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jueves, 1 de enero de 2015

El sentido sagrado del trabajo

La semana pasada, mientras se presentaba la nueva propuesta de Ley que Moderniza el Sistema de Relaciones Laborales en Chile, en una conversación sobre innovación social con un amigo, surgió este diálogo:

- ¿Qué es eso de los Lab? ¿Por qué se ha puesto de moda esto de los Lab? MediaLab, Fab-Lab, CoLab, HibridaLab, ParticipaLab, SociaLab, InnovaLab...
- Lab viene de Laboratorio, una metáfora de un espacio para experimentar, explorar, investigar, aprender y emprender.
- ¿Por qué será que a Lab-oratorio le han quitado el Oratorio?
- ¿Será que estamos perdiendo el sentido sagrado del trabajo?



Eso me llevó a indagar en distintas fuentes sobre la evolución del sentido sagrado del trabajo desde sus orígenes hasta la actualidad y compartirlas aquí con los lectores.

En la antigua tradición judeo-cristiana aparece el trabajo como una consecuencia -mandato para algunos, castigo divino para otros- del pecado original. 

"Ganarás el pan con el sudor de tu frente, 
hasta que vuelvas a la misma tierra de la que fuiste sacado"

Si dejamos que la etimología nos devele el origen del significado de la palabra trabajo, descubriremos que viene de tripalium, que era una herramienta de tres palos usada para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos. Era usado también como instrumento de tortura para esclavos o reos. De ahí, tripaliare, significa "torturar", "atormentar", "causar dolor". De aquellas palabras derivaron "travail" en francés, e incluso "travel" en inglés.

El hecho de dejar de trabajar, la jubilación, proviene de júbilo (iubilum, jubilare), la alegría de no tener que trabajar más.

Durante la Edad Media, la expresión latina "Ora et Labora" -Reza y Trabaja- llegó a expresar la vocación de la vida monástica Benedictina. El capítulo 48 de la Regla de San Benito decía "La ociosidad es enemiga del alma.  Los hermanos deberían participar en unos momentos concretos en el trabajo manual y en otros momentos en la lectura de la palabra de Dios". Esa dignidad dada al trabajo manual era revolucionaria, dada la concepción degradante que se atribuía al trabajo físico en aquella época de San Benito, dejándolo solo para los siervos y clases bajas.

Según relatan distintos autores (Stiglich, Gebelein, Arribas) que han estudiado la hermética tradición de la Alquimia, los antiguos alquimistas tenían su Oratorio y su Laboratorio, a uno y otro lado de su Escritorio, representados en este dibujo:


"Amphitheatrum sapientiae aeternae - Alchemist's Laboratory" by Hans Vredeman de Vries - http://www.library.wisc.edu/libraries/SpecialCollections/khunrath/labbig.html. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Amphitheatrum_sapientiae_aeternae_- _Alchemist%27s_Laboratory.jpg#mediaviewer/File:Amphitheatrum_sapientiae_aeternae_-_Alchemist%27s_Laboratory.jpg


Ante la aparición del protestantismo, Max Weber en su obra "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", plantea que al orientarse el trabajo a la obtención de un beneficio mundano, se sientan las bases del capitalismo. El orden moderno se transforma en una jaula de hierro. Aun así, el trabajo no era un fin en sí mismo, sino un "sacrificio" en aras de la salvación. Así se forma un hombre austero y ascético, que hace del trabajo la razón de su vida. Sacrificio, oficio sagrado. El fin de su existencia es generar riqueza, no para su beneficio sino para asegurarse la vida eterna. Según este criterio,

"la riqueza es reprobable sólo cuando incita a la pereza corrompida y al goce sensual de la vida; el deseo de enriquecerse sólo es malo cuando tiene por fin asegurarse una vida despreocupada y cómoda y el goce de todos los placeres; pero, como ejercicio del deber profesional, no sólo es éticamente lícito, sino constituye un precepto obligatorio".


Marx en "El Capital" conceptualiza el trabajo como la actividad por la que el hombre transforma la realidad para satisfacer sus necesidades físicas o espirituales. El tema central de su filosofía es la erradicación del trabajo sin entido, alienado, enajenado, hacia un trabajo enriquecedor, un trabajo libre. 
"El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de su fuerzas a su propia disciplina."

La respuesta de la Iglesia Católica ante el movimiento obrero derivado de la revolución industrial se hace explícita en la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII, sentando las bases de lo que comenzaría a fraguarse como la Doctrina Social de la Iglesia.

Ya en el siglo XX, San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del OPUS DEI, propone que el trabajo es una herramienta de santificación, siendo allí -y no solo en el templo- donde los cristianos se hacen santos. Se logra así reinterpretar el Génesis: Mientras Dios descansa el séptimo día, el hombre completa la obra creadora mediante el trabajo, que ya no será un castigo, sino una encomienda divina. Esta idea será recogida en el Concilio Vaticano II.(Cristian Salv.) y en la posterior encíclica Laborem Exercens, que consolida la conceptualización del Trabajo en la doctrina social de la Iglesia como derecho, como ofrenda, como deber, como santificación, como redención. Buttiglione, reforzando la vocación natural humana por el trabajo, señala: 

“El hombre está llamado al trabajo porque mediante el trabajo cuida a la persona, la propia y la ajena , y ejerce su responsabilidad respecto a ella. Nadie puede cumplir su vocación propiamente humana sino mediante el trabajo"
En la tradición japonesa, el significado de kaizen, generalmente traducido en el mundo del trabajo como "mejora continua" o "búsqueda de la excelencia", proviene de
  • 改 (kai en japonés, gǎi en chino) significa ‘cambio’ o ‘la acción de enmendar’.
  • 善 (zen en japonés, shàn en chino) significa ‘bueno’ o ‘beneficioso’

¿Y si la invitación del kaizen -tan usado en los sistemas de gestión de calidad total- fuera en realidad una invitación a cambiar para ser más buenos cada día? ¿No es eso la búsqueda de la santidad, la santificación?

En hebreo, avodah,  עבודה,  se usaba para referirse al "trabajo"o "servicio", especialmente el servicio prestado por los levitas en el Templo. Por su parte, en el mundo anglosajón, se asocia la raíz de la palabra work (trabajo) con worship (culto, adoración) y worth (valor), tal como lo sintetiza gráficamente este video de la red "Work as worship".



Nietzsche en 1871 en su "Prólogo a un libro que no se ha escrito" del Estado Griego realiza una crítica al concepto de "dignidad del trabajo" heredado de los griegos, y lo relaciona necesariamente a la dignidad de la vida humana

"Para que el trabajo pudiera ostentar legítimamente este carácter sagrado, sería ante todo necesario que la vida misma,de cuyo sostenimiento es un penoso medio, tuviera alguna mayor dignidady algún valor más que el que las religiones y las graves filosofías le atribuyen. ¿Y qué hemos de ver nosotros en la necesidad del trabajo de tantos millones de hombres,  sino el instinto de conservar la existencia, el mismo instinto omnipotente por el cual algunas plantas raquíticas quieren afianzar sus raíces en un suelo roquizo?
Esta idea de la dignificación por medio del trabajo tiene dos lecturas El trabajo visto como un servicio a la sociedad, confiere un sentido de propósito a aquella actividad que ocupa la mayor parte del tiempo del hombre. Sin embargo, en algunos casos, puede aprovecharse este discurso para sostener esquemas de explotación. Nietzsche sostenía que la idea dignificante del trabajo era una invención de las clases griegas acomodadas para contentar y tranquilizar a sus esclavos, quienes encontrarían en esa ilusión un bálsamo para tolerar su situación. Una imagen que también evocaba aquel letrero "Arbeit macht frei" -el Trabajo Libera- en la entrada de los campos de concentración nazi.


«Auschwitz-Work Set Free». Publicado bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Auschwitz-Work_Set_Free.jpg#mediaviewer/File:Auschwitz-Work_Set_Free.jpg.

Marshall Berman en su libro "Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la Modernidad" nos recuerda aquella frase del Manifiesto de Karl Marx: "Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas". Berman usa la metáfora de la "Pérdida de la Aureola" proveniente de un poema de Baudelaire para referirse a la desacralización del trabajo intelectual de "aquellas profesiones que hasta entonces se tenían venerables y dignas de piadoso respeto -médico, jurisconsulto, sacerdote, el poeta, el sabio- que creen tener poder para vivir en un plano más alto que las personas corrientes, que resultan ser casi los únicos modernos que creen ser llamados a sus vocaciones y que su trabajo es sagrado" , llevando a la proletarización de los trabajadores intelectuales asalariados, que terminan vendiendo su fuerza de trabajo al servicio del capital.

Recientemente, la artista chilena Ana Tijoux ha desempolvado aquella frase, transformándola en el título de un video-clip animado, que nos recuerda el carácter auto-destructivo del capitalismo moderno.


El filósofo coreano afincado en Alemania Byung-Chul Han denuncia que la violencia inmanente del sistema neoliberal, que ha logrado que el hombre moderno se convierta en su propio explotador, lanzado a la búsqueda del éxito. Han denuncia que “el esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento”. Y lo ha hecho a cambio de un modo de vida escasamente interesante, “la mera vida, frente a la vida buena”, dice, casi pura supervivencia. A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad. Pero lo más llamativo es que el propio amo ha renunciado también a la libertad al convertirse en explotador de sí mismo. Ha interiorizado la represión y se ve abocado al cansancio y la depresión. Pero el cansancio y la depresión no se pueden interpretar como alienación, en el sentido tradicional marxista:

“Solo la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En el neoliberalismo desaparece la coerción externa, la explotación ajena. En el neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal. Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del cansancio como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación”.

Han plantea que el hombre se ha convertido en un animal laborans, “verdugo y víctima de sí mismo”, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso, el cansancio, el agotamiento, el aburrimiento, la agonía del Eros.

Para terminar con esta recapitulación caleidoscópica de miradas en torno a las relaciones entre lo sagrado y el trabajo, sugiero leer Economía Sagrada de Charles Eisenstein, donde plantea que gran parte de lo que más valoramos en esta vida - y que además nos hace más felices-, nos viene dado en forma gratuita: el amor, la amistad, el cariño, la vida, la naturaleza... y enfatiza la importancia de la economía del don -gift economy-, del regalo, del poder multiplicador de los rituales de generosidad y gratitud.



Cada historia tiene distintas versiones. Lo que marca la diferencia es la versión que creemos, la versión que contamos, la versión que vivimos. Hay muchas formas de entender el trabajo. Unos creen que solo pican piedras y otros se enorgullecen de construir catedrales. Si, como dicen, estamos hechos de historias, ¿qué historia nos contamos diariamente sobre el sentido de nuestro trabajo? ¿qué posibilidades se abrirían si exploráramos un sentido trascendente de lo cotidiano? Aquellos que vivimos de nuestro conocimiento, ¿qué creencias tenemos respecto al trabajo manual? ¿qué nos impulsa cada día a levantarnos para trabajar?

viernes, 28 de febrero de 2014

Por mí y todos mis compañeros

Estos días de verano he disfrutado el placer de contemplar a mis hijos jugando por las tardes al escondite (o las escondidas, para el lector latinoamericano) con sus amigos de la plaza. Inevitablemente, me evocó recuerdos de infancia, cuando jugábamos en el patio del colegio al escondite. En aquel tiempo, cuando ya habían ido apareciendo todos los amigos escondidos menos uno, el último podía llegar corriendo y gritar "Por mí y todos mis compañeros", y con esa simple pero heroica declaración, nos liberaba a todos del efímero yugo.

Sin embargo, hoy, el título de este post evoca mucho más que un juego. Apela a un cambio de conciencia, o mejor dicho, a una expansión de la conciencia. Pasar del  "Por mí"/ "Para mí" / "Me salvo solo"/ "Sálvese quien pueda" al "Por mí y todos mis compañeros" / "Por mí y todos los demás"/ "Nos cuidamos entre todos". Cambios de paradigma. De la competencia a la colaboración. Del miedo a la confianza. De la escasez a la abundancia.

Durante los últimos dos siglos de historia humana, en las economías del mundo occidental, y sobre todo en sus universidades y empresas ha prevalecido la Teoría de la Mano Invisible popularizada por Adam Smith, que -simplificando- partía del supuesto de que si cada individuo guiaba su comportamiento compitiendo de modo egoísta y racional, se obtendría una situación óptima y eficiente de bienestar general para todos.

A mediados del siglo XX, el matemático John Forbes Nash, -cuya vida fue retratada en la película "Una Mente Brillante"- a partir de la teoría de juegos, deduce la existencia de situaciones en las que en el largo plazo conviene más cooperar y ser solidario que competir, poniendo en cuestión los modelos que abogan únicamente por estrategias competitivas.



Ken Wilber en su Teoría Integral identifica distintos niveles de conciencia: Egocéntrica, Etnocéntrica, Sociocéntrica, Mundocéntrica,Planeta-Céntrica y Kosmocéntrica, que asocia a los distintos colores y niveles evolutivos de la Dinámica Espiral.



Por su parte, Jeremy Rifkin en "La Civilización Empática" propone construir una civilización basada en la idea de que estamos programados biológicamente para la empatía. Provoca diciendo que la verdadera mano invisible es el altruismo, es nuestra capacidad para contagiarnos de la emoción del otro. Esta propuesta, fundamentada en los últimos descubrimientos de la neurociencia sobre las neuronas espejo, contrapone audazmente los hallazgos de la Biología frente a los supuestos de la Economía.



De alguna manera, se zanja así un debate milenario, con protagonistas que van desde Séneca, San Agustín, hasta Thomas Hobbes, Jean Jacques Rousseau, hasta los populares Frodo Bolsón y el mismísimo Homero Simpson.



En una línea similar, o al menos resonante, apunta Humberto Maturana desde su Escuela Matríztica, cuando escribe de la Matriz Biológico-Cultural de la Existencia Humana, y la Biología del Conocer y del Amar.

En su último libro "From Ego-to-Eco-system Economies", el economista alemán Otto Scharmer, argumenta precisamente la necesidad de desplazar el lugar interior desde el cual operamos, desde el "Ego" -que me lleva a competir, a salvarme solo, en forma individualista- al "Eco"-que me lleva a una conciencia más sistémica, global, integradora, que incluye al ego y lo integra en "todos mis compañeros", incluyendo todo ser viviente, como uno más en la Trama de la vida.



Según plantea Peter Senge, un cambio de perspectiva como éste al que nos referimos, tan necesario como urgente, los griegos lo llamaban "Metanoia". El concepto de Metanoia nos ha sido heredado en la tradición cristiana como "conversión" o "arrepentimiento", puesto que en griego antiguo se utilizaba para "desandar lo andado". Sin embargo, yendo a la traducción griega, el concepto de Metanoia aparece en la conversión de Saulo / San Pablo, cuando se cae del caballo, y pasa de ser perseguidor a perseguido. En la fórmula griega del Miércoles de Ceniza posterior al Carnaval dando inicio de la Cuaresma, también decían "Metanoíte"... Conviértete, déjate transformar en el encuentro.

En la tradición zen japonesa, para resolver un Koan enigma aparentemente contradictorio, una paradoja, un oxímoron, se requería un Satori, una expansión de la conciencia. Desde la Ontología del Lenguaje propuesta por el filósofo chileno Rafael Echeverría, un coach ontológico lo denominaría "Desplazamiento del Observador". En este modelo O.S.A.R. propuesto por Rafael Echeverría, la atención queda enfocada en los bucles de aprendizaje entre Observador, Acción y Resultados.


Sin embargo, el Sistema circundante queda como un mero entorno. Para enfrentar los desafíos de la transformación cultural, organizacional y social , se requiere un cambio de paradigma, una evolución de la conciencia que considere precisamente los límites planetarios, que respete los ciclos naturales, que sea consciente de los bordes físicos del sistema, definidos científicamente por el Dr. Karl Henrik Robert en The Natural Step Framework, y de la diversidad de necesidades humanas fundamentales (Manfred Max-Neef)... en resumen, que el Observador se sienta parte del Sistema, y -tal como enuncia Bernardo Toro en la Ética del Cuidado- se sienta Co-Responsable por el cuidado del mismo, y de sí mismo. Es precisamente esta aproximación la que propone Manuel Manga desde su Centro para el Liderazgo Evolutivo, poniendo las poderosas herramientas del coaching y el diseñar ontológico al servicio de la evolución de la conciencia y el cambio de paradigma hacia la sostenibilidad, trabajo en el que también han sido pioneros Outofthebox y Glocalminds.



Finalmente, tal como sugiere este último video, para un desarrollo sostenible, cada uno de nosotros debe pensar en todos, actuando en el presente, pensando en el futuro.



Así  lo expone Christian Felber, impulsor de la Economía del Bien Común, a la que están adhiriendo numerosas empresas de todo el  mundo. Un ejemplo inspirador de esta tendencia son las Empresas B, que apelan al sentido primigenio de conceptos como "Compañía" -compartir el pan- y "Beneficio" -hacer el bien-.

lunes, 2 de julio de 2012

HACIA UNA ÉTICA DEL CUIDADO



Bernardo Toro comparte su inspirador pensamiento sobre la Ética del Cuidado en este video de TEDxAmazonia.