domingo, 17 de octubre de 2010

LUCES Y SOMBRAS DE LA HUELLA DE CARBONO: Una mirada estratégica hacia la Sostenibilidad

ISO 26.000, Pacto Global, EIA, GRI, AA 1000, ISO 14000, SA 8000, FSC, LEED, huella del agua, huella ecológica, huella de carbono… En el creciente mercado global de servicios para la responsabilidad social y la sostenibilidad existe un complicado entramado de siglas y números en el que abundan certificaciones, modelos, sellos, directrices y guías que raramente se articulan entre sí. Cada año aparecen nuevas herramientas y conceptos que hacen cada vez más difícil la ya ardua tarea de permanecer actualizado. Por ello, a menudo los profesionales de la sostenibilidad deben lidiar con las paradojas de mantener el foco de sus prioridades y estar atentos al último concepto de moda.

En este complejo contexto, es fácil caer en la trampa de comprometerse con herramientas que nos conducen a callejones sin salida, haciéndonos creer que vamos en la dirección correcta. Un ejemplo de ello podría ser la creencia crecientemente extendida de que para ser “sostenible” basta con medir, reducir y compensar la huella de carbono. Ante la irrupción del desafío del cambio climático en la agenda pública global, el mundo corporativo ha buscado asociar sus marcas a conceptos como “carbono neutral”, y los gobiernos más visionarios han apostado por políticas públicas tendientes a reducir la dependencia de combustibles fósiles. Entre todas las iniciativas, destacan la propuesta de Sarkozy de exigir el etiquetado la huella de carbono, los impuestos e incentivos tributarios a las energías renovables no convencionales, la exigencia de Wal-mart a sus proveedores de informar la huella de carbono en sus productos.

Chile no se ha quedado atrás en esta tendencia internacional. Ya cuenta con una Bolsa Climática, impulsada por la Fundación Chile donde se negocian bonos de carbono donde las empresas pueden compensar aquellas emisiones que no logren reducir por completo. Y ya se cuenta con la primera municipalidad chilena carbono neutral, la primera viña certificada como carbono neutral y la primera universidad que está midiendo su huella de carbono. Hasta la revista Capital ha lanzado un ranking de aquellas empresas que mejor gestionan su huella de carbono.

Si bien las emisiones de CO2 de Chile están por debajo de las cifras de gran parte de los países europeos, hay que reconocer que las emisiones chilenas están en un rápido crecimiento, situándose a la cabeza en la región. Esto puede implicar futuras amenazas a la competitividad de las exportaciones chilenas destinadas a mercados de consumo masivo en Europa y EEUU. Las industrias que podrían verse más afectadas en el mediano o largo plazo podrían ser las del vino, la fruta y el salmón. Si Chile gestiona adecuadamente su matriz energética, sus exportaciones podrán mantener baja la huella de carbono de sus procesos de producción, pero si comienza a considerarse en el etiquetado las emisiones del transporte de los productos y continúa creciendo la sensibilidad de los consumidores del Europa y EE.UU, la lejanía geográfica de Chile respecto de sus mercados le podrían hacer perder parte de su ventaja competitiva.

Otro riesgo asociado al énfasis en los mecanismos de compensación de emisiones por sobre los mecanismos de reducción, es que puede caerse en efectos de rebote, en que las empresas continúen aumentando sus emisiones, tranquilas porque puede resultar más fácil compensar que reducir. Así como durante la Edad Media surgió todo un mercado de bulas papales que garantizaban la indulgencia plenaria, lo que permitía a la nobleza seguir pecando, sabiendo que tenían ganado un espacio en el cielo, en la actualidad los bonos de carbono eventualmente podrían convertirse en las bulas del siglo XXI.

Si bien desde la óptica optimista y pragmática del “todo suma”, todos estos esfuerzos pueden estar bien intencionados y bien encaminados, existe un riesgo de caer en un excesivo reduccionismo de pensar que basta con medir, gestionar, reducir y compensar la huella del CO2 para ser sostenibles. No debe olvidarse de que el CO2 es solo uno de los gases cuya acumulación en la atmósfera aceleran el Efecto Invernadero. Y no debe olvidarse que el cambio climático es solo una de las múltiples dimensiones del complejo desafío de la sostenibilidad de la sociedad humana en el Planeta Tierra, y por tanto, la reducción de las emisiones de CO2 es solo una de las múltiples acciones que debemos asumir como humanidad. Pero existen muchos otros desafíos tan importantes y tan complejos, como es la conservación de la biodiversidad de los ecosistemas, la lucha contra la pobreza, la protección de los derechos humanos o la dispersión de sustancias tóxicas persistentes.

Ante la creciente incertidumbre del contexto global y el uso poco riguroso del término “sostenible” y sus derivados -del que se han apropiado ya las más dispares industrias- se requiere enfrentar los complejos desafíos de la sostenibilidad, desde una aproximación sistémica, estructurada y estratégica, que se fundamente en una definición clara de sostenibilidad basada en sólidos fundamentos científicos. De todas las propuestas existentes, el Marco Estrátegico para la Sostenibilidad, internacionalmente conocido en el mundo de los negocios como “The Natural Step Framework” por el nombre de la fundación sueca que lo originó- es el que aporta una perspectiva más sistémica y estratégica, como lo demuestran las numerosas empresas multinacionales y organizaciones de diversa índole (desde municipios en Canadá hasta universidades en España) que lo han usado para guiar sus decisiones estratégicas de transformación organizacional de sus modelos de negocio hacia la sostenibilidad.

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