jueves, 29 de septiembre de 2011

QUINQUÉN, EXPERIENCIA PEWENCHE

Hasta ahora, en mi vida he viajado por más de treinta países, pero me atrevo a declarar que en pocos lugares del mundo me he sentido tan bien acogido como en Quinquén, la comunidad pewenche situada en la cordillera de la Araucanía Andina del Sur de Chile, en la comuna de Lonquimay.

Llegué por primera vez en el marco de un proyecto de Travolution, articulado por WWF y financiado por Corfo-INNOVA Chile. Había sido contratado para facilitar un proceso participativo intercultural para elaborar en conjunto con la comunidad la identidad de marca y el plan de marketing para el desarrollo del ecoturismo comunitario en Quinquén.

Llegar a Lonquimay es sorprendentemente fácil. Basta con tomar un autobús Inter-Sur en la Terminal Alameda en Santiago a las 10 de la noche  de cualquier día, cerrar los ojos, dormir tranquilamente rumbo al sur, y amanecer a las 8 de la mañana del día siguiente en un hermoso valle rodeado de montañas de lomas suavemente redondeadas y cubiertas por cientos de araucarias. Si le pides al conductor del autobús que te baje en el segundo paradero de Lonquimay, llegarás directamente a la puerta de la Hostería Follil – Pewenche, una casa de madera pintada de azul celeste.


Al entrar, encontrarás un cálido y acogedor espacio calefaccionado por una estufa-salamandra en el centro del comedor, con una decoración sencilla y rústica, adornado con motivos pewenche: kultrunes (tambores sagrados que simbolizan la cosmovisión mapuche), tejido artesanal, maullos (raquetas artesanales para caminar sobre la nieve hechos de coligüe y cuero de cabra), una trutruka (un instrumento de viento hecho con un cuerno).


En un rincón, junto a la entrada de la cocina puedes encontrar una pequeña vitrina con productos gourmet elaborados por Wen Kimey, una innovadora empresa de la familia Meliñir que combina sabiamente la recolección manual ancestral del piñón, el cuidado artesanal y tecnologías agroalimentarias que garantizan estándares de calidad. Tarros de piñones en almíbar y en vinagre, harina de piñón, galletas de piñón, mermelada light de piñón, morchelas, entre otras delicias.

En otro rincón, ilustrado con un mapa del territorio, una estantería con libros sobre la temática indígena invitan a la lectura. Un cuento para niños del Pequeño Meliñir, un libro sobre Derechos Humanos y Pueblos Indígenas editado por la Universidad de Deusto, una ecoguía de flora y fauna del Sendero de Chile, y muchos otros sobre la cosmovisión mapuche.


Recomiendo probar la original gastronomía de la Sra. Alicia, que cocina maravillas inesperadas, destacando especialmente el puré de piñón y merquén, budín de piñón y verduras, revuelto de piñón. Posiblemente en la recepción te atenderá amablemente don Sergio.


Desde la misma Hostería Follil-Pewenche pueden contratar un tour para visitar la comunidad, que está situada a solo 32 kilómetros de Lonquimay. La cooperativa de turismo de Quinquén ofrece cabalgatas y caminatas guiadas por sus senderos, que pueden terminar en un rico asado de chivo junto al fuego. Imperdible coronar la jornada con un mate conversando don Don Alfredo Meliñir, uno de los ancianos líderes de la comunidad que ha dedicado toda su vida a luchar pacífica y tenazmente por defender la identidad de su pueblo, la conservación de sus tierras y las araucarias. Es al mismo tiempo impactante e inspirador escuchar de primera mano su testimonio de vida, en el que puedes escucharle declaraciones firmes y estremecedoras como “este arroyo es testigo del sufrimiento de mi padre”. Sin duda, una experiencia única y memorable. Un auténtico ejemplo de coraje, de perseverancia, de ñeque (fortaleza física) y nehuén (energía espiritual), de conexión con el cosmos y con la vida.

Si desea quedarse más tiempo, puede alojarse en una ruka y explorar algún otro sendero o actividades que ofrece la comunidad. Durante la época de otoño puede también acompañar a una familia pewenche a recolectar piñones. Durante el invierno, puede probar con una caminata sobre la nieve con los maúllos. La primavera y verano son un buen tiempo para el asado de chivo.


En la entrada de Quinquén hay instalada una pequeña casa pintada de blanco conocida como la Kukanhue Ruka, que funciona como centro de acogida y exhibición de las artesanías que elaboran las artesanas textiles con sus telares mapuche. Doscientos metros más abajo, pueden contemplarse dos refugios emblemáticos que marcan una estética única en Quinquén: la Escuela rural intercultural y el edificio de la Posta rural.

Durante la transición a la democracia, uno de los primeros decretos del Gobierno de Patricio Aylwin fue declarar la Araucaria monumento natural. Poco después, Quinquén se convirtió en un caso emblemático en el que el Estado compró tierras a una empresa forestal para entregársela a la comunidad, debiendo indemnizar a la empresa por el lucro cesante. Posteriormente, se conformaría el primer Territorio Indígena de Conservación en Chile, que en la actualidad comienza a abrirse al mundo del ecoturismo comunitario, gracias al apoyo del Proyecto Parque Pewenche de Quinquén.

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