sábado, 31 de diciembre de 2022

¿Dónde estás, pequeña Wendy?

 


Abre tu ventana y vuela nuevamente

vuelve sólo por esta noche

sobre la niebla londinense

al País de Nunca Jamás.

 

Siéntame en tu regazo

para zurcir de nuevo

a mis pies de duende

esta sombra traviesa

de caballo desbocado,

este impulso vital,

esta fuerza divina,

esta pulsión irrefrenable,

este torrente sin cauce.

 

Ayúdame a encontrarte,

liviana y maternal

tejedora de sombras.


 

Pide a Ariadna su hilo

para salir de este laberinto,

antes de que el Minotauro

me encuentre de repente,

antes de que mi sombra

ay, bala perdida,

se pierda para siempre.

 

¡Rápido, Wendy! ¡Es urgente!

El Sol está quemando fuerte

y derrite ya la cera de mis alas.

 

Vuelo demasiado alto, demasiado lejos

sin el lastre de mi sombra,

¿qué diré a Dédalo cuando caiga?

¿qué pasará si Garfio me atrapa?



Espíritu de Navidad

Ayer y hoy, tantos años

las estrellas brillando

en la noche fría

la vida misma naciendo

nuevamente a la intemperie.

 

Refugiados atravesando desiertos,

huyendo de imperios opresores,

posadas llenas, puertas cerradas,

indiferencia masiva en el reino de Herodes

inocentes mestizos y mulatos

mueren ante las manos limpias de Pilatos.

 

Chivos expiatorios,

fariseos de ayer y hoy,

mujeres sentenciadas 

piedra en mano,

templos del consumo

tomados por mercaderes,

becerros de oro,

ídolos de barro,

gobernantes lavándose las manos,

ignorando las profecías

esperando a nuevos mesías.

 

Sopla, oh, Espíritu Santo,

infunde sabiduría

sobre esta especie perdida

en el camino

tan distraída

de su destino

en una voraz huida

hacia ningún sitio.

Preguntas teologales

En este tiempo de desolación

busco consuelo en Tí.

¿Cuándo llegará la Consolación?

 ¿Qué mociones moverán mi espíritu?

¿Qué banderas blandiré?

 

¿Desde dónde hago lo que hago?

¿Desde dónde digo lo que digo?

¿Desde dónde vivo?

¿Hasta cuándo muero?


¿Dónde nace este entusiasmo que me habita?

¿Dónde yace este Dios vivo

que siento tanto afuera como adentro?

 

¿Dónde anclaré la esperanza?

¿En qué fundaré esta vida que no es mía?

 

¿Es la quietud el fruto de la paz

o es solo su inicio?

¿Es la inquietud fuente de vida

o solo expresión de ella?

 

¿No es la Sagrada Familia

un espejo terrenal

de la Trinidad celestial?

 

¿Al servicio de qué pongo mi vida

que no es mía sino nuestra?

 

¿Por qué el río tiempla de miedo al morir

cuando se hace uno con el Océano?

 

¿Cómo acceder al

inabarcable centro

aquí adentro

tan fuera del mundo

en lo más profundo

de mi pecho?

 

¿En qué rincón

de mi alma

se esconden

las vergüenzas

de mi cuerpo?

 

¿No es acaso

la Esperanza

la Vida misma

defendiéndose

frente a su ocaso?


jueves, 29 de diciembre de 2022

Una parte de mí

Una parte de mí desea,

mi Circe querida,

la de las lindas trenzas,

perderse en la isla de Eea:

beber de tu copa,

tragarme el banquete

preparado con tanto cariño;

dejarme transformar en cerdo

o en cualquier otra bestia,

y dejar salir mi ser animal,

precisamente aquel más sucio y salvaje;

desoír el sabio consejo de Hermes,

derramar su pócima de moly,

dejarme caer inocente

ante el hechizo de tu canto envolvente,

perderme en tu laberinto de canela,

y quedarme un tiempo varado en tu playa,

olvidando un poco cada día

aquello que fui y aquello que amé.

 

Una parte de mí desea

renunciar al trono de Ítaca,

fugarse por un instante de esta jaula dorada,

perderme en cada uno de tus misterios,

viajar contigo a cada mágico rincón isleño,

aprender las artes circenses

transgrediendo  límites propios y ajenos

volverme y volvernos uno

con la pulsión vital de Eros.


 

Una parte de mí desea disociarse 

y olvidar a todas las demás 

pero especialmente a Wendy,

a Penélope, a Medusa,

y a la Bella durmiente,

para hacerse una contigo,

soltar riendas y estribos,

y yacer al fin en tu lecho ardiente.

 

Una parte de mí desea

tomar tu mano en silencio 

e invitarte sin palabras a jugar libre 

ese juego sin ego, sagrado y secreto

del eterno presente

sin pasado ni futuro

sin culpa, sin miedo y sin vergüenza,

sin expectativas ni explicaciones,

sin conciencia ni consecuencias.

 

Una parte de mí 

desea llorar en tu hombro

las heridas calladas de Troya,

hundirme en cada hendidura de tu cuerpo,

fundirme y atravesar cada poro de tu piel,

abandonarme en tus brazos,

sentirme envuelto para siempre

por el candor de tu abrazo,

sintiendo el pulso en tu pecho turgente

y diluirme en el magma de tu vientre.

 

Una parte de mí

tiembla de susto

aterrada ante el abismo

del miedo a perderlo todo,

ese vértigo sentido

ante el vacío sinsentido

reflejado ante el espejo

que proyecta mi propio deseo.

 

Una parte de mí

desea morir en tí

enterrado en el frenesí

de jadeos, gemidos,

gruñidos, mordiscos,

y suspiros sin censura.

 

Una parte de mi desea

pedirle consejo a tu oráculo.

Una parte de mi

no desea jamás escuchártelo.

 

Un parte de mí desea

detener el tiempo

disolver los minutos

derretir los relojes

quemar cada hoja del calendario

Y aunque sea por un momento, 

despojarse de máscaras

de yelmos y armaduras,

desnudarse de cáscaras

y gritar esta loca cordura al viento.

 

Una parte de mí

siente una reprimida tensión contenida

a punto de hacer explosión

esperando que algún día

seas tú la chispa que prenda la mecha

que desencadene la fantasía.

 

Una parte de mí desea llegar a acuerdos sanos.

Otra parte de mí, se resistirá siempre a cumplirlos.

 

Una parte de mí desea cuidarte.

Otra, devorarte y también ser devorado.

 

Todas estas partes son parte de mí,

y no soy ninguna de ellas, sino todas,

las que escucho y las que acallo.

 

¿Será posible un día en el infinito

llegar lo suficientemente lejos

para atravesar las fronteras del deber

y dejarnos atravesar

entregados al deseo y al placer?

 

Y tal vez lo más inquietante,

¿Será evitable este destino

cuando llegue su momento?

¿Tendrá vuelta atrás ese camino? 

martes, 6 de diciembre de 2022

Queridas Aves del Bosque

Queridas Aves del Bosque, 

hoy les pedimos permiso

para entrar en su hogar.

Con sigilo y en silencio

entre coihues y digüeñes

honraremos su lugar.

Con ilustradas guías

aprendimos a diferenciar

el tricahue y la cachaña

el rayadito y el chercán.

No te escondas, carpintero, 

que ya vimos al comesebo

al fio-fío y la diuca

y no les hicimos ná.