domingo, 5 de enero de 2020

El mástil de Ulises


Advertencia de Circe a Ulises:


"Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan estas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil —que sujeten a este las amarras—, para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o los ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas. Cuando tus compañeros las hayan pasado de largo, ya no te diré cuál de dos caminos será el tuyo; decídelo tú mismo en el ánimo."



Mástil de Ulises,

húmedo y agrietado
madera añeja y resistente.

Viejo mástil,
¿Qué secretos callas?
Si pudieras hablar... ¿qué dirías?
Si pudieras... ¿qué gritarías?
¿qué pregunta me regalarías?
¿qué encantadoras melodías escuchaste?
¿por qué lo otros marineros no se ataron a ti?

¿Qué consejo secreto
me susurrarías al oído
cuando me encuentres
perdido en la niebla
con el ánimo nublado?

¿Cuál es el secreto
de atarse para salvarse?

Elegir ser preso
para no ser presa
por sorpresa de cantos de sirena
ni garras de arpías.
Esclavizarse por un
instante para liberarse
del peso eterno de la culpa.

Benditas cuerdas
que aprietan mis muñecas,
santos los cabos que
oprimen mi pecho,
magnifica venda
que cubre mi vista

Gracias, mástil
por ser maestro y tutor,
por permitirme
seguir mi pequeña odisea
mi retorno a Ítaca,
mi vuelta a casa.


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