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martes, 2 de enero de 2018

¿Y si realmente colaboráramos para regenerar?

Comienza un nuevo año. Nuevos propósitos. Nuevas ideas. Nuevos sueños. Nuevos proyectos.



Hace un buen tiempo se vienen gestando y articulando diversas iniciativas -unas alternativas y otras convencionales, unas desde dentro y otras desde fuera del “sistema”- que tienen en común el ánimo de construir un mejor futuro para todas las personas que habitamos la Tierra, nuestra casa común. Con distintos nombres y formas, se han ido conectando el enfoque Ágil y la Gestión de Conocimiento para la gestión de proyectos, los movimientos de Pueblos y Ciudades en Transición y de Permacultura para la creación de hábitats regenerativos, el Sistema B de empresas con propósito y los modelos de nuevas propuestas de negocios y economías (Negocios Inclusivos, Economía Solidaria, Economía Colaborativa, Economía Circular, Economía del Bien Común…). También se están conectando las prácticas de la Comunicación No Violenta, Sociocracia y el Liderazgo Participativo para gobernanzas más asertivas y relacionamientos más saludables a diferentes niveles.

Quienes desarrollamos acciones como líderes o artífices en estos movimientos, organizaciones e iniciativas nos preguntamos:
¿qué podría ocurrir si intencionalmente nos reunimos a conversar y aprender juntos? 
¿qué sí hemos logrado hasta ahora? ¿qué hemos aprendido como individuos? 
¿qué hemos aprendido como sistema? 
¿qué podríamos lograr si estuviéramos estratégica y efectivamente articulados?

¿Qué podemos lograr desde nuestro rol si nos atrevemos a tener conversaciones intencionales con aliados improbables al servicio de la regeneración ecosocial? 
Esta invitación a practicar el arte de convocar y cosechar conversaciones significativas alrededor de esta pregunta llega de la creencia de que podemos aprender a ser parte de un ecosistema mayor y participar activamente de su regeneración, reconociendo lo que ya existe y reconociendo nuestro rol en el sistema. También, llega del reconocimiento de que crear algo nuevo es un esfuerzo, complementario, que vale la pena cuando lo convencional -más de lo mismo- está quedando obsoleto.

Desde ahí, invitamos a aquellas personas conscientes de su rol y a aquellas que quieren descubrir o reinventar ese rol. Convocamos a aquellas que se inquietan por explorar su mayor potencial como seres humanos individuales y como miembros de un ecosistema vivo, cambiante y de retos vibrantes. Convocamos a quienes quieren sostener una conversación auténtica, con voluntad de poner sus capacidades al servicio de una evolución sistémica.

¿Para quiénes?
Este entrenamiento está dirigido a: empresarios, emprendedores, consultores, filántropos, inversionistas de impacto, líderes sociales, articuladores, líderes políticos, catalizadores de transformaciones sociales, servidores públicos, educadores...

Otras preguntas que nos convocan
¿Qué sabemos de cómo nuestras empresas, movimientos o iniciativas aprenden?
¿Cómo eso nos ayuda a fortalecer sus procesos internos, cumplir la misión y ser sostenibles?
¿Cómo nos preparamos para un ‘hoy’ regenerativo y resiliente que le dé vía a un ‘futuro’?
¿De qué seríamos capaces si llevamos nuestra colaboración al siguiente nivel?
¿Funcionaria  entretejer nuestras iniciativas y proyectos al servicio de un mejor futuro?
¿Qué conversaciones difíciles y necesarias no estamos teniendo? 
¿Cómo medimos la regeneración? ¿qué estamos monitoreando?
¿Qué queremos regenerar? ¿qué estamos degenerando sin darnos cuenta?

Sobre el Art of Hosting
El Arte de Ser Anfitriones de Conversaciones Significativas (por su nombre en inglés the Art of Hosting and Harvesting Meaningful Conversations) es una forma altamente efectiva de aprovechar la sabiduría colectiva y la capacidad de auto-organización que tiene los grupos de pequeña y gran escala. El Art of Hosting se basa en la creencia de que las personas otorgan su energía y prestan sus recursos a las cosas que más les importa, tanto en el trabajo, como en la vida. El Arte del Liderazgo Participativo, como también se le conoce, conjuga una serie de procesos conversacionales para invitar a las personas a adentrarse y tomar las riendas de los retos que enfrentan y diseñar alternativas más sabias hacia los resultados que queremos. 

Grupos y organizaciones que utilizan el Arte del Liderazgo Participativo como una práctica de trabajo, reportan mejores procesos de toma de decisiones, construcción de capacidades más eficientes y una mayor habilidad para responder rápidamente a las oportunidades, a los retos y al cambio. Las personas que experimentan el Arte del Liderazgo Participativo,declaran que parten sintiéndose más empoderados y capaces para ayudar a facilitar las reuniones y conversaciones de las que son parte, y de moverse hacia resultados más efectivos y deseables.

Qué aprenderemos
Este encuentro nos permitirá entrenarnos en el arte de convocar y ser anfitriones de conversaciones que nos interesan, en contextos que nos retan. Afinaremos la práctica de las tecnologìas sociales, los principios y metodologías del liderazgo participativo aplicadas a los desafíos y proyectos que sean llevados por los participantes.
  • Espacio Abierto
  • Café del Mundo
  • Círculo
  • Cosecha 
  • Diseño para la Acción Sabia
  • Las 8 respiraciones
  • 4 Pilares de la Práctica
  • Espacio Caórdico
  • Proceso U, Presencia y Silencio
  • Juegos Cooperativos
  • Danzas Circulares

El Programa incluye:
  • 3 días de entrenamiento
  • Refrigerios y almuerzos
  • Materiales
  • Guía del Participante
  • 1 sesión de seguimiento (un mes después)

¿Dónde?
Casa de Oración Los Dominicos


¿Cuándo?
1, 2 y 3 de marzo de 2018
Jueves 1 y Viernes 2 de marzo desde las 09.00 hasta las 19.00
El sábado 3 de marzo  de 9.30 hasta las 17.00

¿Cómo participar?
2.- Transferir tu aporte a la cuenta 27070044841 del Banco Estado, 
Cuenta Vista – Chequera Electrónica. 
A nombre de Pablo Villoch Consultoría y Capacitación EIRL. 
R.U.T: 76.048.018-5
3.- Enviar copia de recibo a pablo@glocalminds.com

Inversión:
190.000 pesos chilenos. 
Valor por pronto pago 155.500 pesos chilenos hasta el 30 de enero de 2018.
Aplica también para grupos de +3 personas.


domingo, 28 de mayo de 2017

¿Cómo aprender a ser una organización que aprende?

La aceleración de los avances tecnológicos en robótica e inteligencia artificial está sentando las bases de un nuevo modo de entender el trabajo. Llevamos en nuestros bolsillos  smartphones y aspiramos a vivir en Smart Cities. Son comunes en ciertos círculos los términos de “computación cognitiva”, “machine learning” o “deep learning”. Por su parte, los avances en astronomía nos han llevado a explorar la posibilidad de encontrar un día formas de vida en otros planetas. Sin embargo, me pregunto si en lugar de buscar vida inteligente en otros planetas, no deberíamos preocuparnos primero por la vida inteligente sobre el nuestro y ocuparnos en desplegar la inteligencia colectiva en nuestras organizaciones para abordar sabiamente los desafíos que enfrentamos como humanidad.

Hace algunos años, en un webinar con jóvenes líderes en el norte de Europa, el reconocido experto estadounidense Peter Senge, nos confesaba a los asistentes cómo había evolucionado en su enfoque desde “Learning Organization” a “Organizational learning”, esto es, desde la “Organización que aprende” hacia el “aprendizaje organizacional”.

Al convertirse en un concepto de moda durante los años 90, muchas empresas e instituciones deseaban ser “organizaciones que aprenden” para aparentar ser inteligentes, posicionándose como modernas y no quedarse fuera del tren de la última moda del management. Sin embargo, una difusión superficial del término, llevó a que fuera percibido por muchos como un adjetivo, como una categoría binaria que se poseía o no se poseía. O eras una “organización inteligente que aprende” o “no lo eras”. Esta comprensión omitía lo más relevante, que es el proceso de aprender colectivamente a partir de la experimentación y la reflexión individual, grupal y colectiva.

Han pasado más de veinte años y aún hoy me encuentro con frecuencia, especialmente en mis proyectos de consultoría en el ámbito educativo, el concepto aún vivo de “comunidad que aprende”. Y nuevamente me encuentro con la misma simplificación, ya sea de un anhelo percibido como inalcanzable, o bien de una declaración formal sin sustento de evidencias en la  práctica. Sin embargo, si entendemos el  aprendizaje como un fenómeno emergente a partir de la coexistencia de ciertas condiciones, este proceso puede ser facilitado e incluso acelerado de modo mucho más asequible.

Aunque pueda parecer un juego de palabras, o tan solo una perogrullada, es posible aprender a ser organización que aprende. A ser organización que aprende, se aprende en el acto de aprender colectivamente. El aprendizaje colectivo implica un comportamiento adaptativo ante los variantes estímulos del entorno. Este comportamiento adaptativo proviene de sucesivos ciclos iterativos de experimentación activa, observación reflexiva, conceptualización abstracta y aplicación práctica.

Así como un etólogo distingue aprendizaje en un animal cuando presenta un comportamiento distinto ante un estímulo del entorno, una organización aprende cuando es capaz de transformar y mejorar adaptativamente sus prácticas, sus sistemas de gestión, sus modelos de negocio, sus procesos productivos, sus estilos de relación como respuesta a los desafíos de su entorno. Para poder sentir oportunamente las tensiones del entorno –brechas entre lo existente y lo deseado- las organizaciones deben dotarse de órganos sensitivos, que pueden tomar forma de encuestas, formularios online, instancias de diálogo, focus groups, monitoreo de redes sociales, u otras instancias y canales para escuchar las necesidades, intereses y expectativas de cada una de las partes interesadas. Junto con ello, Dee Hock plantea que las organizaciones también necesitan dotarse de una estructura flexible, la mínima necesaria para poder cumplir con su propósito. En el momento en que la estructura es mayor de la necesaria, la propia supervivencia del sistema se pone en riesgo por el anquilosamiento de sus procedimientos (la esclerotización de la tecnoestructura, en palabras de Antonio Freije)

Para que las tensiones sentidas sean movilizadoras de cambios, se requiere construir una cultura abierta al aprendizaje libre de miedo, donde se valide sistemáticamente el error como una oportunidad genuina de aprendizaje  y motive sistemáticamente la experimentación, la reflexión y la acción. La construcción de una cultura con esos rasgos será resultado de un liderazgo sistémico que acoge e inspira una visión compartida, acompaña y transforma. Pero no basta con una flexibilidad estructural, también es clave la flexibilidad cognitiva y narrativa, para poder ir modificando, ampliando o reemplazando unos modelos mentales obsoletos por otros más pertinentes para el momento en que vivimos. Un alto grado de diversidad en los equipos permitiría poder distinguir oportunidades frente a las que una cultura endogámica mantendría puntos ciegos.

En el último tiempo, se han difundido numerosas prácticas de diversos ámbitos que permiten facilitar y agilizar los procesos de aprendizaje colectivo:

  • En el mundo del desarrollo de software e ingeniería de sistemas, se ha difundido durante los últimos años un conjunto de principios y prácticas ágiles, que incorporan una lógica iterativa que permite acelerar los procesos de aprendizaje grupal en el desarrollo de proyectos.
  • Desde movimientos diversos como cooperativas,  ecoaldeas y empresas sociales de la nueva economía regenerativa nos llega una versión actualizada de la sociocracia que también permite profundizar la responsabilidad compartida en los procesos de llegar acuerdos, con claridad de roles y efectividad, permitiendo el despliegue de la inteligencia colectiva.
  • En el ámbito del emprendimiento se han difundido masivamente enfoques como el Design Thinking y Lean Startup que se basan también en la iteración permanente para garantizar el contraste continuo de hipótesis a partir de evidencias. 
  • Entre quienes cultivan el conjunto de prácticas denominadas Art of Hosting, o el Arte del Liderazgo Participativo, también es común escuchar la distinción de la inteligencia colectiva como un fenómeno emergente que se evidencia cuando se propician ciertas condiciones de autenticidad, conexión con el propósito, seguridad, polinización cruzada, inclusión de la diversidad, libertad con responsabilidad, preguntas significativas y mecanismos de visibilización del pensamiento y su recolección, permitiendo a los grupos aprender juntos a construir el futuro que verdaderamente desean vivir.