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domingo, 10 de mayo de 2020

Lo que habita en mí



Dentro de mí
habita un depredador sexual,
un cocodrilo
programado para matar o morir
un vampiro
sediento de sangre,
un hombre lobo
hambriento de carne,
un dinosaurio
a punto de extinguirse,
un monstruo
peludo y hediondo ,
un diablillo
malvado y perverso,
un ángel caído,
culpable y arrepentido,
un asesino,
psicópata al acecho,
un mono,
loco y distraído,
un pecador,
sin remedio ni perdón
un criminal,
sin culpa ni vergüenza
un perezoso,
un glotón
un lujurioso,
un soberbio,
un avaricioso,
un cobarde,
un solitario,
un incomprendido,
un niño herido,
un ángel de la guarda,
un pedazo de cielo,
un explorador perdido,
un alquimista olvidado,
un mago sin varita,
un peregrino sin rosario,
un quijote sin su sancho,
un revolucionario sin metralleta,
un conquistador sin oro ni naves,
un poeta sin premios,
un caminante sin bastón,
un montañero sin montañas,
un profesor sin alumnos,
un amigo sin amigos,
un maestro en búsqueda,
un aprendiz en cada encuentro...
un caballo de tierra,
un dragon de la buena suerte,
un guerrero collibrí,
y aun en silencio,
en la quietud,
de día y de noche,
con su sombra y con su luz,
todos ellos habitan en mí.

domingo, 5 de enero de 2020

El mástil de Ulises


Advertencia de Circe a Ulises:


"Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan estas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil —que sujeten a este las amarras—, para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o los ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas. Cuando tus compañeros las hayan pasado de largo, ya no te diré cuál de dos caminos será el tuyo; decídelo tú mismo en el ánimo."



Mástil de Ulises,

húmedo y agrietado
madera añeja y resistente.

Viejo mástil,
¿Qué secretos callas?
Si pudieras hablar... ¿qué dirías?
Si pudieras... ¿qué gritarías?
¿qué pregunta me regalarías?
¿qué encantadoras melodías escuchaste?
¿por qué lo otros marineros no se ataron a ti?

¿Qué consejo secreto
me susurrarías al oído
cuando me encuentres
perdido en la niebla
con el ánimo nublado?

¿Cuál es el secreto
de atarse para salvarse?

Elegir ser preso
para no ser presa
por sorpresa de cantos de sirena
ni garras de arpías.
Esclavizarse por un
instante para liberarse
del peso eterno de la culpa.

Benditas cuerdas
que aprietan mis muñecas,
santos los cabos que
oprimen mi pecho,
magnifica venda
que cubre mi vista

Gracias, mástil
por ser maestro y tutor,
por permitirme
seguir mi pequeña odisea
mi retorno a Ítaca,
mi vuelta a casa.


martes, 24 de abril de 2018

Diosa y Medusa

Tus dones te dan poder,
tus armas te dan poder,
tu belleza te da poder
pero el verdadero poder 
no reside ni en tus dones, 
ni en tus armas,
ni en tu belleza.
Tu verdadero poder
reside en elegir 
cuándo
y al servicio de qué
usar tus dones, tus armas y tu belleza.

Las palabras, las historias y los rituales
te pueden dar poder, 
pero también pueden quitarlo, 
si les otorgas más poder 
del que merecen.

La diosa y la medusa
son ambas poderosas.

Una crea y destruye
desde el amor,
acepta incondicionalmente,
sanando compasivamente
el dolor y la culpa.


La otra crea y destruye
desde el miedo
de una princesa herida
sin querer en bruja convertida,
abusando y manipulando sin permiso
perpetuando el dolor y sufrimiento.

Pero la diosa no eres tú
ni tú eres la medusa,
ni tampoco la princesa ni la bruja.
Todas ellas habitan en ti,
y son parte de ti,
pero no eres ninguna de ellas.

Eres la conciencia 
que puede elegir 
cuándo 
y para qué 
y para quién
liberarlas.

Nadie más que tú
puede sentir 
lo que late
en lo más profundo de ti,
nadie más que tú 
puede elegir
y ése es 
tu verdadero poder.