"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia y sacarle todo el meollo a la vida, para no llegar a la muerte y descubrir que no había vivido." (H.D. Thoureau)
La lectura central del encuentro era la parábola del Buen Samaritano. La tradicional pregunta de ¿Quién es mi próximo? se había reformulado la pregunta por ¿a quién me aproximo?¿a quién me hago cercano?
Me invitaron a reflexionar y compartir mi mirada respecto a la posibilidad de entender la naturaleza como prójimo. Dado que contábamos con traducción no simultánea al portugués, debía hablar con frases breves, lo que me permitía desacelerar mi habitual atolondrado modo de hablar y pausar mientras el traductor traducía al portugués me permitía pensar mejor lo que iba a decir, entrelazando pensamientos basados en pensamientos de Joanna Macy, Daniel Christian Wahl, Francisco de Asís, entre otres. Voy a transcribir aquí algunas de las reflexiones que compartí en aquella instancia.
Muchas gracias por esta presentación. Es para mí un gran honor compartir con ustedes. Siento un gran cariño por la comunidad de Taizé. Participé en muchos encuentros en Taizé (1997 y 1998), en Barcelona (2000), en Cochabamba (2007) y Santiago de Chile (2010). Nací y crecí en el País Vasco, en el Norte de España y llevo 20 años de mi vida viviendo en Chile.
Por mi trabajo como facilitador de procesos de diálogo para la sostenibilidad, con frecuencia debo viajar y conocer diversos territorios. Cuando trabajo escuchando a las comunidades, escucho el dolor de las personas que viven más cerca de la tierra. Escucho el dolor de los campesinos, escucho el dolor de los pueblos originarios y de las comunidades locales. Escucho cómo se preocupan cuando los ríos se secan, cuando sus animales se mueren por no tener agua, cuando se preocupan cuando los glaciares se derriten, cuando los océano se contaminan por plásticos. Me toca recorrer desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia en el Sur, en las comunidades de alta montaña y sindicatos de pescadores artesanales. Y allá adonde voy, encuentro gente humilde, empobrecida y dolida por el dolor de la Tierra.
Por eso, esta pregunta de ¿a quién me aproximo? es una pregunta muy profunda que abre el corazón. A veces creemos que las zonas de sacrificio, los territorios donde las comunidades sufren por la contaminación están muy lejanas. Cuando vivimos en la comodidad de la ciudad, no vemos como prójimo a las zonas de sacrificio. Y es muy importante sentirlas próximas. Acercarnos a ellas para sentir su dolor.
Cuando nos conectamos con otro, también nos encontramos conectamos con nosotros mismos. Cuando nos conectamos y vamos al encuentro de la naturaleza, también nos conectamos con nosotros mismos. Por tanto, es una experiencia religiosa. Conectar con la gente y conectar con la naturaleza es una experiencia que re-liga, re-conecta, que nos conecta con uno mismo, y con Dios. Por eso escuchar el dolor de la Tierra y escuchar el clamor de los Pobres es también escuchar nuestro propio dolor. Y solo sintiendo es dolor es posible avanzar hacia la esperanza. Una esperanza activa. No solamente una esperanza pasiva de quedarse esperando, sino una esperanza en acción.
Cuando enseño Sustentabilidad en las universidades, muchas personas que trabajan en empresas me preguntan cómo contaminar menos, cómo reducir su impacto ambiental. Y a veces respondo que contaminar cada vez menos sigue siendo contaminar, así como robar cada vez menos sigue siendo robar.
Ha llegado un momento en que la Sustentabilidad ya no es suficiente. Es muy importante, pero ya no es suficiente. Es importante avanzar hacia la Regeneración.
Recuerdo la historia de Francisco de Asís, cuando se encuentra frente a la cruz de San Damián y escucha que Dios le dice "Mi casa está en ruinas. ¿No ves que mi casa se derrumba?" Y Francisco pensó que tenía que arreglar esa iglesia. Después cuando volvió, después de un tiempo de haber arreglado aquel templo. Francisco escuchó de nuevo la voz: "¿No ves que mi casa está en ruinas?". Y ahí entendió que no era solo aquel templo, sino que era también la Iglesia. Hoy, nuevamente, cada vez que viajo y converso con la gente empobrecida que siente el dolor de la Tierra, escucho esa misma voz que pregunta: "¿No ves que mi Casa está en ruinas?" pero ahora es la casa común que está en ruinas.
Cuando lo conectamos con la lectura de hoy del Samaritano, leemos que el Samaritano, "se acercó y curó las heridas". Entonces ¿Qué significa hoy reconstruir la casa común? ¿Qué significa sanar las heridas de nuestra Tierra?
Para mí significa acercarme a la tierra. meter las manos y los pies en el barro, arremangarse, y ponerse en acción regenerativa. La Naturaleza tiene la capacidad de regenerarse, pero los humanos estamos reduciendo las capacidades de la Naturaleza para regenerarse. Por eso es importante dejar de hacer todo aquello que disminuye la capacidad de regenerarse de la Naturaleza, y ponernos en acción para ayudar a reconstruir las condiciones que sostienen la vida.
¿Por qué nuestra generación está dispuesta a renunciar a su estilo de vida para salvar a nuestros abuelos de la pandemia, pero no lo hacía para salvar a nuestros hijos o nietos frente a la amenaza contundente del cambio climático?
Por Alejandra Vásquez y Pablo Villoch
El Informe Brundtland (1987) define el desarrollo sostenible como aquel que trata de satisfacer las necesidades de la actual generación, sin poner en riesgo la satisfacción de las mismas a las generaciones futuras. En 1992 en la Cumbre de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo se formulan 27 principios básicos sobre el desarrollo sostenible.
En dicha definición subyace un principio de solidaridad y equidad intergeneracional, entendiendo que las futuras generaciones tienen el derecho a una herencia adecuada que les permita un nivel de vida no menor al de la generación actual (Heywood & Watson 1995). La equidad intergeneracional puede entenderse como la responsabilidad de cada generación de dejar a las nuevas generaciones una herencia de riquezas que no sea menos que lo que ellas mismas heredaron. Por tanto, la generación actual tiene la responsabilidad de administrar el cuidado de los recursos naturales para las nuevas generaciones
En la actualidad nos vemos expuestos a un cambio climático abrupto, donde la liberación de gases de efecto invernadero, particularmente CO2, nos coloca en una situación de crisis climática, frente a la cual es necesaria una reducción per cápita sin precedentes de CO2, en particular de la emisión de estos gases por parte de países desarrollados.
Desde marzo de este año 2020, millones de personas en todo el planeta, nos encontramos - en forma obligatoria o voluntaria- dentro de casa debido a la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, para evitar el contagio y prevenir el colapso de los sistemas de salud.
Dado que este virus afecta de modo más grave a mayores de 60 años, esta crisis sanitaria nos está haciendo experimentar en carne propia el principio de la solidaridad intergeneracional. Las generaciones más jóvenes, que corren menor riesgo, han demostrado que están dispuestas a renunciar a su “libertad de salir”, y en general, a modificar radicalmente su estilo de vida, con el fin de proteger la vida de las generaciones de mayor edad.
Nace entonces una pregunta espontánea: ¿Por qué tarda en activarse la misma solidaridad intergeneracional conociendo la emergencia climática que está mermando con los recursos naturales para las generaciones futuras? o más directamente, ¿por qué nuestra generación está dispuesta a renunciar a su estilo de vida para salvar a nuestros abuelos de la pandemia, pero no lo hacía para salvar a nuestros hijos o nietos frente a la amenaza contundente del cambio climático?
Recientes estudios sobre reciprocidad y generosidad (Delton, et al 2011) mencionan que el comportamiento humano en todas las culturas conocidas está densamente interrelacionado por redes de reciprocidad o intercambio (para usar los términos de biólogos y economistas, respectivamente). En las últimas dos décadas hay evidencia experimental y neurocientífica que respalda la hipótesis de que el modo en que tomamos decisiones se manifiesta por una especialización cognitiva y motivacional, los seres humanos castigamos a aquellos que no cooperan y generamos un sentimiento punitivo hacia los no cooperadores.
Una de las respuesta que podemos dar es debida a nuestro sesgo cognitivo, nuestra “miopía cortoplacista” de mirar en menos el daño futuro que estamos haciendo hoy a las nuevas y futuras generaciones del largo plazo.
Este sesgo cognitivo llamado descuento hiperbólico, que en los últimos años, psicólogos, economistas y neurocientíficos han descrito como el comportamiento humano que nos lleva a tomar decisiones hoy como si el futuro fuera lejano o no existiera. En los estudios de la neurociencia (McClure et al 2004) descubrieron que en nuestro cerebro hay dos sistemas separados que están involucrados en tales decisiones, las partes del sistema límbico están asociadas a obtener recompensas disponibles en modo inmediato, activando un comportamiento de tipo impulsivo que se resume en la frase: “Más vale pájaro en mano que ciento (o cien) volando”. En contraste, existen regiones de la corteza prefrontal y parietal posterior que están unidas y nos llevan a tomar elecciones intertemporales, independientemente de la demora.
Apelemos a nuestra capacidad innata de seres cooperadores. Ha sido la colaboración a múltiples escalas lo que nos ha permitido evolucionar como especie. Llegó el momento de fortalecer nuestras elecciones presentes, creando conexiones neuronales y afectivas de largo plazo, que se manifiesten en la incorporación de hábitos sostenibles que transformen nuestros sistemas de producción y consumo, mecanismos que contribuyan a crear desde hoy un futuro un bienestar para las generaciones futuras.
Bibliografía
Delton AW, Krasnow MM, Cosmides L, Tooby J (2011) Evolution of direct reciprocity under uncertainty can explain human generosity in one-shot encounters. Proc Natl Acad Sci USA 108(32):13335–13340
Hardin G (1968) The tragedy of the commons. Science 162:1243–1248
Heywood, V. H., & Watson, R. T. (1995). Global biodiversity assessment (Vol. 1140). Cambridge: Cambridge university press.
McClure, S. M., Laibson, D. I., Loewenstein, G., & Cohen, J. D. (2004). Separate neural systems value immediate and delayed monetary rewards. Science, 306(5695), 503-507.
Nowak, M., & Highfield, R. (2011). Supercooperators: Altruism, evolution, and why we need each other to succeed. Simon and Schuster.
Comienza un nuevo año. Nuevos propósitos. Nuevas ideas. Nuevos sueños. Nuevos proyectos.
Hace un buen tiempo se vienen gestando y articulando diversas iniciativas -unas alternativas y otras convencionales, unas desde dentro y otras desde fuera del “sistema”- que tienen en común el ánimo de construir un mejor futuro para todas las personas que habitamos la Tierra, nuestra casa común. Con distintos nombres y formas, se han ido conectando el enfoque Ágil y la Gestión de Conocimiento para la gestión de proyectos, los movimientos de Pueblos y Ciudades en Transición y de Permacultura para la creación de hábitats regenerativos, el Sistema B de empresas con propósito y los modelos de nuevas propuestas de negocios y economías (Negocios Inclusivos, Economía Solidaria, Economía Colaborativa, Economía Circular, Economía del Bien Común…). También se están conectando las prácticas de la Comunicación No Violenta, Sociocracia y el Liderazgo Participativo para gobernanzas más asertivas y relacionamientos más saludables a diferentes niveles.
Quienes desarrollamos acciones como líderes o artífices en estos movimientos, organizaciones e iniciativas nos preguntamos:
¿qué podría ocurrir si intencionalmente nos reunimos a conversar y aprender juntos?
¿qué sí hemos logrado hasta ahora? ¿qué hemos aprendido como individuos?
¿qué hemos aprendido como sistema?
¿qué podríamos lograr si estuviéramos estratégica y efectivamente articulados?
¿Qué podemos lograr desde nuestro rol si nos atrevemos a tener conversaciones intencionales con aliados improbables al servicio de la regeneración ecosocial?
Esta invitación a practicar el arte de convocar y cosechar conversaciones significativas alrededor de esta pregunta llega de la creencia de que podemos aprender a ser parte de un ecosistema mayor y participar activamente de su regeneración, reconociendo lo que ya existe y reconociendo nuestro rol en el sistema. También, llega del reconocimiento de que crear algo nuevo es un esfuerzo, complementario, que vale la pena cuando lo convencional -más de lo mismo- está quedando obsoleto.
Desde ahí, invitamos a aquellas personas conscientes de su rol y a aquellas que quieren descubrir o reinventar ese rol. Convocamos a aquellas que se inquietan por explorar su mayor potencial como seres humanos individuales y como miembros de un ecosistema vivo, cambiante y de retos vibrantes. Convocamos a quienes quieren sostener una conversación auténtica, con voluntad de poner sus capacidades al servicio de una evolución sistémica.
¿Para quiénes?
Este entrenamiento está dirigido a: empresarios, emprendedores, consultores, filántropos, inversionistas de impacto, líderes sociales, articuladores, líderes políticos, catalizadores de transformaciones sociales, servidores públicos, educadores...
Otras preguntas que nos convocan
¿Qué sabemos de cómo nuestras empresas, movimientos o iniciativas aprenden?
¿Cómo eso nos ayuda a fortalecer sus procesos internos, cumplir la misión y ser sostenibles?
¿Cómo nos preparamos para un ‘hoy’ regenerativo y resiliente que le dé vía a un ‘futuro’?
¿De qué seríamos capaces si llevamos nuestra colaboración al siguiente nivel?
¿Funcionaria entretejer nuestras iniciativas y proyectos al servicio de un mejor futuro?
¿Qué conversaciones difíciles y necesarias no estamos teniendo?
¿Cómo medimos la regeneración? ¿qué estamos monitoreando?
¿Qué queremos regenerar? ¿qué estamos degenerando sin darnos cuenta?
Sobre el Art of Hosting
El Arte de Ser Anfitriones de Conversaciones Significativas (por su nombre en inglés the Art of Hosting and Harvesting Meaningful Conversations) es una forma altamente efectiva de aprovechar la sabiduría colectiva y la capacidad de auto-organización que tiene los grupos de pequeña y gran escala. El Art of Hosting se basa en la creencia de que las personas otorgan su energía y prestan sus recursos a las cosas que más les importa, tanto en el trabajo, como en la vida. El Arte del Liderazgo Participativo, como también se le conoce, conjuga una serie de procesos conversacionales para invitar a las personas a adentrarse y tomar las riendas de los retos que enfrentan y diseñar alternativas más sabias hacia los resultados que queremos.
Grupos y organizaciones que utilizan el Arte del Liderazgo Participativo como una práctica de trabajo, reportan mejores procesos de toma de decisiones, construcción de capacidades más eficientes y una mayor habilidad para responder rápidamente a las oportunidades, a los retos y al cambio. Las personas que experimentan el Arte del Liderazgo Participativo,declaran que parten sintiéndose más empoderados y capaces para ayudar a facilitar las reuniones y conversaciones de las que son parte, y de moverse hacia resultados más efectivos y deseables.
Qué aprenderemos
Este encuentro nos permitirá entrenarnos en el arte de convocar y ser anfitriones de conversaciones que nos interesan, en contextos que nos retan. Afinaremos la práctica de las tecnologìas sociales, los principios y metodologías del liderazgo participativo aplicadas a los desafíos y proyectos que sean llevados por los participantes.
Espacio Abierto
Café del Mundo
Círculo
Cosecha
Diseño para la Acción Sabia
Las 8 respiraciones
4 Pilares de la Práctica
Espacio Caórdico
Proceso U, Presencia y Silencio
Juegos Cooperativos
Danzas Circulares
El Programa incluye:
3 días de entrenamiento
Refrigerios y almuerzos
Materiales
Guía del Participante
1 sesión de seguimiento (un mes después)
¿Dónde?
Casa de Oración Los Dominicos
¿Cuándo?
1, 2 y 3 de marzo de 2018
Jueves 1 y Viernes 2 de marzo desde las 09.00 hasta las 19.00
Durante la última semana de septiembre visitó Chile el académico del
M.I.T. Otto Scharmer,
reconocido autor de “Teoría U”, un marco para el liderazgo transformador y la
innovación profunda. Reunido en un taller reflexivo con numerosos líderes de
diversos sectores planteó una pregunta que quedó flotando en el aire: ¿Por
qué generamos colectivamente resultados que nadie desea?
Acuñaré el concepto de estupidez colectiva para
describir ese fenómeno social que se desencadena cuando un grupo genera
–consciente o inconscientemente- resultados con impactos que nadie desea, que
en el largo plazo terminan perjudicando sus propios intereses y los de la
sociedad (Cipolla).
Posiblemente, nadie se levanta cada mañana con el propósito de contribuir
deliberadamente a la insostenibilidad, al cambio climático o a la desigualdad.
Pero finalmente, en el diario vivir muchos terminamos –consciente o
inconscientemente- tomando decisiones que contribuyen a perpetuar el status
quo.
¿Qué condiciones desencadenan la estupidez colectiva?
Enumero aquí diez patrones que he observado reiteradamente a partir de mi
trabajo como facilitador en diversos países, culturas y sectores:
El
aislamiento de las élites en burbujas que les impiden sentir los impactos
de las decisiones que toman, lo que les lleva a desconectarse de la
realidad circundante
La
homogeneidad –a veces casi endogámica- de los grupos con poder, que les
dificulta empatizar con la diversidad
La
falta de transparencia, antagonismos mutuos y conflictos de interés
implícitos que gatillan quiebres de confianza
La
fragmentación de la información por diseños mecanicistas y excesos de
burocracia.
La
incapacidad de detectar oportunamente cambios del entorno y la incapacidad
de cambiar a tiempo los patrones de comportamiento
La
incapacidad colectiva de aprender de los errores, producto de liderazgos
arrogantes, que no reconocen sus equivocaciones
Contextos
emocionales marcados por el temor a ser juzgado, donde se inhibe la
autenticidad y la iniciativa
Excesivo
foco en detalles y la sobre-argumentación, que desvían la atención y la
energía
Pérdida
de vista del propósito, o desconexión del sentido profundo de misión
El
monopolio de la palabra, que no permite escuchar las voces de los
distintos involucrados en los problemas
Las
trampas comunes del pensamiento lineal, el pensamiento mágico, el
pensamiento egocéntrico, el pensamiento reduccionista, y el pensamiento
cortoplacista.
Frente a esto, las más recientes investigaciones realizadas
en el M.I.T. sobre el fenómeno de la Inteligencia
colectiva, muestran que el mero hecho de reunir a personas con un alto
coeficiente intelectual no garantiza que dicho grupo tome decisiones más
inteligentes. Dicho de otro modo, un directorio o un equipo directivo formado
por personas altamente brillantes individualmente, formadas en las mejores
universidades, puede llegar a tomar colectivamente decisiones con resultados
que nadie desea. Sin eufemismos, puede tomar decisiones estúpidas. Ocurre hasta
en las mejores familias, en las mejores empresas y hasta en los mejores
gobiernos. Y a juzgar por los hechos, es más frecuente de lo que queremos
reconocer.
La
sensibilidad social, esto es la capacidad de estar atento y consciente de
los comportamientos de otros, entendiendo por qué ellos actúan del modo en
que actúan, sabiendo tratar adecuadamente con las reacciones negativas y
cómo apalancar las acciones positivas de otros.
La
distribución equitativa del turno de palabra en una conversación
Un
mayor porcentaje de mujeres en el grupo
A estas tres variables, a partir de la observación
empírica de las dinámicas grupales en procesos participativos y colaborativos,
me atrevería a añadir otras 10 condiciones que permiten el despliegue de la
inteligencia colectiva:
Contextos emocionalmente
seguros, donde las personas se sienten seguras de mostrar sus
vulnerabilidades con autenticidad
Grupos
pequeños que no inhiban la expresión de miembros introvertidos
La
posibilidad de visibilizar sus procesos cognitivos ya sea mediante pensamiento
visual, registro gráfico con dibujos y esquemas en una pizarra, mapas
mentales o similares
El
uso de mecanismos y dispositivos de registro que les permite dotar de
trazabilidad a sus procesos decisionales y creativos.
Finalmente, si verdaderamente anhelamos movilizar nuestra
sociedad hacia un futuro más sostenible, resulta urgente fortalecer y
multiplicar las capacidades de liderazgo y colaboración que nos permitan
evolucionar colectivamente, conservando aquello valioso que queremos conservar,
transformando lo que es necesario cambiar, pero sobre todo, aprendiendo
juntos a co-crear un futuro donde todos queramos convivir.
El año del Mono de Fuego prometía ser desafíante. Y de veras que lo fue. Mucha gente recuerda este año 2016 como algo difícil, complicado, lleno de noticias inesperadas y escalofriantes: el Brexit en Reino Unido, el NO en Colombia, la elección de Trump en EE.UU, atentados terroristas en distintas partes del mundo, desastres naturales, muertes de reconocidos artistas y famosos, además de la guerra en Siria, la crisis de los refugiados...
Sin embargo, es importante honrar y reconocer con gratitud lo positivo tanto a nivel global como personal. El Acuerdo de París contra el Cambio Climático, la entrada en vigencia de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, el acuerdo de Paz de Colombia... Como ya viene siendo habitual en los últimos años (2015, 2014 voy a resumir en un post los hitos de cada mes, a modo de balance y registro de experiencias y aprendizajes.
Enero
El año comenzó con un memorable encuentro de Art of Hosting mates en el espacio Arco Iris, cerca de Sao Paulo, Brasil. Durante cinco días, compartimos, conversamos, aprendimos y celebramos la amistad y la práctica que nos une como anfitriones de conversaciones significativas. Allí estaban nuestros colegas Martín y Cecilia de Conversaciones para Todos, Josefina y Karen de Glocalminds, Marcela de Costa Rica, Carolina de Somos Mas, Augusto y Tamara de Co-Criar, Rowan desde Bogotá, Lina desde Chicago, Linda desde UK... y muchos otros amigos desde distintos rincones de Brasil y del mundo.
Tras unos días de vacaciones familiares en las playas del Desierto de Atacama, regresé a Santiago para co-facilitar con Mauricio Líbano una jornada de Aprendizaje Colaborativo para el CFT-IP Santo Tomás .
Durante el verano también tuve varios viajes cortos a Vallenar para coordinar el proceso de diálogo en el marco del piloto de Acuerdo Voluntario Preinversión del Consejo de Producción Limpia del proyecto Aurora del Huasco. Esto implicó facilitar sesiones educativas sobre Energías renovables y energía solar fotovoltaica, Participación Ciudadana, el Sistema de Evaluación Ambiental. En los meses siguientes, tuvimos sesiones de diálogo entre la empresa Sowitec y los actores clave de la comunidad local, incluyendo juntas de vecinos grupos ecologistas, comunidades diaguita y microempresarios.
Febrero
Febrero fue el mes en que comenzamos a habitar el espacio #glocal, llenándolo poco a poco con mesas, sillas, cojines, pizarras, libros, materiales, con la contribución de cada miembro de la comunidad.
Dediqué febrero a tener conversaciones con amigos, para explorar posibilidades y dar a conocer el nuevo espacio glocal
Junto con Josefina, comenzamos a acompañar a la Viña Matetic en la construcción de un nuevo relato coherente de los atributos de su marca
Iniciamos conversaciones con Sara Flores para impulsar un núcleo glocal en México.
Marzo
Junto a Karen y Josefina, co-facilitamos un Café Mundial para que la Mesa de Sostenibilidad de la Cámara de Comercio de Santiago definiera el formato, sentido y preguntas del encuentro de lo que después se denominaría "Diálogos por un Chile Sostenible"
Comenzamos con la difusión del programa formativo #ArtedeFacilitar
A fines de marzo tuvimos la Fiesta de inauguración del espacio #glocal
Vendimos nuestro auto y estuvimos varios meses de peatón urbano.
Fuimos al Makerspace con Amanda y Salvador para al testeo de PLEIQ, unos juguetes con realidad aumentada.
Abril
Participé en la Formación de Facilitadores del proceso participativo territorial para apoyar los Encuentros Locales Autoconvocados y Cabildos Ciudadanos en el proceso de la Nueva Constitución para Chile, que tuvo lugar en la emblemática Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.
Participé como invitado en una pecera para reflexionar sobre el perfil del extensionista en el siglo XXI en el Foro RELASER Chile de la Red Latinoamericana de Servicios de Extensión Rural.
Fui invitado a ser miembro del Consejo de Innovación de la Fundación Colunga
Impartí el primer módulo del #ArtedeFacilitar, "¿Cómo aprendemos los humanos?"
Mayo
Facilité un encuentro de Art of Hosting en el Centro de Emprendizaje de la Universidad Austral en Valdivia, en el que participaron docentes, académicos y profesionales de la comunidad educativa.
Recibimos a Hans Gutierrez de DH-Facilitadores en glocal, quien vino a facilitar el módulo de Conducción de Grupos en el #ArtedeFacilitar.
Junio
Participé en el encuentro de la Red de Hacedores de Valparaíso, impulsado por el núcleo de creatividad de la Universidad de Playa Ancha, liderado por Fran Keller y Eglé Flores.
Fui parte del equipo que diseñó y facilitó el encuentro "Diálogos por un Chile Sostenible", organizado en colaboración con 27 organizaciones, que tuvo lugar en la Estación Mapocho, en el que participaron más de 500 personas, sin duda, uno de los hitos más relevantes del año.
Fuimos en familia a la reserva Altos de Cantillana y nos guió Ximena Romero, ex-alumna destacada de Ecoturismo, en una inolvidable excursión a los microbosques del reino Fungi
Aprovechando la venida de la finlandesa Nina Jussila, organizamos sendos conversatorios sobre Educación Innovadora en Valparaíso y Santiago con Ivo de Knowmads, Mikel e Ibon de Mondragon y Nina de Tiimi Akatemia, con el registro gráfico de Tamara Kostetski.
Con Josefina co-facilitamos dos sesiones participativas con el Consejo Directivo de la Universidad Católica y miembros de las selecciones deportivas paras sostener conversaciones significativas.
Viajamos en familia a España, para participar en el 80º cumpleaños de mi madre, que celebramos con todos los hermanos, sobrinas y cuñadas en Estoril, Portugal. En el aeropuerto de Bilbao tuvimos un inesperado encuentro con Joan Manuel Serrat.
Comenzamos agosto facilitando sendos seminarios con el Centro Líderes Educativos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso sobre Liderazgos para la Nueva Educación Pùblica, en la que se reflexionó sobre el marco de liderazgo para los futuros directivos de los Servicios Locales de Educación, en el marco de la reforma educativa. Participaron más de 400 personas en cada seminario.
Del Consejo de Producción Limpia me invitaron a sumarme como Observador al nuevo proceso de participación temprana para un Acuerdo Voluntario Preinversión, que se desarrolla en la localidad de Romeral (cerca de Curicó), en el marco de la ampliación de una planta de compostaje industrial de Surfrut.
Facilité junto a la salvadoreña Fé Sánchez un encuentro entre los miembros del ColungaHUB
Septiembre
Fuimos con los niños a La Peña, a celebrar el cumpleaños de nuestro amigo Tito.
Con Karen viajamos a La Paz, Bolivia, para co-facilitar el II Seminario Regional de Agroecología, para construir participativamente con académicos, líderes sociales e indígenas, técnicos públicos, una agenda para el fortalecimiento de la Agroecología en América Latina y el Caribe. Este fue, sin duda, uno de los más complejos y desafiantes talleres del año, tanto por la temática, la ubicación y la diversidad de los actores involucrados.
Facilité un taller de Andragogía para académicos del Centro de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Santiago, en el marco de un proyecto financiado por el Gobierno Regional para la innovación en prácticas de inocuidad de horto-fruti-cultoras de la Región Metropolitana.
Fuimos en familia a disfrutar de la nieve en Valle Nevado.
Octubre
Con Angélica France del CPL presentamos la experiencia del diálogo temprano para el Acuerdo Voluntario Preinversión de Vallenar en el Congreso Social de la Universidad Católica, que este año abordó la temática de la Ecología Integral, a partir de la Encíclica papal Laudato Sí.
Nuevamente, a petición de Acción Empresas, volví a presentar la sesión introductoria a su Curso intensivo de Sostenibilidad.
Con Symnetics estuvimos co-diseñando la metodología para el Congreso de Colaboración y Estrategia. Sin embargo, este fue postergado para el 2017.
Participé como invitado en el lanzamiento del libro Tejeredes
Fui parte del equipo anfitrión del Art of Hosting en Lima, Perú, con Martín, Cecilia, Tito y Emy
Participé en la Convención Latinoamericana de Facilitadores CONLAF, donde facilité un Espacio Abierto con los asistentes, y recibí un emotivo reconocimiento de DH-Facilitadores por la contribución a la facilitación latinoamericana.
Facilité una sesión de networking para los empresarios asociados a la Cámara de Comercio de Santiago
Noviembre
Con casi todo el equipo núcleo glocal - Karen, Josefina, Mauricio y yo, además de Hugo- participamos en el Taller introductorio a la Sociocracia 3.0, que fue impartido con maestría por James Priest y Liliana David desde Plataforma Aúrea. Este fue un importante hito para nuestro equipo, pues nos permitió canalizar, concretar y acelerar la efectividad de nuestra colaboración.
Acompañé al equipo de Ematris, especialmente Mikel y Babi, en el diseño del proceso de cocreacion de la metodología de innovación para el FOSIS
Apoyé a ProQualitas en el diseño de un Café Mundial para ejecutivos de Ultramar.
Celebramos el 40º cumpleaños de Yohana por todo lo grande con sus amigos y familiares.
Tuvimos la visita de Naty Sarro y Nicolas Marrero, que ofrecieron una charla sobre Nomadismo Digital en #glocal. También Claudia Raffo y Aijaz Patoo compartieron el testimonio de sus viajes y emprendimientos interculturales.
Participé en los Campamentos Padre-Hija y Padre-Hijo con Amanda y Salvador respectivamente.
Y terminé el año facilitando sesiones de reflexión e inspiración con casi 300 docentes de los colegios Dunalastair, que están apostando firmemente por la innovación en su práctica pedagógica.
Aunque no las he incluido en el recuento mensual, a lo largo de todo el año, tuve varios programas de Intercultural Training para diversas empresas (BHP-Billiton, Principal Financial, BNP-Paribas, Rabobank, Dassault Systems,..)
Para 2017, seguro que se vienen varias aventuras emocionantes...
... la boda de mi amigo Luis Andrés en La Paz, Bolivia
... décimo aniversario de matrimonio en Cuba en Marzo.
... Art of Hosting Mates en Octubre en Bogotá Colombia,
... AIESEC Alumni International Conference en Cartagena de Indias en Julio
... laboratorios de innovación para mascotas,
... acompañamiento a una red de colegios teresianos
... acompañamiento al equipo de Sustentable UC
... el Llamado de la Montaña 2017 en la Sierra Nevada de Santa Marta
... la continuidad del #ArtedeFacilitar
... el florecimiento de la #escuelaglocal
Reflexiones desde la Interculturalidad y el Post-Desarrollo a partir del Encuentro de Liderazgo Participativo en Quito, Ecuador, Abril 2015
El llamado de este encuentro había sido sembrado por David en Santiago de Chile en junio de 2013. La semilla había permanecido bajo
tierra durante casi dos años esperando el momento adecuado para germinar. Tras
el encuentro de Septiembre 2014 en Cuenca, se sumaron al equipo convocante Hilda
y Carlos, lo que le permitió sostener el esfuerzo hasta poder concretarlo.
Los días previos estuvieron marcados por la incertidumbre de
cuántas personas llegarían… ¿veinte?¿treinta? ¿cuarenta? La cifra iba aumentando considerablemente a
medida que pasaban las últimas 48 horas previas. En el equipo anfitrión nos
preguntábamos… ¿Cómo co-crear un contenedor seguro para tan nivel de
diversidad? ¿Qué haremos si se evidencian algún conflicto?
El primer día comenzó con un círculo de inicio donde la
diversidad quedó de manifiesto, reflejada rotundamente. Los participantes se
inscribieron en los equipos de práctica y tuvieron una primera aproximación al
enfoque apreciativo. Durante la tarde, vivimos un Café Mundial en torno a la
Diversidad, con preguntas sobre ¿cómo pasar de la diferencia a la confianza? ¿cómo
aprovechar la diversidad como fuente de creatividad e innovación? La cosecha de
las rondas de café mundial fue muy contundente.
Durante la mañana del segundo día del Encuentro, dos
personas abrieron la jornada. No eran dos personas cualquiera. Eran un hombre y
una mujer, de una edad similar, de la misma nacionalidad, ambos ecuatorianos.
Pero hacía tan solo unas semanas, la mera posibilidad de que aquello
aconteciera, era, simplemente inimaginable.
Belén es una reconocida activista de los derechos de la
Madre Tierra. Años atrás había liderado su incorporación en la nueva Constitución
de la República del Ecuador. La Fundación Pachamama que ella lideraba había
sido clausurada un año antes por orden del Presidente de la
República.
Carlos es el coordinador de Relaciones comunitarias de una
empresa multinacional en el negocio de la exploración minera.
Y allí estaban los dos, trabajando codo a codo. Él tocaba un
tambor indígena, marcando el ritmo, evocando el pulso, el latido de la tierra.
Ella facilitó una bonita dinámica extraída de un texto de Johanna Macy.
Primero, trayendo el estrés diario cotidiano de la gran ciudad, la prisa, el
apuro, el no ver al otro. Segundo, en calma, descubriendo a través de los ojos
del otro su alma, reconociendo que en cada uno hay un llamado de sanar el mundo
y honrar la vida.
Después, en un círculo de unas cincuenta y cinco personas sentadas en
sus sillas, un abuelo shuar se levanta y exhorta:
- “Si no entiendes, ...Escucha!”
Acto seguido inicia un discurso
en su lengua nativa, del cual, los occidentales presentes en la sala solo
alcanzan a entender algunas fechas y topónimos, que eran pronunciados en lengua
española. No importaba. Dicen que más del 75% por cierto de la comunicación es
no verbal. Aunque no alcanzáramos a entender el significado de los contenidos
de su mensaje, su entonación, su corporalidad expresaban dignidad, orgullo,
presencia, herencia ancestral. Hablaba de la historia de su padre, líder de su
pueblo.
Sentí que en él hablaban todos
sus ancestros hacia atrás. Y al escucharlo en silencio, contemplándolo sin
juicio, aceptándolo como legítimo otro diferente, sentí que sanaba quinientos
años de culpa hacia atrás en mis ancestros.
Tras una hora de silencio en la
naturaleza, explorando qué preguntas están vivas en el interior de cada uno,
volvimos al círculo donde algunos compartieron su experiencia. La mayoría de
los testimonios versaban sobre lo inspirador del momento de meditación al aire
libre, sintiendo el trinar de los pájaros.
Una joven ligada al movimiento de la permacultura había escuchado el
vuelo de dos colibríes. Un líder estudiantil había tenido un momento que
describía como una iluminación. Sin embargo uno de los jóvenes shuar declaró:
-“Extrañé la selva. Aquí solo
escuché dos tipos de aves. Muy pocas plantas. Y en lugar del fluir del arroyo,
se sentía el ruido del tráfico de la carretera”
Otro shuar comentó:
-“Yo también extrañé la selva, pero miré a la planta, porque todas las
plantas tienen poder, y le dije “Planta, dame tu poder” y la planta me dio su
poder. Y ya estaba listo. No necesité más silencio.”
Cuando expliqué la Teoría U de
Otto Scharmer, un técnico local de la cooperación internacional declaró algo
así como:
-“No entiendo por qué hace falta meter el corazón para construir el
futuro. La planificación estratégica se hace con la cabeza.”
Me salió una respuesta sobre la
necesidad de inspirar –involucrar emocionalmente- a las personas a construir en
forma colectiva el futuro que desean vivir.
Por la tarde, tras el juego caórdico,
durante el Espacio Abierto, uno de los temas propuestos de conversación fue
sobre Minería en territorio Shuar. Acudieron tres jóvenes shuar, la joven de la
permacultura, una funcionaria pública técnico en participación comunitaria del
Parque Nacional de Galápagos y quien suscribe. Fue interesante darse el tiempo
para escuchar. Dentro del pueblo shuar existen diferencias respecto a aceptar o
no la exploración minera en su territorio.
Un joven shuar declaraba:
- -“Nosotros
también queremos tener colegios, hospitales, ir a la Universidad y ser
ingenieros shuar, geólogos shuar... Queremos progreso para nuestro pueblo.”
Personas ligadas a la minería
comentan que la minería no es la que provoca el conflicto con la comunidad.
Argumentan que los conflictos internos que subyacen en la comunidad se
manifiestan, se hacen patentes con la llegada de la minería al territorio. Por
eso Carlos refuerza que el diálogo al interior de la comunidad es tan
importante como el diálogo entre la minera y la comunidad.
Frente a tal declaración, una
joven ligada al movimiento de la permacultura, con su trenzas y falda florida –(digna
representante del vmeme verde)- le confrontaba:
- - “Pero
nosotros ya tenemos colegios, tenemos hospitales, tenemos desarrollo… y eso no nos hace más felices! …vivimos
estresados en ciudades de cemento, respiramos un aire contaminado y ya no oímos
los trinos de los pájaros ni el fluir del arroyo.”
Yo escuchaba atento, en silencio,
este debate entre el “Desarrollo” y el “Post-desarrollo”, entre la ingenuidad
de quien aún cree en el discurso de la modernidad que le han transmitido las
empresas, y la profunda decepción
post-moderna que sospecha que tras la ilusoria promesa del progreso material no hay
más que decadencia espiritual y degradación ambiental.
Por su parte, la
funcionaria experta en participación ciudadana les interrogaba desde el
conocimiento profundo de los derechos indígenas, y los procedimientos legales
de participación ciudadana para la evaluación de impacto ambiental de los
proyectos de inversión. Una mirada más bien regulatoria desde el Estado. (vmeme
Azul)
Al tercer día, tuvimos por la
mañana la enseñanza de “las 8 respiraciones” seguida del “Diseño para la acción sabia”, donde apoyé
un par de proyectos relacionados con la apertura de Espacios Libres de Violencia
en Quito, con el propósito de contribuir a una Cultura de Paz y buen trato (en
colegios, en las familias, en el transporte público, a los animales…) y un
programa de apoyo a jóvenes emprendedores sociales del Impact Hub de Quito,
ImpaQto. Otro de los proyectos que surgieron fue precisamente una plataforma de
diálogo intercultural sobre minería en territorio shuar y una iniciativa de la
subsecretaría de Minería para comunicarse con las comunidades locales.
El cierre de la jornada comenzó con
una alegre danza shuar en la que un alto consejero de gobierno bailó junto al
sabio shuar, seguido de un simple y bello ritual de cosecha donde cada
participante pudo escribir y compartir sus aprendizajes y hallazgos más
significativos en el círculo final.
Cuando recibí la invitación por
las redes sociales, lo primero que me llamó la atención fue el dibujo de aquel
vistoso y colorido colibrí junto a la montaña verde. El corazón del colibrí es el más grande del
reino animal, en proporción a su tamaño. Solo un corazón así le permite agitar
sus alas a tal velocidad. Y fue así como mi corazón de colibrí saltó de alegría
con la mera posibilidad de asistir al encuentro.
El lugar elegido, el territorio
del Pueblo Misak en el resguardo indígena de Silvia, Guambia, en las montañas
del Cauca era muy significativo. El Cauca ha sido una región muy golpeada por
la guerra que se vive en Colombia durante décadas, llegando a ser considerada
como zona roja. A su vez, el
territorio Misak ha sido el corazón del movimiento indígena por la defensa del
territorio y la identidad.
En el terminal terrestre de Cali
coincidí en el bus con otros participantes del encuentro, fácilmente reconocibles
por la vestimenta y las grandes mochilas. Las instrucciones eran claras y
precisas. Unas tres horas hasta Piendamó por carretera, atravesar caminando el
pueblo hasta tomar otro bus a Silvia y en el parque de Silvia tomar un jeep o
colectivo hasta la Misak Universidad.
Cuando llegamos, ya había
comenzado la primera plenaria, en la que Beatriz Arjona del Consejo deAsentamientos Sustentables de las Américas estaba relatando la historia desde
el primer Llamado. Las autoridades Misak presentes también dieron su bienvenida
y se realizaron los correspondientes rituales y ceremonias de inicio.
Mientras armaba la tienda de
campaña, vislumbré a mi amiga Zulma, a quien no veía desde hacía cinco años en
Karlskrona, y nos fundimos en un alegre abrazo. Su pareja, Rowan me entregó unos
frutos secos y una granadilla para paliar el hambre del viajero. Tímidamente,
le pregunté a Zulma:
-“Y esto cómo se come?” -“No hay forma decente de comerse
una granadilla” – me respondió.
En un comienzo nos decían, “Por
favor, eviten fotografiar los rituales sagrados”. Después eran los misak
quienes nos fotografiaban con sus tablets.
Tras la cena, los “médicos” locales
prescribieron un “refrescamiento”
para armonizar energéticamente a
todos los recién llegados con el sentir del territorio. Esa fue una impactante
inmersión cultural en la cosmovisión Misak. Según logré entender, según su
creencia, el Territorio Misak como ente siente tu presencia, tu respiración, tu
latido del corazón, si gritas, si vienes con miedo... y el cambiante microclima
local es una respuesta al estado anímico de los visitantes. Ya era de noche y
los médicos se habían instalado en un
extremo de la cancha para realizar su ritual. Un fueguito, hojas de coca, un
pagamiento a la Pachamama y probablemente otras sustancias desconocidas. Nos
pidieron colocarnos sentados en una fila curva en media luna y esperar,
esperar, esperar…. Esperar. No podían decirnos si serían diez minutos, media
hora o más. Se demorarán lo que se tengan que demorar. Bienvenidos al tiempo
Misak. Kairós llamaban los griegos al
tiempo divino o tiempo emocional. Pasaron varias horas. Opté por no mirar el
reloj del teléfono celular. De hecho, opté por apagarlo, pues no tendría cómo
cargar batería durante la semana. Algunos tocaban flautas, otros guitarras,
algunos comenzaron a cantar.
Otros permanecíamos en silencio,
tratando de mantenernos presentes, con la mente abierta, suspendiendo los
propios juicios –en mi caso venían juicios como neohippismo, vmeme verde, boomeritis, tapón evolutivo-, sintiendo
progresivamente el frío, la humedad y el entumecimiento del cuerpo. Por breves
momentos, una leve brisa abrió un claro entre las nubes y pudimos contemplar con regocijo y admiración
las estrellas que titilaban al son de la sinfonía de grillos que nos circundaba.
Qué bendición.
Por fin aparecieron los brujos. A esa hora pude concluir que su
figura se acercaba más a ese arquetipo ancestral que a la concepción occidental
de médicos. Uno a uno, entregaban
hojas de coca e invitaban a lavarte las manos y rostro. Su presencia realmente traía simbólicamente lo
sombrío del inconsciente.
A la mañana siguiente, tras el
desayuno y tras una muestra de bailes folklóricos postergada a causa del
refrescamiento, comenzó el plenario “Territorio, Sustentabilidad y Buen Vivir”,
moderado por el señor Hildebrando Vélez, tan reconocido como perseguido
activista y académico ligado a las causas socio-ambientales. Representantes de
diversos pueblos originarios presentes en Colombia compartieron sus
testimonios, con algunas perlitas de sabiduría ancestral. Auténticos tesoros
humanos vivos, portadores de cosmovisiones milenarias. Sentí como un milagro
que perduren tras más de cinco siglos de resistencia. Zulma con sus rotuladores
de colores iba registrando la síntesis visual de los contenidos sobre papel kraft.
(incorporaré aquí imágenes de las anotaciones de la
moleskine)
La metodología elegida para el
evento, el denominado Consejo de
Visiones, permitía que cada participante pudiera elegir una temática o más para
profundizar. Entre las temáticas posibles estaban:
-Consejo de Educación
-Consejo de Ecología y permacultura
-Consejo de Asentamientos Sustentables
-Consejo de Sanación, Espiritualidad,
ancestralismo, consejo de mayoras y mayores
-Consejo de Jóvenes
-Consejo de Niños
-Consejo de Economía Solidaria
-Consejo de Arte y Cultura
-Consejo de Redes y Movimientos Sociales
Por la mañana fui al consejo de
Asentamientos Sustentables, pues tenía curiosidad por escuchar de mecanismos de
convivencia y resolución de conflictos usados en ecoaldeas y aprender más de
modelos como la holocracia y sociocracia. La primera sesión consistió en una
meditación guiada, prestando atención a la respiración. “Tu cuerpo es tu territorio primordial” “Pestañear conscientemente,
mirando hacia fuera, mirando hacia dentro”
Por la tarde, acudí al Consejo de
Educación, que era dinamizado por Zulma, Rowan y Paola. Durante la sesión, dos
mayores Misak docentes de la Misak Universidad nos expusieron cómo se organiza
la autoridad, su sistema educativo y sus vínculos con el sistema familiar,
productivo y político-administrativo. Uno de los ponentes, profesor de
Administración articuló su propuesta de la Minga como Modelo gerencial. Al
conversar con uno de sus estudiantes, le pregunté cómo hacen en su educación
para conectar a las personas con la naturaleza. Su respuesta me sorprendió
profundamente:
“La conexión con la tierra
comienza desde antes de la concepción. Antes de concebirme, mi madre soñó con
un colibrí. Y cuando nací, mi madre sembró mi ombligo en el huerto, junto
a nuestra casa”.
La sesión culminó con un inspirador círculo en el que cada
asistente declaró cuál debiera ser un ingrediente para construir una educación
consciente que reconecte con la naturaleza, con la vida.
(transcribiré aquí cosecha del
cuaderno)
La segunda noche mágica nos
sorprendió con una obra de teatro presentada por una compañía familiar de una
eco-aldea. No recuerdo el título, creo recordar algo relacionado con el cuarto
sol de los mayas. La representación era
de una impactante belleza visual, reforzada por la simbólica presencia del
abuelo fuego al centro del aforo. Tras una impactante entrada de escenas que
mostraban la decadencia humana marcada por la violencia y el abuso, progresivas apariciones de elementos naturales
como el agua, el fuego, el planeta iban desnudando progresivamente a un hombre,
quitándole capas de vicio, gula, arrogancia, ignorancia y otros males.
Tras la obra de teatro, un grupo
musical Misak con su vestimenta tradicional –mallku gris, falda azul, bufanda,
bombín negro- preparó sus instrumentos – guitarra eléctrica, bajo, batería…- y
cuando comenzaron a tocar algo parecido a rancheras mexicanas, yo me sentí
abrumado por tanto eclecticismo. Ya me disponía a hacer mutis por el foro y
retirarme a mis aposentos, cuando sentí que una mano me agarraba de la muñeca
arrastrándome hasta la pista de baile. Así, casi sin darme cuenta, terminé
bailando el frenético ritmo de la carranga
campesina por primera vez con mi amiga Zulma. La cucharita, la gallinita..
El viernes por la mañana, el
panel se titulaba “Territorio y Procesos de Paz”. Esta vez don Hildebrando hizo
algo más que repartir el micrófono. Invocó a los ausentes, los caídos, los desaparecidos... Pidió un minuto de
silencio por los 43 estudiantes cruelmente asesinados en Ayotzinapa, México. Y declaró
unas palabras que aun retumban en mi pecho.
Aquí estamos los que cuidamos los páramos.
Aquí estamos los que cuidamos el agua de los ríos. Aquí estamos los que
cuidamos las nubes que nos regalan la lluvia. Aquí estamos los que cuidamos las
semillas… Ahó!
Esto fue solo una señal, un
anticipo de lo que sería una intensa, vibrante y profunda mañana de presencia
colectiva, de testimonios que tocan el corazón, de voces quebradas y ojos
brillantes. Creo que fue en ese momento
cuando tres músicos misak tocaron el tambor
y la quena. En silencio, de pie, sintiendo la música del llamado de la montaña,
yo ya no pude contener mi llanto. Como en un suspiro, brotaron en mi todos los
momentos en que había sentido en mi vida eso que llamaba sin saberlo, el
Llamado de la Montaña. Vinieron a mí recuerdos –algunos de ellos casi
olvidados- de las primeras montañas que subí en mi niñez con Gazte Makaldia, de
los primeros círculos de silencio por la paz allá en la plaza de mi barrio en
el País Vasco, del dolor, la rabia y el coraje despertados por la violencia, vinieron
a mí escenas los paisajes de la sierra Norte de Oaxaca en México y la comunidad
de Cuajimoloyas, del trabajo en Farellones y del cuidado del Santuario de YerbaLoca en Chile… y de pronto, al son de aquella quena y al latido de aquel
tambor, lo supe. El llamado de la Montaña es el llamado a trabajar por la Paz,
por la interculturalidad, por la sostenibilidad, la regeneración, la convivencia en armonía
entre humanos con toda forma de vida. El llamado de la montaña no es un llamado
que hacen los humanos, es un llamado que hace nuestra Madre Tierra, a
cuidarnos, a sanarnos, a reconciliarnos, a honrar y custodiar pasado, presente
y futuro.
A ese breve y profundo momento
musical siguieron los testimonios de algunos
líderes indígenas y mestizos que compartieron con emoción sus historias
de vida y lucha por la dignidad de sus pueblos, las mujeres, la defensa de las
semillas, de los derechos humanos. Gloria Cuadras –ex alcaldesa de Apartadó un pueblo que
sufrió una horrible masacre- nos hizo llorar a muchos con su relato,
especialmente cuando mencionó los dibujos de una niña testigo del
sufrimiento. Y finalmente Jorge Calero, que
apeló a la responsabilidad que tienen las eco-aldeas en contribuir a los
procesos de paz en Colombia.
Terminado el panel, nos fuimos a
sembrar árboles a una ladera en la orilla del río Piendamó. Allí coincidí con
Lina, de la Asociación de Egresados de Uniandes, a quien había conocido unos
días antes durante el taller Cocrealab de innovación colaborativa para la sostenibilidad organizado por el nodo glocal de Cali.
Por la tarde, después de un
frugal almuerzo, tuvimos la sesión del Consejo de Educación. En esta ocasión,
estábamos sentados en el tipi, con el fuego –abuelo fuego- al centro. Usamos el
método de pecera (fishbowl) para compartir historias de distintas iniciativas
de educación alternativa. Comenzó Jorge, compartiendo su experiencia con la
Universidad Gaia, que ofrece cursos virtuales de pre y posgrado en diseño
regenerativo de asentamientos sustentables.
Después tomaron la palabra la
fundadora y directora del Colegio Alas de Cali -inspirado en la pedagogía para la paz- y un académico de la Universidad del Valle que desde la InvestigaciónAcción Participativa, los trabajos de Orlando Fals Borda, Paulo Freire y otros, había
acompañado el surgimiento de la Misak Universidad durante décadas,
relacionándolo con el emerger de otras universidades indígenas en otros países
de América Latina.
Pero lo que marcó la diferencia
aquella tarde fue el testimonio de un abuelo, vestido enteramente de blanco,
con un gorrito blanco, proveniente de una comunidad Muiska, quien nos relató
detalladamente las enseñanzas de un mamo
de la Sierra Nevada de Santa Marta, acerca de su visión ancestral educativa de
cómo se transmite la cosmovisión a lo largo de todo el ciclo de vida, desde la
preconcepción, el nacimiento, los primeros pasos, las primeras palabras, la primera
menstruación, la primera relación sexual … hasta la muerte. “Así se
siembra la gente” repetía una y otra vez.
Cuando salimos del tipi, ya era
de noche. Habían pasado más de tres horas sentados, escuchando historias en
torno al fuego. Aunque como facilitador, nunca habría diseñado un espacio de
aprendizaje como aquel, me dejé sorprender por la presencia colectiva y la
profundidad de la escucha lograda.
La penúltima noche mágica tuvo
micrófono abierto de artistas invitados. Un gracioso malabarista italiano, un
cuentacuentos colombiano, un guitarrista corso, y el entrañable coro del
colegio Alas, que cantó dos emotivas canciones por la paz. Una joven misak estudiante
de trabajo social se me acercó entusiasta y me sorprendió al pedirme ser amigos
por Facebook.
El sábado era el día de la
acción, de la colaboración, de la Minga, organizada enteramente por los Misak.
Por la mañana nos despertaron al son de guitarras, flautas y tambores. Desayuno
rápido y partió la marcha ritual. La caracola primero, después los músicos y
las abuelas, y después todos los demás. Ojalá en dos filas, hombres a un lado,
mujeres al otro. Al igual que en otros rituales, las mujeres en su luna debían quedarse en el
campamento, con un círculo de mujeres especial para ellas. Caminamos en silencio los pocos kilómetros
que separaban el resguardo indígena de la plaza del pueblo de Silvia. Unas
cuadras más allá de la plaza nos esperaba la chiva –nombre local para camión de
sobrecargado transporte rural - que nos
llevaría al campo que íbamos a sembrar con alisos y pililén. Según la creencia local, los pililén sirven
para “sembrar agua”, pues contribuyen a preservar los pozos de agua
y humedales.
Aquí, una sincronía
significativa, mi único apellido vasco por parte de mi abuela paterna,
originario del Valle del Baztán, Alzugaray,
significa alisal alto, un bosque de alisos en lo alto. Nunca antes había
visto, tocado o plantado un aliso. Y tuve que venir hasta acá, al corazón del
territorio Misak, en las montañas de Guambia, para plantar mi primer aliso y
reconectarme con el origen de mi apellido, con mis raíces familiares.
Precisamente, ese día tomé
contacto con varios españoles. Un chico de Santander, otro de Valencia, una
catalana, uno medio andaluz. Mientras íbamos plantando los alisos y pililenes,
ya bastante sucios por el barro, comenzó un tremendo aguacero. Ante el inmenso
chaparrón, no nos quedó otra alternativa que guarecernos bajo unos árboles y
esperar durante alrededor de una hora hasta que escampara. Una vez que cesó la
intensidad de la lluvia, pudimos salir de nuestro improvisado refugio y empezar
una cadena humana de unos dos kilómetros para transportar los arbolitos hasta
su lugar de siembra. Al final de la minga logramos transportar y sembrar mil
setecientos arbolitos. Sin duda, fue
emocionante e inspirador sentir el poder de la acción con intención
regenerativa, la capacidad de la comunidad de colaborar con entusiasmo,
superando alegremente el barro, la lluvia y el cansancio en aquella minga.
De regreso al refugio, nos
esperaba una rica y reponedora sancocha, una sopita con carne, para que
volviera el alma al cuerpo, y recuperarse del frío húmedo y el cansancio.
Cuando ya estaba por fin sentado en una piedra con mi plato humeante sobre las
piernas y la boca abierta para saborear la segunda cucharada, una voz desde
lejos pidió ocho hombres fuertes para ayudar a mover una ambulancia en apuros
que había quedado atrapada en el barro. Allí
quedó la sopa. Y partí raudo al servicio. Nos juntamos varios hombres, y
finalmente resultó que había que caminar varios kilómetros hasta llegar a la
ambulancia. Más de una hora después, al volver, mi sopita ya estaba fría, así que me sirvieron un nuevo
plato de sopa caliente y lo degusté con fruición.
La última noche hubo varios
grupos musicales, incluida la infaltable carranga y otros bailes Misak. Pero la
banda que se llevó más aplausos fue una banda denominada Campo y Sabor. Cada
una de sus canciones, entrelazadas con un castizo sentido del humor y consignas
por la soberanía alimentaria, estaba
dedicada a un vegetal, planta, semilla o fruta. Así, cantaron, y sobre todo,
bailamos al son del mango, la guayaba, el lulo, la naranjilla, la papa, el
café, el cilantro, el aguacate…
A la mañana siguiente, desperté
temprano para ayudar a preparar los murales de la evaluación, en los que
diseñamos unas preguntas en español y en lengua misak, para que los
participantes volcaran sus observaciones (ver), emociones (sentir), sugerencias
(pensar), compromisos de acción (actuar). Ver sentir, pensar y actuar son las cuatro dimensiones de la existencia, según el pensamiento Misak.
La última mañana fue bella.
Amaneció un cielo radiante, como si las montañas se hubieran puesto su mejor
ropaje para honrar nuestra despedida. Danzamos tres danzas de la paz que aún
reverberan en mi recuerdo. Ayun Mapu,Newen Mapu–en mapudungun, Amor a la tierra, y Fuerza a la tierra, para agradecer al territorio Misak por su
buena acogida. Después danzamos al son de “Fuerzas de la paz” -inspirado en una
canción popular rusa- para desear la paz en Colombia y toda la tierra. Y para
terminar, “Inlakech, alaken” saludo maya que significa Yo soy tu, tú eres yo,
celebrando los lazos de aquella naciente comunidad humana. Terminó con una
veloz y alegre ronda donde todos, incluidas abuelas, niños, jóvenes y adultos cantamos,
reímos, corrimos y gozamos.
Al mediodía comenzó la instancia
de cosecha, donde cada consejo compartió sus reflexiones, aprendizajes y
compromisos. Y se celebró con una
hermosa y sencilla ceremonia de cierre, agradecimiento y despedida.
Ya en el furgón de regreso,
reíamos con Oscar, Zulma, Rowan y sus niñas, recordando mi primera granadilla,
saboreando mi primer mango –sí, de esos que te dejan hilos entre los dientes-,
mi primera carranga, mi primer aborrajado… en fin, dicen que la primera vez
nunca se olvida.
Mi pasión es entrelazar mundos, hacer malabares con todas las esferas de la vida, aprender, desaprender y emprender en esta alquimia que nos transforma por dentro y por fuera, caminar con mi familia en la naturaleza, bailar salsa, contar cuentos, viajar, conversar y facilitar conversaciones con sentido, conectar la cabeza con el corazón, la lógica con la intuición, la imagen con la palabra. Y sí, a veces, escribo poesía.