viernes, 13 de marzo de 2020

Mariano


¿Cómo olvidar tus sandalias
tu viejo acordeón,
aquel gorro de lana
y la estola andina
sobre la blanca sotana?

¿Cómo olvidar aquella misa
en que nos invitaste
a bailar la Palabra
en una liturgia nunca antes vista?

¿Cómo no conmoverme
por tu testimonio de vida,
por la radicalidad
de tu amor por la Palabra?


¿Cómo no inspirarme 
con tu legado de humanidad
y profunda esperanza
en La Legua, en Chiloé,
en Villa Francia
y Pudahuel?

¿Cómo no recordarte
cantando con fuerza
en cada viacrucis
de Villa Grimaldi?

Profeta y pastor
en teología, doctor,
cura y obrero
activista y defensor
de los derechos humanos,
pobre entre los pobres,
hombre entre los hombres.

Amigo cercano
del Cristo torturado
y también del resucitado.

Signo de luz
en una Iglesia marchita
en un pueblo herido
en un mundo sin fe.

¿Cómo no abrir los ojos
ante las historias
que cuentan de ti
quienes te conocieron,
ante la huella que dejaste
en cada parroquia,
en cada población
que habitaste?

 ¿Cómo trabajar,
como en tu carta,
para convertir
cada plaza en una fiesta?

¿Cómo hacer de este país
y de este mundo
un gran baile
en que nadie sobre,
y menos el más pobre?

¿Qué pasos dar
para que este despertar
no muera munca más?

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