viernes, 2 de noviembre de 2007

RAÍCES Y ALAS



"Nunca pierdas tus alas, pero tampoco tus raíces"

(Graffitti en el metro de la Ciudad de México)

Carlos, un amigo mexicano que ayudaba a los inmigrantes a integrarse en la cultura finlandesa, me dijo una vez que había interactuado con gente muy diversa de muchos países, y que había llegado a la conclusión de que existían dos tipos de extranjeros: los que están en paz con su condición de extranjero y los que no. Aquellos que ya han aceptado su condición de migrantes, nómadas o viajeros y aquellos que viven en permanente conflicto entre sus raíces y sus alas, entre su identidad y la cultura que lo acoge.

Durante un tiempo, entre México, Bilbao y Santiago, también experimenté esa desazón de vivir en tensión entre las raíces y las alas hasta que encontré la metáfora de las semillas. Una semilla puede volar con el viento, viajar, ser fácilmente transportada, pero contiene en su interior todo el material genético, toda la sabiduría acumulada durante siglos para poder echar raíces allá donde el suelo sea fértil, cuando se den las condiciones.

Para brotar, para germinar, para crecer y dar fruto, la semilla, una vez que encontró su tierra fértil y húmeda, debe vivir su invierno, pasar sus momentos de frío y de oscuridad antes de la primavera.

Por eso, cuando mis mejores amigos se van de Chile, me gusta regalarles un par de pehuén, los piñones de las araucarias, alimento de los mapuche y pehuenche, como recuerdo del arbol milenario del Sur de Chile, pero también como metáfora de la capacidad para volar y para echar raíces. Mikel a Urnieta, Suco a Ecuador, Juan Pablo a Buenos Aires, Georg a Berlín, y ahora, Sandrine a Bretaña y Salma a Dubai son algunos de los amigos que se han llevado estas semillas a sus lugares de origen.

Precisamente el pasado miércoles, en la despedida que le hicimos a Sandrine, nos juntamos un interesante grupo de franceses, chilenos, un dominicano y un vasco, y terminamos hablando de estos temas, las identidades, la globalización, el emprendimiento...

Buen viaje, Sandrine. No te pierdas, como Ulises, en tu viaje de regreso a Itaka.
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