jueves, 1 de septiembre de 2022

Las brasas y el fuego



Dicen que donde hubo fuego,

grises cenizas quedan,

pero bajo estas canas

no es ceniza lo que queda,

sino unas ardientes brasas.

 

¿Quién podría imaginar

que a los cuarenta años de edad

vendría un viento a soplar

lo que queda de mis ascuas?

 

¿Quién podría imaginar

la pulsión vital del Eros

volviendo a despertar

reavivando este deseo?

 

¿Cómo no caer rendido

al gozo de cada caricia

en un abrazo sentido

susurrándome al oído?

 

¿Cómo puede ser pecado

amar, sentir, gozar, fluir,

sentirse vivo y amado

en esto que es el vivir

con un corazón alado?