martes, 14 de junio de 2016

Management y Espiritualidad: ¿un oxímoron?

De la revista RH Management me pidieron hace un tiempo escribir sobre esta temática. Acepté ingenuamente el desafío. Sólo al escribir al título me di cuenta del oxímoron.

En los últimos años se ha vuelto un patrón común encontrar profesionales que, tras un quiebre de sentido en sus ascendentes carreras, a sus cuarenta o cincuenta años, han decidido dar un paso al lado del mundo corporativo y han elegido un camino independiente, como consultores, coaches o emprendedores. Como si de un movimiento silencioso de objeción colectiva de conciencia se tratase, es frecuente escuchar en sus historias de vida, relatos de tensiones y conflictos entre las exigencias de rentabilidad del directorio y sus valores personales. Esto nos lleva inevitablemente a preguntarnos: ¿en qué momento la racionalidad de la gestión se desacopló de la sabiduría de la conciencia?

Durante los últimos dos milenios de la civilización occidental, las religiones institucionalizadas han ostentado el monopolio de la espiritualidad. Durante los últimos siglos, hemos vivido bajo un pacto tácito de no agresión entre ciencia y teología que ha impregnado las lógicas de la empresa y la academia. Desde el nacimiento de la gestión como ciencia, la racionalidad cartesiana ha permeado el mundo corporativo, inhibiendo la expresión de aspectos más sutiles de la existencia humana.

Sin embargo, en los últimos años hemos sido testigos de una incipiente apertura –tímida aún- a incorporar una dimensión transcendente en el ámbito empresarial. Me refiero a algo más allá de tener una capilla ecuménica en el edificio corporativo o respetar los feriados religiosos. Comienzan a verse con cierta frecuencia talleres de mindfulness para ejecutivos, ejercicios de respiración consciente para el personal de servicio al cliente, sesiones de meditación guiada para centrar a equipos de ventas y profesionales que van con su mat de yoga a la oficina. 

Los cuadrantes del marco Integral de Ken Wilber,  los colores de la dinámica espiral de niveles de conciencia de Don Beck, y la evaluación de Valores de Barrett son ya lugares comunes entre consultores. Aparecen iniciativas por un Capitalismo Consciente, Empresas B con propósito, portales de “Pegas con Sentido”. Esta tendencia parece ir más allá de las modas new age y se está instalando entre nosotros.

Numerosos autores de diversas corrientes y disciplinas dan fundamento teórico a estas prácticas emergentes. Laloux denomina organizaciones turquesa (teal) a las que se centran en un propósito evolutivo, y se auto-organizan integrando la totalidad del ser en su trabajo. Tony Buzan, Robert Emmons, Dan Millman y Dana Zohar han escrito libros sobre Inteligencia Espiritual. Pensadores respetados de la Sostenibilidad como John Ehrenfeld y Chris Laszlo prefieren referirse ahora al Florecimiento. Harrison Owen escribió “El Espíritu del Liderazgo”. Otto Scharmer del M.I.T. nos invita a pasar del Ego al Eco con su Teoría U… En Chile, Cristian Figueroa de Tejeredes, inspirado por el pensamiento del académico de la USACH Osvaldo García, nos invita a pasar del Ego al Eros para activar la colaboración en la empresa. La antropóloga Patricia May propone evolucionar de la Cultura del Ego a la Cultura del Alma. El neurobiólogo Francisco Varela fue un pionero en la ciencia de la conciencia... Y podríamos nombrar muchos más autores que pueblan las librerías con un nuevo género literario entre la autoayuda y el management.


No obstante, dado que en muchas tradiciones se da un apego al ritual, existe aún cierta resistencia a dar cabida a expresiones de lo espiritual en el trabajo, y se les juzga como algo “esotérico” o “hippie”. Por ello, sugiero algunas prácticas muy sencillas:
  •           Prediquemos menos y practiquemos más.
  •          Otorguemos a palabras comunes como Misión, Valores, Liderazgo, Responsabilidad, Servicio, Comunidad, un significado más profundo accionándolas desde un sentido trascendente
  •           Sentémonos en círculo  y usemos un objeto para regular el turno de palabra
  •           Ejerzamos un liderazgo menos arrogante, más consciente, humilde y servicial.
  •           Pongámonos al servicio de un propósito superior
  •           Antes de cada reunión, tomemos una respiración consciente, y preguntémonos:
  • quién soy yo? ¿para qué estoy aquí?
  •       uando nos sintamos descentrados, hagamos una pausa, respiremos y preguntémonos: ¿qué estoy haciendo? ¿qué es lo importante?
  •       Escuchemos en profundidad a los diversos actores afectados por nuestro negocio y dejémonos transformar en esos encuentros con el otro
  •          Encarnemos en cada decisión los principios de la ética del cuidado de uno mismo, del  otro y del planeta
  •           Incorporemos prácticas conversacionales que liberen la sabiduría colectiva en lugar de inhibirla
  •           Prestemos tanta importancia al para qué y el desde dónde como al qué y al cómo

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