jueves, 29 de octubre de 2020

Padre Basilio Álava


Aún recuerdo lo que escribió en la pizarra aquel primer día de clase, en Septiembre de 1993. Llegó con su infaltable bata blanca, se acercó a la pizarra, sacó la tiza del bolsillo, y escribió en inglés en letras mayúsculas:

"WORK AND ENJOY WORKING"

"Trabaja y disfruta trabajando"Ese era su lema, nos dijo. Y lo hice propio desde entonces.

Cada mañana llegaba a enseñarnos matemáticas con un entusiasmo imbatible, que rezumaba por los poros. Cuando faltaba algún otro profesor,  él se conseguía la sala audiovisual subterránea del pabellón de B.U.P y fusionaba dos - y alguna vez hasta tres- secciones en las memorables clases "Unificadas", donde avanzaba materia y hacíamos ejercicios en la pizarra. Cuándo requería dibujar círculos para enseñarnos trigonometría, sacaba su peculiar compás, con una tiza atada a un cordel, o si no lo llevaba encima, trazaba una circunferencia a mano alzada, clavando su codo en la pizarra y usando su antebrazo como compás.

Tenía un conocido repertorio de frases célebres que repetía con frecuencia, y estaban registradas en el interior de uno de los armarios de nuestra aula.

 - "No tengo la suerte de ser gallego" - respondía cada vez que le ofrecíamos una respuesta con tono dubitativo.

 - "Hale! unos platanitos y a la cápsula" - comentaba irónicamente cuando nos equivocábamos

 - "¿Cómo? ¿Cómo?" -preguntaba en un tono agudo, casi de fingida indignación, cuando dábamos una respuesta que lo decepcionaba.

 - "¿Hizo la tarea?" -Con mirada a la vez tierna e inquisidora.

 - "Apúrense" - Nos decía mientras bajaba rápidamente las escaleras con una leve cojera.

 - "Villoch, a la pizarra"

- "En la vida..." - Bastaban esas tres palabras para saber que podíamos soltar el bolígrafo y dejar de tomar apuntes durante un momento, pues después de aquello, vendrían unos minutos de una charla de sabiduría aplicada. Por ejemplo: "En la vida, a veces hay que limarse las aristas para rodar mejor"

 A veces me decía: 

- "Villoch, tienes que ir a vivir a Suramérica, para aprender a hablar más despacio y tomarte la vida con más calma".

Y, bueno, hasta acá me vine. Él había vivido varios años en Barranquilla, Colombia. Y le habían quedado algunas expresiones de aquel tiempo, como el tratarnos de ustedes.

Durante un tiempo gestionó la venta de la tienda de gominolas que abría los sábados por la mañana,  durante las fiestas anuales del colegio y en algunos recreos. También solía manejar el autobús blanco y verde del colegio. También lo recuerdo en su rol pastoral, en la capilla, con su estola, celebrando misas  o escuchando confesiones.

Aunque, más allá de la universidad, jamás volví a usar la geometría analítica, ni las derivadas ni las integrales en mi vida profesional, confieso que, gracias a su genuina y apasionada didáctica, aprendí a amar las matemáticas. Aún recuerdo la regla mnemotécnica para las integrales: "Si Un Día Ves Un Valiente Soldado Vestido De Uniforme". 

\displaystyle{\int u \cdot dv =u \cdot v - \int v \cdot du}

En mayo del 2011, en el marco de un viaje para presentar mi tesis de Maestría en un congreso sobre Desarrollo Sostenible en el Earth Institute de la Universidad de Columbia en Nueva York, atravesé caminando Manhtattan para visitarlo en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario en el East Harlem y saqué esta foto. Me sentía como Luke Skywalker yendo al encuentro de Yoda.



Hoy jueves 29 de octubre, será su funeral en la iglesia de San José de la Montaña. Dado que no podré estar presente, le rindo este pequeño homenaje.

Seguramente, todos quienes nos dedicamos a la docencia, tuvimos alguna vez algún profesor que nos inspiró. Yo tuve varios... Marisol en 1° y 2°,  Don Alberto en 4°, Don Fernando en 5°, Dionisio Cámara, Almudena Eizaguirre, González Vadillo, Efrén Martín, Bernardo García en La Comercial de Deusto, Eduardo Guzmán y Mohamed Ayub Khan en el Tec de Monterrey, Göran Carstedt, Karl-Henrik Robert y Regina Rowland en el MSLS del BTH en Suecia entre otros. Pero sin duda, debo reconocer que la figura del Padre Basilio, representa mí algo más que un docente. 

Si Profesor es alguien que te enseña, y Maestro es alguien de quien aprendes, Basilio sin duda fue para mí un Maestro.


domingo, 18 de octubre de 2020

Recuerdos de octubre, un año después

El neoliberalismo me había calado hasta los huesos. Había colonizado mi psique. Por más que mi alma quisiera contribuir a la comunidad, ejercer un tiempo de voluntariado, mi supuesta libertad se veía cooptada por una estructura de incentivos perversos que me hacían perpetuar el individualismo. La presión de trabajar para pagar la hipoteca al banco, la tarjeta de crédito, el miedo a la intemperie, el pánico a la pobreza, la narrativa del emprendedor, la autoexigencia convertida en autoexplotación, al afán de ser productivo, el juicio a la ineficiencia, el descanso y el ocio vistos como flojera.... eran todo expresiones de haber privatizado mi vida, haber interiorizado al opresor.  Al mismo tiempo era empresario y empleado precarizado. Obrero del conocimiento de universidades extractivistas, pilares del capitalismo cognitivo. La dialéctica materialista ya no se daba entre patrón y proletario, sino que se daba al interior de mi mente, en el frágil campo de batalla de mi cuerpo, en el limitado espacio tiempo de mi agenda... y los efectos colaterales no deseados afectaban la calidad de mis vínculos con mis seres queridos, y también la calidad de la salud corporal, mental y emocional.

Pero un velo cayó aquel dieciocho de octubre. Dicen que fue una revolución, pero también fue una revelación. Cuando el pueblo se rebeló, algo nos fue revelado. Aquel veinticinco de octubre, allí en la plaza, renombrada como Plaza Dignidad, en las calles, en las grandes alamedas sentimos que caminamos libres para construir una sociedad mejor, cumpliendo la profecía de Allende. Por primera vez en mucho tiempo nos sentimos Pueblo, miembros solidarios de una alma colectiva. Codo a codo, mano a mano. Banderas mapuches y chilenas, del Colo y la U, ondeaban al viento. Mujeres y hombres. Jóvenes y viejos.  La categoría Pueblo había sido olvidada. Reemplazada por expresiones más modernas y urbanitas como Ciudadanía, Gente, Sociedad, menos cargadas de significado colectivo.

Durante las últimas cinco décadas, las fuerzas del mercado habían debilitado -si no disuelto- las fuerzas de la comunidad. Y durante aquella intensa semana,  las Fuerzas de Seguridad del Estado se habían vuelto contra el Pueblo, y lo estaban, literalmente, mutilando. Cuando el Pueblo abrió los ojos y despertó, le arrancaron los ojos. Un joven estudiante. Una trabajadora. Gustavo y Fabiola. ¿Qué peligro representaban realmente? ¿Para quién?

Tomamos conciencia de la injusticia. Chile se había convertido en un país de eufemismos. La injusticia se había transformado en un tabú. La llamábamos desigualdad o inequidad. Era raro incluso escuchar la expresión "Justicia social". Si uno la mencionaba, casi te tildaban de comunista. Recuerdo el polvo que levantó en su momento la propuesta de Monseñor Goic del Salario ético. 

Durante aquella semana, había participado en un congreso académico sobre Transformaciones Sociales en la Universidad de Chile. Aquel viernes 18-O, fui temprano en metro a dar mi clase de Liderazgo Estratégico y Manejo de Conflictos a mis alumnos en el Barrio República y en el metro ya noté un aire enrarecido. Ante la escalada de evasiones masivas promovidas por estudiantes, grupos de Carabineros antidisturbios dentro y fuera de las estaciones. Terminada mi clase, viajé a Viña del Mar por el día para impartir mi clase allá y en el bus de regreso, me advirtieron del caos vial que se vivía en Santiago. El bus se demoró una hora adicional en entrar a la ciudad. Al ver el metro cerrado, caminé unas cuadras por la Alameda desde la USACH hacia Estación Central, pero en el camino, vi barricadas encendidas, encapuchados y guanacos y zorrillos que se acercaban. Me metí hacia una bocacalle para evitar los gases lacrimógenos. Llamé un Uber, que se demoró diez largos minutos en llegar. En el minuto nueve, vi que se acercaba corriendo un tropel de una treintena de personas encapuchadas, con un guanaco lanzando agua por detrás. Cuando ya estaban a pocos metros, justo llegó el Uber y raudamente, como alma que lleva el diablo, me subí al auto y le dije al conductor "Corra, que vienen los pacos". Me puse el cinturón de seguridad, respiré aliviado, y envié un mensaje a mi mujer para compartirle mi ubicación.

Al día siguiente, sábado, 19-O, sin entender todavía la dimensión del Estado de Excepción y sus consecuencias, participé en la actividad del SDG Forum en al marco del Congreso de Transformaciones. hasta que a mediodía, al comenzar un cacerolazo masivo, la coordinadora del evento nos pidió evacuar el campus para salvaguardar la integridad de los participantes.

Aquella noche escribí "Anomia" y a la noche siguiente "Estado de Fragilidad"

Otro día, al terminar mi trabajo en la oficina, a las cinco de la tarde, iba bajando con mi mochila, tranquilo para ir a tomar el metro, y en ese momento llegó un zorrillo por la Alameda, lanzando un horrible gas lacrimógeno. Tuve que volver a glocal a por limones, y esperar que pasaran los efectos.. Nunca me había sentido antes así, vulnerado en mi dignidad y en mis derechos humanos. Al llegar a casa, hice la denuncia en el formulario habilitado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos.

El Viernes 25 de Octubre salimos a marchar como equipo. Caminamos por la Alameda. Tocamos las cacerolas y sartenes. Coreamos las consignas. Y bailamos tras el escenario de Sol y Lluvia.

Fui testigo de mucha más violencia de la que hubiera deseado. Pero la más brutal era la fuerza desproporcionada de las Fuerzas del Estado contra su propio Pueblo alzado.

Ya ha pasado un año. Y más de la mitad, marcado por la Pandemia. 

Este domingo, cambiaremos la cuchara de palo por un bolígrafo azul y la pañoleta roja por una mascarilla. Y trazando dos simples líneas sobre una papeleta, millones escribiremos la Historia.




sábado, 26 de septiembre de 2020

Reciprocidad en el principio de Solidaridad intergeneracional ante la Pandemia

¿Por qué nuestra generación está dispuesta a renunciar a su estilo de vida para salvar a nuestros abuelos de la pandemia, pero no lo hacía para salvar a nuestros hijos o nietos frente a la amenaza contundente del cambio climático?


Por Alejandra Vásquez y Pablo Villoch 

El Informe Brundtland (1987) define el desarrollo sostenible como aquel que trata de satisfacer las necesidades de la actual generación, sin poner en riesgo la satisfacción de las mismas a las generaciones futuras. En 1992 en la Cumbre de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo se formulan 27 principios básicos sobre el desarrollo sostenible.

En dicha definición subyace un principio de solidaridad y equidad intergeneracional, entendiendo que las futuras generaciones tienen el derecho a una herencia adecuada que les permita un nivel de vida no menor al de la generación actual (Heywood & Watson 1995). La equidad intergeneracional puede entenderse como la responsabilidad de cada generación de dejar a las nuevas generaciones una herencia de riquezas que no sea menos que lo que ellas mismas heredaron. Por tanto, la generación actual tiene la responsabilidad de administrar el cuidado de los recursos naturales para las nuevas generaciones

En la actualidad nos vemos expuestos a un cambio climático abrupto, donde la liberación de gases de efecto invernadero, particularmente CO2, nos coloca en una situación de crisis climática, frente a la cual es necesaria una reducción per cápita sin precedentes de CO2, en particular de la emisión de estos gases por parte de países desarrollados. 

Desde marzo de este año 2020, millones de personas en todo el planeta, nos encontramos - en forma obligatoria o voluntaria- dentro de casa debido a la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, para evitar el contagio y prevenir el colapso de los sistemas de salud.

Dado que este virus afecta de modo más grave a mayores de 60 años, esta crisis sanitaria nos está haciendo experimentar en carne propia el principio de la solidaridad intergeneracional. Las generaciones más jóvenes, que corren menor riesgo, han demostrado que están dispuestas a renunciar a su “libertad de salir”, y en general, a modificar radicalmente su estilo de vida, con el fin de proteger la vida de las generaciones de mayor edad.

Nace entonces una pregunta espontánea: ¿Por qué tarda en activarse la misma solidaridad intergeneracional conociendo la emergencia climática que está mermando con los recursos naturales para las generaciones futuras? o más directamente, ¿por qué nuestra generación está dispuesta a renunciar a su estilo de vida para salvar a nuestros abuelos de la pandemia, pero no lo hacía para salvar a nuestros hijos o nietos frente a la amenaza contundente del cambio climático?

Recientes estudios sobre reciprocidad y generosidad (Delton, et al 2011) mencionan que el comportamiento humano en todas las culturas conocidas está densamente interrelacionado por redes de reciprocidad o intercambio (para usar los términos de biólogos y economistas, respectivamente).  En las últimas dos décadas hay evidencia experimental y neurocientífica que respalda la hipótesis de que el modo en que tomamos decisiones se manifiesta por una especialización cognitiva y motivacional, los seres humanos castigamos a aquellos que no cooperan y generamos un sentimiento punitivo hacia los no cooperadores. 

Una de las respuesta que podemos dar es debida a nuestro sesgo cognitivo, nuestra “miopía cortoplacista” de mirar en menos el daño futuro que estamos haciendo hoy a las nuevas y futuras generaciones del largo plazo.

Este sesgo cognitivo llamado descuento hiperbólico, que en los últimos años, psicólogos, economistas y neurocientíficos han descrito como el comportamiento humano que nos lleva a tomar decisiones hoy como si el futuro fuera lejano o no existiera. En los estudios de la neurociencia (McClure et al 2004) descubrieron que en nuestro cerebro hay dos sistemas separados que están involucrados en tales decisiones, las partes del sistema límbico están asociadas a obtener recompensas disponibles en modo inmediato, activando un comportamiento de tipo impulsivo que se resume en la frase: “Más vale pájaro en mano que ciento (o cien) volando”. En contraste, existen regiones de la corteza prefrontal y parietal posterior que están unidas y nos llevan a tomar elecciones intertemporales, independientemente de la demora. 

Apelemos a nuestra capacidad innata de seres cooperadores. Ha sido la colaboración a múltiples escalas lo que nos ha permitido evolucionar como especie. Llegó el momento de fortalecer nuestras elecciones presentes, creando conexiones neuronales y afectivas de largo plazo, que se manifiesten en la incorporación de hábitos sostenibles que transformen nuestros sistemas de producción y consumo, mecanismos que contribuyan a crear desde hoy un futuro un bienestar para las generaciones futuras. 


Bibliografía

  • Delton AW, Krasnow MM, Cosmides L, Tooby J (2011) Evolution of direct reciprocity under uncertainty can explain human generosity in one-shot encounters. Proc Natl Acad Sci USA 108(32):13335–13340

  • Hardin G (1968) The tragedy of the commons. Science 162:1243–1248

  • Heywood, V. H., & Watson, R. T. (1995). Global biodiversity assessment (Vol. 1140). Cambridge: Cambridge university press.

  • McClure, S. M., Laibson, D. I., Loewenstein, G., & Cohen, J. D. (2004). Separate neural systems value immediate and delayed monetary rewards. Science, 306(5695), 503-507.

  • Nowak, M., & Highfield, R. (2011). Supercooperators: Altruism, evolution, and why we need each other to succeed. Simon and Schuster.

  • https://www.sosteniblepedia.org/index.php?title=Equidad_intergeneracional

domingo, 23 de agosto de 2020

Las máscaras de mi padre


Recuerdo que mi padre viajaba periódicamente a Alemania. Asistía a Ferias para buscar nuevos productos para ser su distribuidor. Solía traer regalos y golosinas en su maleta. Era casi un ritual el esperar a que abriera su maleta para sorprendernos con la última novedad: gominolas de regaliz, pitufos, artículos para gastar bromas... Un par de años trajo máscaras de goma de distintos personajes. Máscaras de monstruos y máscaras de payasos que después estrenábamos en la fiesta de Carnavales, en San Sebastián y en La Bañeza.

En la foto, el con su máscara de payaso triste, y yo con la máscara de payaso triste, posando sobre las lluviosas calles de San Sebastián, su ciudad natal, junto a la Catedral del Buen Pastor. 

Me fascinaba disfrazarme. Lo hacía en cada oportunidad, ya fuera Carnaval, Nochevieja, o el desfile escolar de disfraces. Era como si, por fin, oculto tras esa máscara, por fín pudiera ser uno mismo.

Recuerdo haberme disfrazado de mimo, de payaso, de fantasma, de hombre lobo, de luna, de cielo, de chino, de inventor loco, de mexicano, de mago, de Merlin, de mosca, de árbol


 

domingo, 21 de junio de 2020

La pieza que faltaba



Hace años, cuando vivíamos en las montañas, mi mujer me regaló un rompecabezas de quinientas piezas, que representaba un mapamundi antiguo. Durante semanas, en aquella pequeña cabaña de madera rodeada de nieve, en la cordillera de los Andes, pasamos nuestros ratos libres completando aquel rompecabezas. Sin embargo, cuando estábamos a punto de terminarlo, faltaba una pieza. Cuando llegó el tiempo de mudarnos, tuvimos que desarmarlo y volver a meterlo en una caja. Durante los años siguientes, con la convicción de que faltaba una pieza, nunca volvimos a abrir aquella caja.

Quince años después, en plena cuarentena, durante la pandemia global del 2020, nuestros hijos descubrieron la caja en algún rincón de nuestra bodega. Durante un fin de semana, nos sentamos en familia para recomponer aquel mapamundi, sumando una a una cada pieza del rompecabezas. Cuál fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta de estaban todas las piezas. ¡No faltaba ninguna! Había estado completo por tantos años, pero durante demasiado tiempo sostuvimos la creencia de que estaba incompleto.


martes, 16 de junio de 2020

Pequeño Colibrí



¿Para qué bate sus alas el pequeño colibrí?

Para volar de flor en flor,
para su néctar libar
y poder disfrutar
de cada aroma y sabor.

¿Para qué liba las flores el pequeño colibrí?

Para sus alas batir
para su cuerpo mover,
para su corazón latir,
para en libertad vivir.

¿Dónde irás, pequeño colibrí,
esclavo de tu volar?

lunes, 8 de junio de 2020

No puedo respirar


“No puedo respirar”
dijo George Floyd cuando la rodilla del policía le oprimía las vías respiratorias en Minneapolis durante ocho minutos y cuarenta y seis segundos.

“No puedo respirar”
dicen los millones de personas contagiadas por el Coronavirus SARS-CoV-2 en todo el mundo.

“No puedo respirar”
dijo el murciélago o el pangolín enjaulado cuando fue vendido en el mercado de Wuhan.

“No puedo respirar”
dice la madre agotada por las labores de la crianza, el cuidado del hogar y el teletrabajo.

“No puedo respirar”
dice un niño brasileño en una favela militarizada.

“No puedo respirar”
dice la ballena varada en una playa de la Patagonia.

“No puedo respirar”
dice el campesino asediado por la sequía.

“No puedo respirar”
dice el salmón hacinado en su jaula en las aguas frías de un fiordo.

“No puedo respirar”
dice el coral afectado por la acidificación del océano.

“No puedo respirar”
dice el colibrí cansado de respirar el smog de la ciudad.

“No puedo respirar”

dice el joven microtraficante enganchado al policonsumo.

“No puedo respirar”
dice el sauce secándose a orillas del río seco por la represa de aguas arriba.

“No puedo respirar”
dice el profesor a tiempo parcial explotado por la universidad que lucra con su saber.

“No puedo respirar”
dice el estudiante encapuchado envuelto en gas lacrimógeno.

“No puedo respirar”
dice el carabinero encerrado en el guanaco zarandeado.

“No puedo respirar”
dice la mujer que limpia los baños del edificio.

“No puedo respirar”
dice el obrero apretado en el metro.

“No puedo respirar”
dice el glaciar cubierto de polvo por la actividad minera.


“No puedo respirar”
dice el padre de familia angustiado por no poder llegar a fin de mes.

“No puedo respirar”
dicen los niños que viven junto a la termoeléctrica, en una de tantas zonas de sacrificio.

“No puedo respirar”
dice el tapir que escapa de la Amazonia en llamas.

“No puedo respirar”
dice la araucaria sagrada al pewenche que la cuida

“No puedo respirar”
dice el koala con su pelaje quemado.

“No puedo respirar”
dice el bombero que apaga el incendio provocado por el ganadero.

“No puedo respirar”
dice la vaca en el matadero.

“No puedo respirar”
dice la mujer confinada junto a su maltratador.

“No puedo respirar”
dice el delfin atrapado en la red de pesca de arrastre.

"No puedo respirar
dice el preso hacinado en la celda.

“No puedo respirar”
dice el funcionario hastiado de su rutinario trabajo y de su jefe.

“No puedo respirar”
dice la víctima del abuso.

"No puedo respirar"
dice la abuelita con una pensión miserable que no le alcanza para vivir dignamente.

“No puedo respirar”
dice la niña esclava bengalí, cosiendo prendas de vestir para la moda rápida.

“No puedo respirar”
dice el refugiado en el campo de refugiados en el desierto del destierro.

“No puedo respirar”
dice la mujer migrante víctima de trata.

"No puedo respirar"
dice el emprendedor auto-explotado.

“No puedo respirar”
dice la Madre Tierra.

“No puedo respirar”
dice el futuro, la humanidad, la esperanza.

“No puedo respirar”.
Signo de los tiempos.
Grito del alma del mundo oprimida.
Clamor por la vida convertido en cántico de protesta.
Epitafio planetario grabado en la memoria.

viernes, 22 de mayo de 2020

Anotaciones y aprendizajes en estos tiempos de pandemia aun en proceso

Cosas que estoy aprendiendo durante estos días confinado en casa:

Sobre la austeridad
- es posible llevar una vida sencilla, austera, preguntarse qué es lo que realmente necesitamos
- es fundamental transitar hacia sistemas agroalimentarios locales, hacia una soberanía alimentaria, para depender lo mínimo de supermercados y cadenas de suministro.
- es posible comprar online lo poco que se necesita
- es posible ahorrar bastante tiempo con el teletrabajo
- es posible trabajar desde casa

Sobre el huerto
- Regar desde abajo
- Almácigos con papel de periódico
- Las ortigas nacen aunque uno no las plante, y no son maleza, sino bueneza.
- que los rizomas de Chépica realmente brotan aunque los cortes pero se pueden eliminar con agua hirviendo

Sobre los webinars
- puedes emitir un webinar en camisa y pantalón de pijama
- aunque estés solo en la sala, la química corporal se siente igual, el pánico escénico, la subida de la dopamina, el placer de la serotonina.. y dura varias horas despues.... si te sientes con la dopamina baja, invéntante un webinar!
- zoom permite transmitir  y grabar streaming via youtube, que se puede insertar en una web

Sobre facilitación online:
- no se trata de la tecnología, sino la cualidad de las relaciones y conversaciones humanas que la tecnología permite
- existen múltiples herramientas disponibles... mis favoritas hasta ahora: zoom, jamboard, miro, menti, trello, slack, basecamp
- si la tecnología está hecha de los mismos átomos de la naturaleza (cobre, sílice, carbono, oxigeno, hidrógeno, aluminio) y muchos la consideramos sagrada, ¿Por qué no considerar como tal a la tecnología?




 Sobre emprendimiento social
- la capacidad de emprender e innovar está enraizada y emerge de un entramado de vínculos de confianza (inspirado en una lección sobre Conectividad y estrategias sistémicas de Urs Jagger, Felipe Symmes)
- que algunos sueños tienen vida propia, pero necesitamos sostener el silencio y el vacío con otros, para que pueda nacer lo que quiere emerger. 
- Sostener ese silencio requiere que en cada uno y en sí mismo trabajar el propio ego, ese que cree saber todas las respuestas, morderse la lengua, permitr que las respuestas aparezcan entre todos
- Permitirse parir un sueño en un nucleo requiere desap-ego del sueño propio. (insights post reunión con Antonia)

Sobre cursos online
- que Google Classroom, Canvas y Blackboard son bastante faciles de usar , y me gusta crear espacios de aprendizaje virtual

Sobre el patriarcado doméstico
- que un importante campo de batalla para despatriarcalizar el presente queda dentro de la casa.
- que es posible gamificar la incorporación de ciertos hábitos en familia que permitan distribuir en forma mas justa y responsable las labores domésticas
- aqui compartiré el juego que inc
- que lavar la vajilla puede ser un momento de contemplación

Sobre el trabajo personal
- que cada humano carga con sus heridas, unos consciente y otros en forma inconsciente
- que la herida se vuelve fecunda cuando se vuelve creativa.
- que transformar la energía vital y canalizarla simbólicamente en expresiones artísticas es potente, y parece que se llama sublimación.
- que cuando desarrollas la capacidad de discernir el reflejo que proyectas en el mundo, el mundo y cada elemento del entorno que te rodea se vuelve un gran y terapeutico espejo.



domingo, 10 de mayo de 2020

Lo que habita en mí



Dentro de mí
habita un depredador sexual,
un cocodrilo
programado para matar o morir
un vampiro
sediento de sangre,
un hombre lobo
hambriento de carne,
un dinosaurio
a punto de extinguirse,
un monstruo
peludo y hediondo ,
un diablillo
malvado y perverso,
un ángel caído,
culpable y arrepentido,
un asesino,
psicópata al acecho,
un mono,
loco y distraído,
un pecador,
sin remedio ni perdón
un criminal,
sin culpa ni vergüenza
un perezoso,
un glotón
un lujurioso,
un soberbio,
un avaricioso,
un cobarde,
un solitario,
un incomprendido,
un niño herido,
un ángel de la guarda,
un pedazo de cielo,
un explorador perdido,
un alquimista olvidado,
un mago sin varita,
un peregrino sin rosario,
un quijote sin su sancho,
un revolucionario sin metralleta,
un conquistador sin oro ni naves,
un poeta sin premios,
un caminante sin bastón,
un montañero sin montañas,
un profesor sin alumnos,
un amigo sin amigos,
un maestro en búsqueda,
un aprendiz en cada encuentro...
un caballo de tierra,
un dragon de la buena suerte,
un guerrero collibrí,
y aun en silencio,
en la quietud,
de día y de noche,
con su sombra y con su luz,
todos ellos habitan en mí.

viernes, 13 de marzo de 2020

Mariano


¿Cómo olvidar tus sandalias
tu viejo acordeón,
aquel gorro de lana
y la estola andina
sobre la blanca sotana?

¿Cómo olvidar aquella misa
en que nos invitaste
a bailar la Palabra
en una liturgia nunca antes vista?

¿Cómo no conmoverme
por tu testimonio de vida,
por la radicalidad
de tu amor por la Palabra?


¿Cómo no inspirarme 
con tu legado de humanidad
y profunda esperanza
en La Legua, en Chiloé,
en Villa Francia
y Pudahuel?

¿Cómo no recordarte
cantando con fuerza
en cada viacrucis
de Villa Grimaldi?

Profeta y pastor
en teología, doctor,
cura y obrero
activista y defensor
de los derechos humanos,
pobre entre los pobres,
hombre entre los hombres.

Amigo cercano
del Cristo torturado
y también del resucitado.

Signo de luz
en una Iglesia marchita
en un pueblo herido
en un mundo sin fe.

¿Cómo no abrir los ojos
ante las historias
que cuentan de ti
quienes te conocieron,
ante la huella que dejaste
en cada parroquia,
en cada población
que habitaste?

 ¿Cómo trabajar,
como en tu carta,
para convertir
cada plaza en una fiesta?

¿Cómo hacer de este país
y de este mundo
un gran baile
en que nadie sobre,
y menos el más pobre?

¿Qué pasos dar
para que este despertar
no muera munca más?

sábado, 7 de marzo de 2020

Volver a casa

(Escrito durante una caminata en la Reserva Nacional Coyhaique,
en mi último viaje antes de la pandemia)



Ñirres, lengas, coigües,
especies pioneras,
pinos negros y blancos y abetos
conviven en la reserva
como en Coyhaique
conviven colonos y afuerinos,
los nacidosycriados,
los venidosyquedados.



El leve crujir de las lengas al viento
el agudo graznido del peuco
el lejano cántico del chucao
la presencia invisible del puma.


Familias de colihues
troncos caídos
de los antaño coihues
transformándose en suelo
por la acción de hongos,
musgos y líquenes



Volver a la naturaleza
es volver a casa.
Volver al silencio
es volver a casa.

Acallar la mente
para que exprese el alma
lo que en verdad siente
es volver a casa.



Permitirme llorar
entregándome a un árbol
sentirme sostenido
acogido, contenido,
acariciado
por la piel arrugada
de su corteza agrietada…
es volver a casa.



Es volver al pecho
grande y duro
inabarcable
del Padre bueno
que me perdona
y me abraza.

Sentirme de nuevo hijo,
hijo pródigo perdonado
Recibir la ternura infinita
con lágrimas de alivio
y alegría.


Sentir en silencio
el misterio impenetrable
del coihue milenario.



Darme cuenta
de la añoranza
de mi padre,
nuestros almuerzos
y conversaciones
su silenciosa compañía
su presencia ausente,
su ausencia tan presente.


El misterio impenetrable
de los silencios de mi padre.

Viajar a veces tan lejos,
hasta el fin del mundo,
es volver a casa,
para darse cuenta
del deseo de volver a casa.



miércoles, 8 de enero de 2020

Ulises y Jesús



Dos hombres atados a un madero.
Dos reyes sin trono ni corona.
Un héroe y un antihéroe.
Un mástil y una cruz.
Vertical y horizontal.

Ambos adultos, jóvenes,
barbudos y de pelo largo.
la piel curtida por el Sol
del Mediterráneo.

Ambos fueron tentados.
Uno en el mar. El otro en el desierto.
Ambos en un retorno a casa.
Uno en retorno a la Casa del Padre.
Otro de regreso a Ítaca,
para volver junto a Penélope y Telémaco.

Uno acepta la voluntad del Padre,
traicionado, entregado, fracasado,
 juzgado sin debido proceso
condenado por la indiferencia
latigado, castigado, derrotado
sacrificado como un cordero
cuelga exhausto, cabizbajo
sufriente de sendos clavos
que atraviesan sus manos.
Víctima de la tortura
y la represión del Imperio opresor.

El otro, pide a su leal tripulación
de oídos con cera tapados,
ser atado a su mástil,
para no caer en la tentación
para evitar dejarse llevar
por el seductor encanto
de las hermosas sirenas
y su misterioso canto,
al que otros cedieron.
Tenso, con los dientes apretados,
los puños apretados,
el pecho apretado,
Diría que hasta excitado,
la piel doblemente salada
salpicado de sudor y mar.
Los cabos marcados
en las muñecas, 
tobillos, caderas y brazos.