testimonio de vida,
por la radicalidad
de tu amor por la Palabra?


¿Cómo no inspirarme 
con tu legado de humanidad
y profunda esperanza
en La Legua, en Chiloé,
en Villa Francia
y Pudahuel?

¿Cómo no recordarte
cantando con fuerza
en cada viacrucis
de Villa Grimaldi?

Profeta y pastor
en teología, doctor,
cura y obrero
activista y defensor
de los derechos humanos,
pobre entre los pobres,
hombre entre los hombres.

Amigo cercano
del Cristo torturado
y también del resucitado.

Signo de luz
en una Iglesia marchita
en un pueblo herido
en un mundo sin fe.

¿Cómo no abrir los ojos
ante las historias
que cuentan de ti
quienes te conocieron,
ante la huella que dejaste
en cada parroquia,
en cada población
que habitaste?

 ¿Cómo trabajar,
como en tu carta,
para convertir
cada plaza en una fiesta?

¿Cómo hacer de este país
y de este mundo
un gran baile
en que nadie sobre,
y menos el más pobre?

¿Qué pasos dar
para que este despertar
no muera munca más?


Mural pintado por la comunidad de La Legua, con la guía de Mico Dibujante, en memoria de Mariano Puga

miércoles, 8 de enero de 2020

Ulises y Jesús



Dos hombres atados a un madero.
Dos reyes sin trono ni corona.
Un héroe y un antihéroe.
Un mástil y una cruz.
Vertical y horizontal.

Ambos adultos, jóvenes,
barbudos y de pelo largo.
la piel curtida por el Sol
del Mediterráneo.

Ambos fueron tentados.
Uno en el mar. El otro en el desierto.
Ambos en un retorno a casa.
Uno en retorno a la Casa del Padre.
Otro de regreso a Ítaca,
para volver junto a Penélope y Telémaco.

Uno acepta la voluntad del Padre,
traicionado, entregado, fracasado,
 juzgado sin debido proceso
condenado por la indiferencia
latigado, castigado, derrotado
sacrificado como un cordero
cuelga exhausto, cabizbajo
sufriente de sendos clavos
que atraviesan sus manos.
Víctima de la tortura
y la represión del Imperio opresor.

El otro, pide a su leal tripulación
de oídos con cera tapados,
ser atado a su mástil,
para no caer en la tentación
para evitar dejarse llevar
por el seductor encanto
de las hermosas sirenas
y su misterioso canto,
al que otros cedieron.
Tenso, con los dientes apretados,
los puños apretados,
el pecho apretado,
Diría que hasta excitado,
la piel doblemente salada
salpicado de sudor y mar.
Los cabos marcados
en las muñecas, 
tobillos, caderas y brazos.

martes, 14 de junio de 2016

Management y Espiritualidad: ¿un oxímoron?

De la revista RH Management me pidieron hace un tiempo escribir sobre esta temática. Acepté ingenuamente el desafío. Sólo al escribir al título me di cuenta del oxímoron.

En los últimos años se ha vuelto un patrón común encontrar profesionales que, tras un quiebre de sentido en sus ascendentes carreras, a sus cuarenta o cincuenta años, han decidido dar un paso al lado del mundo corporativo y han elegido un camino independiente, como consultores, coaches o emprendedores. Como si de un movimiento silencioso de objeción colectiva de conciencia se tratase, es frecuente escuchar en sus historias de vida, relatos de tensiones y conflictos entre las exigencias de rentabilidad del directorio y sus valores personales. Esto nos lleva inevitablemente a preguntarnos: ¿en qué momento la racionalidad de la gestión se desacopló de la sabiduría de la conciencia?

Durante los últimos dos milenios de la civilización occidental, las religiones institucionalizadas han ostentado el monopolio de la espiritualidad. Durante los últimos siglos, hemos vivido bajo un pacto tácito de no agresión entre ciencia y teología que ha impregnado las lógicas de la empresa y la academia. Desde el nacimiento de la gestión como ciencia, la racionalidad cartesiana ha permeado el mundo corporativo, inhibiendo la expresión de aspectos más sutiles de la existencia humana.

Sin embargo, en los últimos años hemos sido testigos de una incipiente apertura –tímida aún- a incorporar una dimensión transcendente en el ámbito empresarial. Me refiero a algo más allá de tener una capilla ecuménica en el edificio corporativo o respetar los feriados religiosos. Comienzan a verse con cierta frecuencia talleres de mindfulness para ejecutivos, ejercicios de respiración consciente para el personal de servicio al cliente, sesiones de meditación guiada para centrar a equipos de ventas y profesionales que van con su mat de yoga a la oficina. 

Los cuadrantes del marco Integral de Ken Wilber,  los colores de la dinámica espiral de niveles de conciencia de Don Beck, y la evaluación de Valores de Barrett son ya lugares comunes entre consultores. Aparecen iniciativas por un Capitalismo Consciente, Empresas B con propósito, portales de “Pegas con Sentido”. Esta tendencia parece ir más allá de las modas new age y se está instalando entre nosotros.

Numerosos autores de diversas corrientes y disciplinas dan fundamento teórico a estas prácticas emergentes. Laloux denomina organizaciones turquesa (teal) a las que se centran en un propósito evolutivo, y se auto-organizan integrando la totalidad del ser en su trabajo. Tony Buzan, Robert Emmons, Dan Millman y Dana Zohar han escrito libros sobre Inteligencia Espiritual. Pensadores respetados de la Sostenibilidad como John Ehrenfeld y Chris Laszlo prefieren referirse ahora al Florecimiento. Harrison Owen escribió “El Espíritu del Liderazgo”. Otto Scharmer del M.I.T. nos invita a pasar del Ego al Eco con su Teoría U… En Chile, Cristian Figueroa de Tejeredes, inspirado por el pensamiento del académico de la USACH Osvaldo García, nos invita a pasar del Ego al Eros para activar la colaboración en la empresa. La antropóloga Patricia May propone evolucionar de la Cultura del Ego a la Cultura del Alma. El neurobiólogo Francisco Varela fue un pionero en la ciencia de la conciencia... Y podríamos nombrar muchos más autores que pueblan las librerías con un nuevo género literario entre la autoayuda y el management.


No obstante, dado que en muchas tradiciones se da un apego al ritual, existe aún cierta resistencia a dar cabida a expresiones de lo espiritual en el trabajo, y se les juzga como algo “esotérico” o “hippie”. Por ello, sugiero algunas prácticas muy sencillas:
  •           Prediquemos menos y practiquemos más.
  •          Otorguemos a palabras comunes como Misión, Valores, Liderazgo, Responsabilidad, Servicio, Comunidad, un significado más profundo accionándolas desde un sentido trascendente
  •           Sentémonos en círculo  y usemos un objeto para regular el turno de palabra
  •           Ejerzamos un liderazgo menos arrogante, más consciente, humilde y servicial.
  •           Pongámonos al servicio de un propósito superior
  •           Antes de cada reunión, tomemos una respiración consciente, y preguntémonos:
  • quién soy yo? ¿para qué estoy aquí?
  •       uando nos sintamos descentrados, hagamos una pausa, respiremos y preguntémonos: ¿qué estoy haciendo? ¿qué es lo importante?
  •       Escuchemos en profundidad a los diversos actores afectados por nuestro negocio y dejémonos transformar en esos encuentros con el otro
  •          Encarnemos en cada decisión los principios de la ética del cuidado de uno mismo, del  otro y del planeta
  •           Incorporemos prácticas conversacionales que liberen la sabiduría colectiva en lugar de inhibirla
  •           Prestemos tanta importancia al para qué y el desde dónde como al qué y al cómo

jueves, 1 de enero de 2015

El sentido sagrado del trabajo

La semana pasada, mientras se presentaba la nueva propuesta de Ley que Moderniza el Sistema de Relaciones Laborales en Chile, en una conversación sobre innovación social con un amigo, surgió este diálogo:

- ¿Qué es eso de los Lab? ¿Por qué se ha puesto de moda esto de los Lab? MediaLab, Fab-Lab, CoLab, HibridaLab, ParticipaLab, SociaLab, InnovaLab...
- Lab viene de Laboratorio, una metáfora de un espacio para experimentar, explorar, investigar, aprender y emprender.
- ¿Por qué será que a Lab-oratorio le han quitado el Oratorio?
- ¿Será que estamos perdiendo el sentido sagrado del trabajo?



Eso me llevó a indagar en distintas fuentes sobre la evolución del sentido sagrado del trabajo desde sus orígenes hasta la actualidad y compartirlas aquí con los lectores.

En la antigua tradición judeo-cristiana aparece el trabajo como una consecuencia -mandato para algunos, castigo divino para otros- del pecado original. 

"Ganarás el pan con el sudor de tu frente, 
hasta que vuelvas a la misma tierra de la que fuiste sacado"

Si dejamos que la etimología nos devele el origen del significado de la palabra trabajo, descubriremos que viene de tripalium, que era una herramienta de tres palos usada para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos. Era usado también como instrumento de tortura para esclavos o reos. De ahí, tripaliare, significa "torturar", "atormentar", "causar dolor". De aquellas palabras derivaron "travail" en francés, e incluso "travel" en inglés.

El hecho de dejar de trabajar, la jubilación, proviene de júbilo (iubilum, jubilare), la alegría de no tener que trabajar más.

Durante la Edad Media, la expresión latina "Ora et Labora" -Reza y Trabaja- llegó a expresar la vocación de la vida monástica Benedictina. El capítulo 48 de la Regla de San Benito decía "La ociosidad es enemiga del alma.  Los hermanos deberían participar en unos momentos concretos en el trabajo manual y en otros momentos en la lectura de la palabra de Dios". Esa dignidad dada al trabajo manual era revolucionaria, dada la concepción degradante que se atribuía al trabajo físico en aquella época de San Benito, dejándolo solo para los siervos y clases bajas.

Según relatan distintos autores (Stiglich, Gebelein, Arribas) que han estudiado la hermética tradición de la Alquimia, los antiguos alquimistas tenían su Oratorio y su Laboratorio, a uno y otro lado de su Escritorio, representados en este dibujo:


"Amphitheatrum sapientiae aeternae - Alchemist's Laboratory" by Hans Vredeman de Vries - http://www.library.wisc.edu/libraries/SpecialCollections/khunrath/labbig.html. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Amphitheatrum_sapientiae_aeternae_- _Alchemist%27s_Laboratory.jpg#mediaviewer/File:Amphitheatrum_sapientiae_aeternae_-_Alchemist%27s_Laboratory.jpg


Ante la aparición del protestantismo, Max Weber en su obra "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", plantea que al orientarse el trabajo a la obtención de un beneficio mundano, se sientan las bases del capitalismo. El orden moderno se transforma en una jaula de hierro. Aun así, el trabajo no era un fin en sí mismo, sino un "sacrificio" en aras de la salvación. Así se forma un hombre austero y ascético, que hace del trabajo la razón de su vida. Sacrificio, oficio sagrado. El fin de su existencia es generar riqueza, no para su beneficio sino para asegurarse la vida eterna. Según este criterio,

"la riqueza es reprobable sólo cuando incita a la pereza corrompida y al goce sensual de la vida; el deseo de enriquecerse sólo es malo cuando tiene por fin asegurarse una vida despreocupada y cómoda y el goce de todos los placeres; pero, como ejercicio del deber profesional, no sólo es éticamente lícito, sino constituye un precepto obligatorio".


Marx en "El Capital" conceptualiza el trabajo como la actividad por la que el hombre transforma la realidad para satisfacer sus necesidades físicas o espirituales. El tema central de su filosofía es la erradicación del trabajo sin entido, alienado, enajenado, hacia un trabajo enriquecedor, un trabajo libre. 
"El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de su fuerzas a su propia disciplina."

La respuesta de la Iglesia Católica ante el movimiento obrero derivado de la revolución industrial se hace explícita en la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII, sentando las bases de lo que comenzaría a fraguarse como la Doctrina Social de la Iglesia.

Ya en el siglo XX, San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del OPUS DEI, propone que el trabajo es una herramienta de santificación, siendo allí -y no solo en el templo- donde los cristianos se hacen santos. Se logra así reinterpretar el Génesis: Mientras Dios descansa el séptimo día, el hombre completa la obra creadora mediante el trabajo, que ya no será un castigo, sino una encomienda divina. Esta idea será recogida en el Concilio Vaticano II.(Cristian Salv.) y en la posterior encíclica Laborem Exercens, que consolida la conceptualización del Trabajo en la doctrina social de la Iglesia como derecho, como ofrenda, como deber, como santificación, como redención. Buttiglione, reforzando la vocación natural humana por el trabajo, señala: 

“El hombre está llamado al trabajo porque mediante el trabajo cuida a la persona, la propia y la ajena , y ejerce su responsabilidad respecto a ella. Nadie puede cumplir su vocación propiamente humana sino mediante el trabajo"
En la tradición japonesa, el significado de kaizen, generalmente traducido en el mundo del trabajo como "mejora continua" o "búsqueda de la excelencia", proviene de
  • 改 (kai en japonés, gǎi en chino) significa ‘cambio’ o ‘la acción de enmendar’.
  • 善 (zen en japonés, shàn en chino) significa ‘bueno’ o ‘beneficioso’

¿Y si la invitación del kaizen -tan usado en los sistemas de gestión de calidad total- fuera en realidad una invitación a cambiar para ser más buenos cada día? ¿No es eso la búsqueda de la santidad, la santificación?

En hebreo, avodah,  עבודה,  se usaba para referirse al "trabajo"o "servicio", especialmente el servicio prestado por los levitas en el Templo. Por su parte, en el mundo anglosajón, se asocia la raíz de la palabra work (trabajo) con worship (culto, adoración) y worth (valor), tal como lo sintetiza gráficamente este video de la red "Work as worship".



Nietzsche en 1871 en su "Prólogo a un libro que no se ha escrito" del Estado Griego realiza una crítica al concepto de "dignidad del trabajo" heredado de los griegos, y lo relaciona necesariamente a la dignidad de la vida humana

"Para que el trabajo pudiera ostentar legítimamente este carácter sagrado, sería ante todo necesario que la vida misma,de cuyo sostenimiento es un penoso medio, tuviera alguna mayor dignidady algún valor más que el que las religiones y las graves filosofías le atribuyen. ¿Y qué hemos de ver nosotros en la necesidad del trabajo de tantos millones de hombres,  sino el instinto de conservar la existencia, el mismo instinto omnipotente por el cual algunas plantas raquíticas quieren afianzar sus raíces en un suelo roquizo?
Esta idea de la dignificación por medio del trabajo tiene dos lecturas El trabajo visto como un servicio a la sociedad, confiere un sentido de propósito a aquella actividad que ocupa la mayor parte del tiempo del hombre. Sin embargo, en algunos casos, puede aprovecharse este discurso para sostener esquemas de explotación. Nietzsche sostenía que la idea dignificante del trabajo era una invención de las clases griegas acomodadas para contentar y tranquilizar a sus esclavos, quienes encontrarían en esa ilusión un bálsamo para tolerar su situación. Una imagen que también evocaba aquel letrero "Arbeit macht frei" -el Trabajo Libera- en la entrada de los campos de concentración nazi.


«Auschwitz-Work Set Free». Publicado bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Auschwitz-Work_Set_Free.jpg#mediaviewer/File:Auschwitz-Work_Set_Free.jpg.

Marshall Berman en su libro "Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la Modernidad" nos recuerda aquella frase del Manifiesto de Karl Marx: "Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas". Berman usa la metáfora de la "Pérdida de la Aureola" proveniente de un poema de Baudelaire para referirse a la desacralización del trabajo intelectual de "aquellas profesiones que hasta entonces se tenían venerables y dignas de piadoso respeto -médico, jurisconsulto, sacerdote, el poeta, el sabio- que creen tener poder para vivir en un plano más alto que las personas corrientes, que resultan ser casi los únicos modernos que creen ser llamados a sus vocaciones y que su trabajo es sagrado" , llevando a la proletarización de los trabajadores intelectuales asalariados, que terminan vendiendo su fuerza de trabajo al servicio del capital.

Recientemente, la artista chilena Ana Tijoux ha desempolvado aquella frase, transformándola en el título de un video-clip animado, que nos recuerda el carácter auto-destructivo del capitalismo moderno.


El filósofo coreano afincado en Alemania Byung-Chul Han denuncia que la violencia inmanente del sistema neoliberal, que ha logrado que el hombre moderno se convierta en su propio explotador, lanzado a la búsqueda del éxito. Han denuncia que “el esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento”. Y lo ha hecho a cambio de un modo de vida escasamente interesante, “la mera vida, frente a la vida buena”, dice, casi pura supervivencia. A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad. Pero lo más llamativo es que el propio amo ha renunciado también a la libertad al convertirse en explotador de sí mismo. Ha interiorizado la represión y se ve abocado al cansancio y la depresión. Pero el cansancio y la depresión no se pueden interpretar como alienación, en el sentido tradicional marxista:

“Solo la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En el neoliberalismo desaparece la coerción externa, la explotación ajena. En el neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal. Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del cansancio como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación”.

Han plantea que el hombre se ha convertido en un animal laborans, “verdugo y víctima de sí mismo”, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso, el cansancio, el agotamiento, el aburrimiento, la agonía del Eros.

Para terminar con esta recapitulación caleidoscópica de miradas en torno a las relaciones entre lo sagrado y el trabajo, sugiero leer Economía Sagrada de Charles Eisenstein, donde plantea que gran parte de lo que más valoramos en esta vida - y que además nos hace más felices-, nos viene dado en forma gratuita: el amor, la amistad, el cariño, la vida, la naturaleza... y enfatiza la importancia de la economía del don -gift economy-, del regalo, del poder multiplicador de los rituales de generosidad y gratitud.



Cada historia tiene distintas versiones. Lo que marca la diferencia es la versión que creemos, la versión que contamos, la versión que vivimos. Hay muchas formas de entender el trabajo. Unos creen que solo pican piedras y otros se enorgullecen de construir catedrales. Si, como dicen, estamos hechos de historias, ¿qué historia nos contamos diariamente sobre el sentido de nuestro trabajo? ¿qué posibilidades se abrirían si exploráramos un sentido trascendente de lo cotidiano? Aquellos que vivimos de nuestro conocimiento, ¿qué creencias tenemos respecto al trabajo manual? ¿qué nos impulsa cada día a levantarnos para trabajar?