domingo, 5 de marzo de 2017

Bienvenidos a la era del Eco-Narcisismo masivo

En estas vacaciones he tenido la oportunidad  y privilegio de recorrer en familia la ruta inter lagos desde Villarrica hasta Puerto Varas. Visitamos los lagos de Villarrica, Caburgua, Calafquén, Panguipulli, Pirihueico, Llanquihue, Puyehue, Rupanco y el lago Todos Los Santos. Rodeamos los volcanes Villarrica, Llaima, Mocho Choshuenco, Puntiagudo, Calbuco y Osorno. Recorrimos las Termas de Curarrehue, la Reserva Huilo Huilo - con el Salto Huilo Huilo y el Puma-, los Ojos del Caburgua y los Saltos del Petrohue. Pasamos por Pucón, Lican Ray, Calafquen, Neltume, Puerto Fuy, Puerto Octay, Ensenada, Valdivia, Frutillar y Puerto Varas.

 Reconozco que la mejora de la infraestructura y la conectividad - mejores carreteras- ha hecho más accesible al público la belleza natural de los paisajes. Sin embargo, confieso una gran decepción. Las maravillas naturales de Chile... sus paisajes únicos y extremos corren el riesgo de convertirse - si no se han convertido ya - en un bien de consumo masivo.

Así como el Rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba, pareciera que el mercado convierte en producto desechable todo lo que toca. Me impresionó ver cientos de personas abarrotando los senderos para sacarse selfies con poses artificiales y sonrisas forzadas con los paisajes de fondo. Esas fotos poblarán las redes sociales para ganar likes, reforzando así el ciclo del eco-narcisismo masivo. Pareciera ser que, movidos por la buena intención de masificar el turismo - "la industria sin chimenea" - hemos terminado convirtiendo los hermosos parajes naturales en centros comerciales, nuestros senderos de los bosques en avenidas peatonales, nuestros caminos rurales sufren los tacos citadinos  mientras los tranquilos pueblitos sufren los problemas de estacionamiento de la gran ciudad.

 ¿Dónde quedó el encuentro íntimo y profundo - casi sagrado- con la naturaleza?
¿Donde quedó el espacio para la contemplación, para la admiración de la creación?


Si la masificación del llamado ecoturismo no va de la mano de una profunda conciencia colectiva, de una educación ambiental y sensibilización sobre el rol del ser humano en la conservación de los ecosistemas, no solo habremos desaprovechado una oportunidad dorada, sino que habremos fracasado como generación.
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