"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia y sacarle todo el meollo a la vida, para no llegar a la muerte y descubrir que no había vivido." (H.D. Thoureau)
Reflexiones desde la Interculturalidad y el Post-Desarrollo a partir del Encuentro de Liderazgo Participativo en Quito, Ecuador, Abril 2015
El llamado de este encuentro había sido sembrado por David en Santiago de Chile en junio de 2013. La semilla había permanecido bajo
tierra durante casi dos años esperando el momento adecuado para germinar. Tras
el encuentro de Septiembre 2014 en Cuenca, se sumaron al equipo convocante Hilda
y Carlos, lo que le permitió sostener el esfuerzo hasta poder concretarlo.
Los días previos estuvieron marcados por la incertidumbre de
cuántas personas llegarían… ¿veinte?¿treinta? ¿cuarenta? La cifra iba aumentando considerablemente a
medida que pasaban las últimas 48 horas previas. En el equipo anfitrión nos
preguntábamos… ¿Cómo co-crear un contenedor seguro para tan nivel de
diversidad? ¿Qué haremos si se evidencian algún conflicto?
El primer día comenzó con un círculo de inicio donde la
diversidad quedó de manifiesto, reflejada rotundamente. Los participantes se
inscribieron en los equipos de práctica y tuvieron una primera aproximación al
enfoque apreciativo. Durante la tarde, vivimos un Café Mundial en torno a la
Diversidad, con preguntas sobre ¿cómo pasar de la diferencia a la confianza? ¿cómo
aprovechar la diversidad como fuente de creatividad e innovación? La cosecha de
las rondas de café mundial fue muy contundente.
Durante la mañana del segundo día del Encuentro, dos
personas abrieron la jornada. No eran dos personas cualquiera. Eran un hombre y
una mujer, de una edad similar, de la misma nacionalidad, ambos ecuatorianos.
Pero hacía tan solo unas semanas, la mera posibilidad de que aquello
aconteciera, era, simplemente inimaginable.
Belén es una reconocida activista de los derechos de la
Madre Tierra. Años atrás había liderado su incorporación en la nueva Constitución
de la República del Ecuador. La Fundación Pachamama que ella lideraba había
sido clausurada un año antes por orden del Presidente de la
República.
Carlos es el coordinador de Relaciones comunitarias de una
empresa multinacional en el negocio de la exploración minera.
Y allí estaban los dos, trabajando codo a codo. Él tocaba un
tambor indígena, marcando el ritmo, evocando el pulso, el latido de la tierra.
Ella facilitó una bonita dinámica extraída de un texto de Johanna Macy.
Primero, trayendo el estrés diario cotidiano de la gran ciudad, la prisa, el
apuro, el no ver al otro. Segundo, en calma, descubriendo a través de los ojos
del otro su alma, reconociendo que en cada uno hay un llamado de sanar el mundo
y honrar la vida.
Después, en un círculo de unas cincuenta y cinco personas sentadas en
sus sillas, un abuelo shuar se levanta y exhorta:
- “Si no entiendes, ...Escucha!”
Acto seguido inicia un discurso
en su lengua nativa, del cual, los occidentales presentes en la sala solo
alcanzan a entender algunas fechas y topónimos, que eran pronunciados en lengua
española. No importaba. Dicen que más del 75% por cierto de la comunicación es
no verbal. Aunque no alcanzáramos a entender el significado de los contenidos
de su mensaje, su entonación, su corporalidad expresaban dignidad, orgullo,
presencia, herencia ancestral. Hablaba de la historia de su padre, líder de su
pueblo.
Sentí que en él hablaban todos
sus ancestros hacia atrás. Y al escucharlo en silencio, contemplándolo sin
juicio, aceptándolo como legítimo otro diferente, sentí que sanaba quinientos
años de culpa hacia atrás en mis ancestros.
Tras una hora de silencio en la
naturaleza, explorando qué preguntas están vivas en el interior de cada uno,
volvimos al círculo donde algunos compartieron su experiencia. La mayoría de
los testimonios versaban sobre lo inspirador del momento de meditación al aire
libre, sintiendo el trinar de los pájaros.
Una joven ligada al movimiento de la permacultura había escuchado el
vuelo de dos colibríes. Un líder estudiantil había tenido un momento que
describía como una iluminación. Sin embargo uno de los jóvenes shuar declaró:
-“Extrañé la selva. Aquí solo
escuché dos tipos de aves. Muy pocas plantas. Y en lugar del fluir del arroyo,
se sentía el ruido del tráfico de la carretera”
Otro shuar comentó:
-“Yo también extrañé la selva, pero miré a la planta, porque todas las
plantas tienen poder, y le dije “Planta, dame tu poder” y la planta me dio su
poder. Y ya estaba listo. No necesité más silencio.”
Cuando expliqué la Teoría U de
Otto Scharmer, un técnico local de la cooperación internacional declaró algo
así como:
-“No entiendo por qué hace falta meter el corazón para construir el
futuro. La planificación estratégica se hace con la cabeza.”
Me salió una respuesta sobre la
necesidad de inspirar –involucrar emocionalmente- a las personas a construir en
forma colectiva el futuro que desean vivir.
Por la tarde, tras el juego caórdico,
durante el Espacio Abierto, uno de los temas propuestos de conversación fue
sobre Minería en territorio Shuar. Acudieron tres jóvenes shuar, la joven de la
permacultura, una funcionaria pública técnico en participación comunitaria del
Parque Nacional de Galápagos y quien suscribe. Fue interesante darse el tiempo
para escuchar. Dentro del pueblo shuar existen diferencias respecto a aceptar o
no la exploración minera en su territorio.
Un joven shuar declaraba:
- -“Nosotros
también queremos tener colegios, hospitales, ir a la Universidad y ser
ingenieros shuar, geólogos shuar... Queremos progreso para nuestro pueblo.”
Personas ligadas a la minería
comentan que la minería no es la que provoca el conflicto con la comunidad.
Argumentan que los conflictos internos que subyacen en la comunidad se
manifiestan, se hacen patentes con la llegada de la minería al territorio. Por
eso Carlos refuerza que el diálogo al interior de la comunidad es tan
importante como el diálogo entre la minera y la comunidad.
Frente a tal declaración, una
joven ligada al movimiento de la permacultura, con su trenzas y falda florida –(digna
representante del vmeme verde)- le confrontaba:
- - “Pero
nosotros ya tenemos colegios, tenemos hospitales, tenemos desarrollo… y eso no nos hace más felices! …vivimos
estresados en ciudades de cemento, respiramos un aire contaminado y ya no oímos
los trinos de los pájaros ni el fluir del arroyo.”
Yo escuchaba atento, en silencio,
este debate entre el “Desarrollo” y el “Post-desarrollo”, entre la ingenuidad
de quien aún cree en el discurso de la modernidad que le han transmitido las
empresas, y la profunda decepción
post-moderna que sospecha que tras la ilusoria promesa del progreso material no hay
más que decadencia espiritual y degradación ambiental.
Por su parte, la
funcionaria experta en participación ciudadana les interrogaba desde el
conocimiento profundo de los derechos indígenas, y los procedimientos legales
de participación ciudadana para la evaluación de impacto ambiental de los
proyectos de inversión. Una mirada más bien regulatoria desde el Estado. (vmeme
Azul)
Al tercer día, tuvimos por la
mañana la enseñanza de “las 8 respiraciones” seguida del “Diseño para la acción sabia”, donde apoyé
un par de proyectos relacionados con la apertura de Espacios Libres de Violencia
en Quito, con el propósito de contribuir a una Cultura de Paz y buen trato (en
colegios, en las familias, en el transporte público, a los animales…) y un
programa de apoyo a jóvenes emprendedores sociales del Impact Hub de Quito,
ImpaQto. Otro de los proyectos que surgieron fue precisamente una plataforma de
diálogo intercultural sobre minería en territorio shuar y una iniciativa de la
subsecretaría de Minería para comunicarse con las comunidades locales.
El cierre de la jornada comenzó con
una alegre danza shuar en la que un alto consejero de gobierno bailó junto al
sabio shuar, seguido de un simple y bello ritual de cosecha donde cada
participante pudo escribir y compartir sus aprendizajes y hallazgos más
significativos en el círculo final.
Cuando en 2011 comenzó la agitación en la Plaza Tahir en Egipto, aún no imaginábamos cómo iba a transformarse la política y la participación ciudadana con la masificación de la tecnología. Antoni Gutierrez-Rubí sintetiza muy bien esta tendencia en su libro "Tecnopolítica".
Pero esta semana he encontrado dos ejemplos que invitan a un salto cuántico en esta materia. La Fundación Democracia y Desarrollo, plataforma del ex Presidente chileno Ricardo Lagos, ha lanzado TuConstitución una plataforma virtual -casi como una wiki- para facilitar la deliberación ciudadana ante el inmininente proceso de reforma constitucional prometido en el programa de gobierno de la Nueva Mayoría.
Mientras tanto, en España, se prepara la primera manifestación de hologramas de la historia, en protesta contra la aprobación de la denominada #LeyMordaza, que -según los convocantes- limita considerablemente el derecho de asociación y libre expresión.
Exactamente catorce años después de aquella noche, volvieron a encontrarse inesperadamente. Esta vez, en un vagón del metro en hora punta. Apretados por la multitud, sus cuerpos se rozaron nuevamente. La reconoció por el aroma frutal de sus rizos morenos. Inconfundible. Catorce años después, ella seguía usando el mismo champú. Cuando se abrieron las puertas, él solo alcanzó a emitir un leve "gracias" mientras ella se perdía entre la marea de gente, dejando escapar un secreto suspiro de alivio.
Cuando recibí la invitación por
las redes sociales, lo primero que me llamó la atención fue el dibujo de aquel
vistoso y colorido colibrí junto a la montaña verde. El corazón del colibrí es el más grande del
reino animal, en proporción a su tamaño. Solo un corazón así le permite agitar
sus alas a tal velocidad. Y fue así como mi corazón de colibrí saltó de alegría
con la mera posibilidad de asistir al encuentro.
El lugar elegido, el territorio
del Pueblo Misak en el resguardo indígena de Silvia, Guambia, en las montañas
del Cauca era muy significativo. El Cauca ha sido una región muy golpeada por
la guerra que se vive en Colombia durante décadas, llegando a ser considerada
como zona roja. A su vez, el
territorio Misak ha sido el corazón del movimiento indígena por la defensa del
territorio y la identidad.
En el terminal terrestre de Cali
coincidí en el bus con otros participantes del encuentro, fácilmente reconocibles
por la vestimenta y las grandes mochilas. Las instrucciones eran claras y
precisas. Unas tres horas hasta Piendamó por carretera, atravesar caminando el
pueblo hasta tomar otro bus a Silvia y en el parque de Silvia tomar un jeep o
colectivo hasta la Misak Universidad.
Cuando llegamos, ya había
comenzado la primera plenaria, en la que Beatriz Arjona del Consejo deAsentamientos Sustentables de las Américas estaba relatando la historia desde
el primer Llamado. Las autoridades Misak presentes también dieron su bienvenida
y se realizaron los correspondientes rituales y ceremonias de inicio.
Mientras armaba la tienda de
campaña, vislumbré a mi amiga Zulma, a quien no veía desde hacía cinco años en
Karlskrona, y nos fundimos en un alegre abrazo. Su pareja, Rowan me entregó unos
frutos secos y una granadilla para paliar el hambre del viajero. Tímidamente,
le pregunté a Zulma:
-“Y esto cómo se come?” -“No hay forma decente de comerse
una granadilla” – me respondió.
En un comienzo nos decían, “Por
favor, eviten fotografiar los rituales sagrados”. Después eran los misak
quienes nos fotografiaban con sus tablets.
Tras la cena, los “médicos” locales
prescribieron un “refrescamiento”
para armonizar energéticamente a
todos los recién llegados con el sentir del territorio. Esa fue una impactante
inmersión cultural en la cosmovisión Misak. Según logré entender, según su
creencia, el Territorio Misak como ente siente tu presencia, tu respiración, tu
latido del corazón, si gritas, si vienes con miedo... y el cambiante microclima
local es una respuesta al estado anímico de los visitantes. Ya era de noche y
los médicos se habían instalado en un
extremo de la cancha para realizar su ritual. Un fueguito, hojas de coca, un
pagamiento a la Pachamama y probablemente otras sustancias desconocidas. Nos
pidieron colocarnos sentados en una fila curva en media luna y esperar,
esperar, esperar…. Esperar. No podían decirnos si serían diez minutos, media
hora o más. Se demorarán lo que se tengan que demorar. Bienvenidos al tiempo
Misak. Kairós llamaban los griegos al
tiempo divino o tiempo emocional. Pasaron varias horas. Opté por no mirar el
reloj del teléfono celular. De hecho, opté por apagarlo, pues no tendría cómo
cargar batería durante la semana. Algunos tocaban flautas, otros guitarras,
algunos comenzaron a cantar.
Otros permanecíamos en silencio,
tratando de mantenernos presentes, con la mente abierta, suspendiendo los
propios juicios –en mi caso venían juicios como neohippismo, vmeme verde, boomeritis, tapón evolutivo-, sintiendo
progresivamente el frío, la humedad y el entumecimiento del cuerpo. Por breves
momentos, una leve brisa abrió un claro entre las nubes y pudimos contemplar con regocijo y admiración
las estrellas que titilaban al son de la sinfonía de grillos que nos circundaba.
Qué bendición.
Por fin aparecieron los brujos. A esa hora pude concluir que su
figura se acercaba más a ese arquetipo ancestral que a la concepción occidental
de médicos. Uno a uno, entregaban
hojas de coca e invitaban a lavarte las manos y rostro. Su presencia realmente traía simbólicamente lo
sombrío del inconsciente.
A la mañana siguiente, tras el
desayuno y tras una muestra de bailes folklóricos postergada a causa del
refrescamiento, comenzó el plenario “Territorio, Sustentabilidad y Buen Vivir”,
moderado por el señor Hildebrando Vélez, tan reconocido como perseguido
activista y académico ligado a las causas socio-ambientales. Representantes de
diversos pueblos originarios presentes en Colombia compartieron sus
testimonios, con algunas perlitas de sabiduría ancestral. Auténticos tesoros
humanos vivos, portadores de cosmovisiones milenarias. Sentí como un milagro
que perduren tras más de cinco siglos de resistencia. Zulma con sus rotuladores
de colores iba registrando la síntesis visual de los contenidos sobre papel kraft.
(incorporaré aquí imágenes de las anotaciones de la
moleskine)
La metodología elegida para el
evento, el denominado Consejo de
Visiones, permitía que cada participante pudiera elegir una temática o más para
profundizar. Entre las temáticas posibles estaban:
-Consejo de Educación
-Consejo de Ecología y permacultura
-Consejo de Asentamientos Sustentables
-Consejo de Sanación, Espiritualidad,
ancestralismo, consejo de mayoras y mayores
-Consejo de Jóvenes
-Consejo de Niños
-Consejo de Economía Solidaria
-Consejo de Arte y Cultura
-Consejo de Redes y Movimientos Sociales
Por la mañana fui al consejo de
Asentamientos Sustentables, pues tenía curiosidad por escuchar de mecanismos de
convivencia y resolución de conflictos usados en ecoaldeas y aprender más de
modelos como la holocracia y sociocracia. La primera sesión consistió en una
meditación guiada, prestando atención a la respiración. “Tu cuerpo es tu territorio primordial” “Pestañear conscientemente,
mirando hacia fuera, mirando hacia dentro”
Por la tarde, acudí al Consejo de
Educación, que era dinamizado por Zulma, Rowan y Paola. Durante la sesión, dos
mayores Misak docentes de la Misak Universidad nos expusieron cómo se organiza
la autoridad, su sistema educativo y sus vínculos con el sistema familiar,
productivo y político-administrativo. Uno de los ponentes, profesor de
Administración articuló su propuesta de la Minga como Modelo gerencial. Al
conversar con uno de sus estudiantes, le pregunté cómo hacen en su educación
para conectar a las personas con la naturaleza. Su respuesta me sorprendió
profundamente:
“La conexión con la tierra
comienza desde antes de la concepción. Antes de concebirme, mi madre soñó con
un colibrí. Y cuando nací, mi madre sembró mi ombligo en el huerto, junto
a nuestra casa”.
La sesión culminó con un inspirador círculo en el que cada
asistente declaró cuál debiera ser un ingrediente para construir una educación
consciente que reconecte con la naturaleza, con la vida.
(transcribiré aquí cosecha del
cuaderno)
La segunda noche mágica nos
sorprendió con una obra de teatro presentada por una compañía familiar de una
eco-aldea. No recuerdo el título, creo recordar algo relacionado con el cuarto
sol de los mayas. La representación era
de una impactante belleza visual, reforzada por la simbólica presencia del
abuelo fuego al centro del aforo. Tras una impactante entrada de escenas que
mostraban la decadencia humana marcada por la violencia y el abuso, progresivas apariciones de elementos naturales
como el agua, el fuego, el planeta iban desnudando progresivamente a un hombre,
quitándole capas de vicio, gula, arrogancia, ignorancia y otros males.
Tras la obra de teatro, un grupo
musical Misak con su vestimenta tradicional –mallku gris, falda azul, bufanda,
bombín negro- preparó sus instrumentos – guitarra eléctrica, bajo, batería…- y
cuando comenzaron a tocar algo parecido a rancheras mexicanas, yo me sentí
abrumado por tanto eclecticismo. Ya me disponía a hacer mutis por el foro y
retirarme a mis aposentos, cuando sentí que una mano me agarraba de la muñeca
arrastrándome hasta la pista de baile. Así, casi sin darme cuenta, terminé
bailando el frenético ritmo de la carranga
campesina por primera vez con mi amiga Zulma. La cucharita, la gallinita..
El viernes por la mañana, el
panel se titulaba “Territorio y Procesos de Paz”. Esta vez don Hildebrando hizo
algo más que repartir el micrófono. Invocó a los ausentes, los caídos, los desaparecidos... Pidió un minuto de
silencio por los 43 estudiantes cruelmente asesinados en Ayotzinapa, México. Y declaró
unas palabras que aun retumban en mi pecho.
Aquí estamos los que cuidamos los páramos.
Aquí estamos los que cuidamos el agua de los ríos. Aquí estamos los que
cuidamos las nubes que nos regalan la lluvia. Aquí estamos los que cuidamos las
semillas… Ahó!
Esto fue solo una señal, un
anticipo de lo que sería una intensa, vibrante y profunda mañana de presencia
colectiva, de testimonios que tocan el corazón, de voces quebradas y ojos
brillantes. Creo que fue en ese momento
cuando tres músicos misak tocaron el tambor
y la quena. En silencio, de pie, sintiendo la música del llamado de la montaña,
yo ya no pude contener mi llanto. Como en un suspiro, brotaron en mi todos los
momentos en que había sentido en mi vida eso que llamaba sin saberlo, el
Llamado de la Montaña. Vinieron a mí recuerdos –algunos de ellos casi
olvidados- de las primeras montañas que subí en mi niñez con Gazte Makaldia, de
los primeros círculos de silencio por la paz allá en la plaza de mi barrio en
el País Vasco, del dolor, la rabia y el coraje despertados por la violencia, vinieron
a mí escenas los paisajes de la sierra Norte de Oaxaca en México y la comunidad
de Cuajimoloyas, del trabajo en Farellones y del cuidado del Santuario de YerbaLoca en Chile… y de pronto, al son de aquella quena y al latido de aquel
tambor, lo supe. El llamado de la Montaña es el llamado a trabajar por la Paz,
por la interculturalidad, por la sostenibilidad, la regeneración, la convivencia en armonía
entre humanos con toda forma de vida. El llamado de la montaña no es un llamado
que hacen los humanos, es un llamado que hace nuestra Madre Tierra, a
cuidarnos, a sanarnos, a reconciliarnos, a honrar y custodiar pasado, presente
y futuro.
A ese breve y profundo momento
musical siguieron los testimonios de algunos
líderes indígenas y mestizos que compartieron con emoción sus historias
de vida y lucha por la dignidad de sus pueblos, las mujeres, la defensa de las
semillas, de los derechos humanos. Gloria Cuadras –ex alcaldesa de Apartadó un pueblo que
sufrió una horrible masacre- nos hizo llorar a muchos con su relato,
especialmente cuando mencionó los dibujos de una niña testigo del
sufrimiento. Y finalmente Jorge Calero, que
apeló a la responsabilidad que tienen las eco-aldeas en contribuir a los
procesos de paz en Colombia.
Terminado el panel, nos fuimos a
sembrar árboles a una ladera en la orilla del río Piendamó. Allí coincidí con
Lina, de la Asociación de Egresados de Uniandes, a quien había conocido unos
días antes durante el taller Cocrealab de innovación colaborativa para la sostenibilidad organizado por el nodo glocal de Cali.
Por la tarde, después de un
frugal almuerzo, tuvimos la sesión del Consejo de Educación. En esta ocasión,
estábamos sentados en el tipi, con el fuego –abuelo fuego- al centro. Usamos el
método de pecera (fishbowl) para compartir historias de distintas iniciativas
de educación alternativa. Comenzó Jorge, compartiendo su experiencia con la
Universidad Gaia, que ofrece cursos virtuales de pre y posgrado en diseño
regenerativo de asentamientos sustentables.
Después tomaron la palabra la
fundadora y directora del Colegio Alas de Cali -inspirado en la pedagogía para la paz- y un académico de la Universidad del Valle que desde la InvestigaciónAcción Participativa, los trabajos de Orlando Fals Borda, Paulo Freire y otros, había
acompañado el surgimiento de la Misak Universidad durante décadas,
relacionándolo con el emerger de otras universidades indígenas en otros países
de América Latina.
Pero lo que marcó la diferencia
aquella tarde fue el testimonio de un abuelo, vestido enteramente de blanco,
con un gorrito blanco, proveniente de una comunidad Muiska, quien nos relató
detalladamente las enseñanzas de un mamo
de la Sierra Nevada de Santa Marta, acerca de su visión ancestral educativa de
cómo se transmite la cosmovisión a lo largo de todo el ciclo de vida, desde la
preconcepción, el nacimiento, los primeros pasos, las primeras palabras, la primera
menstruación, la primera relación sexual … hasta la muerte. “Así se
siembra la gente” repetía una y otra vez.
Cuando salimos del tipi, ya era
de noche. Habían pasado más de tres horas sentados, escuchando historias en
torno al fuego. Aunque como facilitador, nunca habría diseñado un espacio de
aprendizaje como aquel, me dejé sorprender por la presencia colectiva y la
profundidad de la escucha lograda.
La penúltima noche mágica tuvo
micrófono abierto de artistas invitados. Un gracioso malabarista italiano, un
cuentacuentos colombiano, un guitarrista corso, y el entrañable coro del
colegio Alas, que cantó dos emotivas canciones por la paz. Una joven misak estudiante
de trabajo social se me acercó entusiasta y me sorprendió al pedirme ser amigos
por Facebook.
El sábado era el día de la
acción, de la colaboración, de la Minga, organizada enteramente por los Misak.
Por la mañana nos despertaron al son de guitarras, flautas y tambores. Desayuno
rápido y partió la marcha ritual. La caracola primero, después los músicos y
las abuelas, y después todos los demás. Ojalá en dos filas, hombres a un lado,
mujeres al otro. Al igual que en otros rituales, las mujeres en su luna debían quedarse en el
campamento, con un círculo de mujeres especial para ellas. Caminamos en silencio los pocos kilómetros
que separaban el resguardo indígena de la plaza del pueblo de Silvia. Unas
cuadras más allá de la plaza nos esperaba la chiva –nombre local para camión de
sobrecargado transporte rural - que nos
llevaría al campo que íbamos a sembrar con alisos y pililén. Según la creencia local, los pililén sirven
para “sembrar agua”, pues contribuyen a preservar los pozos de agua
y humedales.
Aquí, una sincronía
significativa, mi único apellido vasco por parte de mi abuela paterna,
originario del Valle del Baztán, Alzugaray,
significa alisal alto, un bosque de alisos en lo alto. Nunca antes había
visto, tocado o plantado un aliso. Y tuve que venir hasta acá, al corazón del
territorio Misak, en las montañas de Guambia, para plantar mi primer aliso y
reconectarme con el origen de mi apellido, con mis raíces familiares.
Precisamente, ese día tomé
contacto con varios españoles. Un chico de Santander, otro de Valencia, una
catalana, uno medio andaluz. Mientras íbamos plantando los alisos y pililenes,
ya bastante sucios por el barro, comenzó un tremendo aguacero. Ante el inmenso
chaparrón, no nos quedó otra alternativa que guarecernos bajo unos árboles y
esperar durante alrededor de una hora hasta que escampara. Una vez que cesó la
intensidad de la lluvia, pudimos salir de nuestro improvisado refugio y empezar
una cadena humana de unos dos kilómetros para transportar los arbolitos hasta
su lugar de siembra. Al final de la minga logramos transportar y sembrar mil
setecientos arbolitos. Sin duda, fue
emocionante e inspirador sentir el poder de la acción con intención
regenerativa, la capacidad de la comunidad de colaborar con entusiasmo,
superando alegremente el barro, la lluvia y el cansancio en aquella minga.
De regreso al refugio, nos
esperaba una rica y reponedora sancocha, una sopita con carne, para que
volviera el alma al cuerpo, y recuperarse del frío húmedo y el cansancio.
Cuando ya estaba por fin sentado en una piedra con mi plato humeante sobre las
piernas y la boca abierta para saborear la segunda cucharada, una voz desde
lejos pidió ocho hombres fuertes para ayudar a mover una ambulancia en apuros
que había quedado atrapada en el barro. Allí
quedó la sopa. Y partí raudo al servicio. Nos juntamos varios hombres, y
finalmente resultó que había que caminar varios kilómetros hasta llegar a la
ambulancia. Más de una hora después, al volver, mi sopita ya estaba fría, así que me sirvieron un nuevo
plato de sopa caliente y lo degusté con fruición.
La última noche hubo varios
grupos musicales, incluida la infaltable carranga y otros bailes Misak. Pero la
banda que se llevó más aplausos fue una banda denominada Campo y Sabor. Cada
una de sus canciones, entrelazadas con un castizo sentido del humor y consignas
por la soberanía alimentaria, estaba
dedicada a un vegetal, planta, semilla o fruta. Así, cantaron, y sobre todo,
bailamos al son del mango, la guayaba, el lulo, la naranjilla, la papa, el
café, el cilantro, el aguacate…
A la mañana siguiente, desperté
temprano para ayudar a preparar los murales de la evaluación, en los que
diseñamos unas preguntas en español y en lengua misak, para que los
participantes volcaran sus observaciones (ver), emociones (sentir), sugerencias
(pensar), compromisos de acción (actuar). Ver sentir, pensar y actuar son las cuatro dimensiones de la existencia, según el pensamiento Misak.
La última mañana fue bella.
Amaneció un cielo radiante, como si las montañas se hubieran puesto su mejor
ropaje para honrar nuestra despedida. Danzamos tres danzas de la paz que aún
reverberan en mi recuerdo. Ayun Mapu,Newen Mapu–en mapudungun, Amor a la tierra, y Fuerza a la tierra, para agradecer al territorio Misak por su
buena acogida. Después danzamos al son de “Fuerzas de la paz” -inspirado en una
canción popular rusa- para desear la paz en Colombia y toda la tierra. Y para
terminar, “Inlakech, alaken” saludo maya que significa Yo soy tu, tú eres yo,
celebrando los lazos de aquella naciente comunidad humana. Terminó con una
veloz y alegre ronda donde todos, incluidas abuelas, niños, jóvenes y adultos cantamos,
reímos, corrimos y gozamos.
Al mediodía comenzó la instancia
de cosecha, donde cada consejo compartió sus reflexiones, aprendizajes y
compromisos. Y se celebró con una
hermosa y sencilla ceremonia de cierre, agradecimiento y despedida.
Ya en el furgón de regreso,
reíamos con Oscar, Zulma, Rowan y sus niñas, recordando mi primera granadilla,
saboreando mi primer mango –sí, de esos que te dejan hilos entre los dientes-,
mi primera carranga, mi primer aborrajado… en fin, dicen que la primera vez
nunca se olvida.
Aviso al lector: Suficientes empresas e instituciones difunden las bondades de la minería de cobre -aclamado con orgullo como el sueldo de Chile- y su contribución al desarrollo del país. Este post va en otra dirección.
1.f. Desgracia o infortunio que alcanza a muchas personas.
2.f. Persona incapaz, inútil o molesta.
El neologismo "Calamización"en el título de este escrito -usado con confesada intención provocadora en referencia a Calama, la ciudad minera del Norte de Chile-, busca referirse al proceso por el cuál un territorio sufre una dinámica de impactos sociales, ambientales, económicos y culturales, que podrían asemejarse a "desgracias o infortunios que alcancen a muchas personas".
Mi trabajo como facilitador de conversaciones en sistemas complejos me permite navegar libremente en distintos territorios, asumiendo naturalmente un rol que recuerda metafóricamente al de una abeja que vuela de flor en flor, favoreciendo la polinización cruzada. En los últimos años, me ha tocado visitar distintos territorios afectados por la industria minera. Iquique, Tocopilla, Antofagasta, Copiapó, el Valle del Choapa, Andacollo, el cajón de Farellones...
Esto me coloca en una posición privilegiada que me permite conversar con numerosas personas de diverso origen y condición que habitan esos territorios. Al escucharlas con atención y paciencia, es posible percibir ciertos patrones comunes a la dinámica sistémica generada por la presencia de la industria extractiva y sus impactos en la sociedad, tanto a nivel local, como a nivel macro.
Durante la última década, hemos asistido a lo que los economistas -Vergara, Berthelsen, Agosin, Grijalva- llaman el superciclo de los commodities, impulsado por el crecimiento de los gigantes asiáticos. Las estadísticas muestran que durante esos años China construía el equivalente a la cantidad de viviendas de Roma cada dos semanas, y el equivalente a la superficie urbana de España cada año. El crecimiento económico de China
influye en el precio del cobre. Un precio del cobre superior al precio de
equilibrio aumenta las expectativas de inversión minera, lo que atrae inversión
inmobiliaria y en infraestructura, lo que en ausencia de mecanismos de
colaboración público-privada de largo plazo genera un crecimiento urbano no
planificado, que redunda en una mayor segregación urbana, contribuyendo a
deteriorar el tejido social y la cohesión social. Un crecimiento sostenido de una
región atrae una mayor inmigración de otras regiones y países, lo que complejiza la diversidad
cultural en el territorio, pudiendo llevar a la aparición de dinámicas de
discriminación étnica que pueden llegar
a tensionar la convivencia intercultural con expresiones de xenofobia (de las cuales los medios solo reflejan las más visibles, tales como grafittis, marchas)
La consolidación de la actividad
minera atrae flujos de población flotante en el territorio formada por miles de hombres que viajan semanalmente en avión desde otras regiones para trabajar en el
sistema de turnos: 7x7, 4x4, 4x4, 6x2,5x2, 9x3,10x4, 8x4.. Esto es una gran oportunidad de negocio para las lineas aéreas, taxis y transfer, hoteles... Pero también otros negocios crecen al alero de la minería. La alta afluencia de hombres
y la cantidad de dinero en efectivo disponible provoca un aumento de la
demanda de comercio sexual, y en algunos casos, de locales de expendio de
bebidas alcohólicas y tráfico ilícito de estupefacientes. El aumento de dinero disponible en la zona provoca una espiral de inflación local de
precios-costos-salarios que resulta prácticamente incontrolable, generando como consecuencia una economía dual, entre quienes trabajan y disfrutan del poder adquisitivo de los altos sueldos de la minería y el resto de los mortales que trabajan en comercio y servicios. Por ejemplo, los liceos municipales de Antofagasta tienen serias dificultades para atraer a profesores especialistas - por ejemplo, en filosofía o en física- porque las universidades regionales no cubren esos puestos con nuevos egresados y ningún profesor desea irse a vivir a Antofagasta con tal alto costo de vida con sueldo de profesor. Incluso los jóvenes ven cooptados sus proyectos de vida por la presión de las expectativas familiares. "M'ijo, si quiere ganar plata, búsquese una peguita en la mina, poh!"
A nivel macroeconómico, la progresiva dependencia de la exportación de una materia prima, aumentando considerablemente el ingreso de divisas, y perjudicando consecuentemente a la competitividad de resto de exportaciones es conocido por los economistas como el mal holandés o la enfermedad holandesa.
De algún modo, al llegar la minería -pública o privada- a territorios periféricos con mínima presencia del Estado, se da un fenómeno de transferencia implícita de soberanía. Así, las empresas mineras, presionadas a veces por lineamientos de su casa matriz, a veces por la necesidad de la licencia social para operar, y otras veces como reacción a conflictos socioambientales con la comunidad, comienzan a tomar decisiones propias de política pública o incluso generar bienes públicos allá donde el Estado no llega. He visto empresas mineras decidir en qué se van a capacitar los profesores de escuelas municipales, hacia dónde debe orientarse el turismo en un territorio, dónde construir carreteras o hasta donde construir locales parroquiales.
No juzgo estos hechos desde una óptica estatista. Al contrario, creo importante ampliar la responsabilidad pública más allá de monopolio del Estado. Tanto las empresas, como las comunidades y la sociedad civil organizada comparten responsabilidad en la construcción de valor y bienes públicos, tal como propone Francisca Rivero, de la Fundación Avina Chile. Sin embargo, creo importante velar por la transparencia y la legitimidad de los mecanismos de decisión sobre los bienes públicos cuando los toman entidades privados.
Este fenómeno que he denominado calamización no es exclusivo del Norte de Chile. El Alcalde de Lo Barnechea, Felipe Guevara, ya adelantó el riesgo de Calamización del centro de Chile cuando advirtió que el proyecto Andina 244 de Codelco "iba a provocar que Santiago sea Calama en 50 años más". Fue precisamente el Alcalde de Calama el que en 2012 apoyó y convocó movilizaciones ciudadanas que encendieron las luces de alerta sobre la necesidad de descentralizar y redistribuir los beneficios en los territorios afectados. La iniciativa Calama Plus se activó precisamente a partir de aquel hito.
Y me atrevería a decir que esta dinámica de la minería chilena del cobre es extrapolable, con mas o menos matices, a otras industrias extractivas del continente americano. El investigador peruano Carlos Monge, del Revenue Watch Institute, lo denomina neoextractivismo. Hasta las autoridades públicas
más progresistas terminan aceptando e incluso apropiándose de un discurso neoextractivista que
justifica la extracción de los recursos naturales no renovables para generar ingresos
que financien el gasto público, ya sea para la inversión en
infraestructuras, o para gasto social –salud
y educación en el mejor de los casos, u otro tipo de subsidios. Así vemos a Maduro en Venezuela y Correa en Ecuador defendiendo la extracción de hidrocarburos, Humala en Perú y Bachelet en Chile defendiendo la extracción de cobre.
- ¿Qué es eso de los Lab? ¿Por qué se ha puesto de moda esto de los Lab? MediaLab, Fab-Lab, CoLab, HibridaLab, ParticipaLab, SociaLab, InnovaLab... - Lab viene de Laboratorio, una metáfora de un espacio para experimentar, explorar, investigar, aprender y emprender. - ¿Por qué será que a Lab-oratorio le han quitado el Oratorio? - ¿Será que estamos perdiendo el sentido sagrado del trabajo?
Eso me llevó a indagar en distintas fuentes sobre la evolución del sentido sagrado del trabajo desde sus orígenes hasta la actualidad y compartirlas aquí con los lectores.
En la antigua tradición judeo-cristiana aparece el trabajo como una consecuencia -mandato para algunos, castigo divino para otros- del pecado original.
"Ganarás el pan con el sudor de tu frente,
hasta que vuelvas a la misma tierra de la que fuiste sacado"
Si dejamos que la etimología nos devele el origen del significado de la palabra trabajo, descubriremos que viene de tripalium, que era una herramienta de tres palos usada para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos. Era usado también como instrumento de tortura para esclavos o reos. De ahí, tripaliare, significa "torturar", "atormentar", "causar dolor". De aquellas palabras derivaron "travail" en francés, e incluso "travel" en inglés.
El hecho de dejar de trabajar, la jubilación, proviene de júbilo (iubilum, jubilare), la alegría de no tener que trabajar más.
Durante la Edad Media, la expresión latina "Ora et Labora" -Reza y Trabaja- llegó a expresar la vocación de la vida monástica Benedictina. El capítulo 48 de la Regla de San Benito decía "La ociosidad es enemiga del alma. Los hermanos deberían participar en unos momentos concretos en el trabajo manual y en otros momentos en la lectura de la palabra de Dios". Esa dignidad dada al trabajo manual era revolucionaria, dada la concepción degradante que se atribuía al trabajo físico en aquella época de San Benito, dejándolo solo para los siervos y clases bajas.
Según relatan distintos autores (Stiglich, Gebelein, Arribas) que han estudiado la hermética tradición de la Alquimia, los antiguos alquimistas tenían su Oratorio y su Laboratorio, a uno y otro lado de su Escritorio, representados en este dibujo:
"Amphitheatrum sapientiae aeternae - Alchemist's Laboratory" by Hans Vredeman de Vries - http://www.library.wisc.edu/libraries/SpecialCollections/khunrath/labbig.html. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Amphitheatrum_sapientiae_aeternae_- _Alchemist%27s_Laboratory.jpg#mediaviewer/File:Amphitheatrum_sapientiae_aeternae_-_Alchemist%27s_Laboratory.jpg
Ante la aparición del protestantismo, Max Weber en su obra "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", plantea que al orientarse el trabajo a la obtención de un beneficio mundano, se sientan las bases del capitalismo. El orden moderno se transforma en una jaula de hierro. Aun así, el trabajo no era un fin en sí mismo, sino un "sacrificio" en aras de la salvación. Así se forma un hombre austero y ascético, que hace del trabajo la razón de su vida. Sacrificio, oficio sagrado. El fin de su existencia es generar riqueza, no para su beneficio sino para asegurarse la vida eterna. Según este criterio,
"la riqueza es reprobable sólo cuando incita a la pereza corrompida y al goce sensual de la vida; el deseo de enriquecerse sólo es malo cuando tiene por fin asegurarse una vida despreocupada y cómoda y el goce de todos los placeres; pero, como ejercicio del deber profesional, no sólo es éticamente lícito, sino constituye un precepto obligatorio".
Marx en "El Capital" conceptualiza el trabajo como la actividad por la que el hombre transforma la realidad para satisfacer sus necesidades físicas o espirituales. El tema central de su filosofía es la erradicación del trabajo sin entido, alienado, enajenado, hacia un trabajo enriquecedor, un trabajo libre.
"El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de su fuerzas a su propia disciplina."
La respuesta de la Iglesia Católica ante el movimiento obrero derivado de la revolución industrial se hace explícita en la encíclica Rerum Novarum (1891)de León XIII, sentando las bases de lo que comenzaría a fraguarse como la Doctrina Social de la Iglesia.
Ya en el siglo XX, San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del OPUS DEI, propone que el trabajo es una herramienta de santificación, siendo allí -y no solo en el templo- donde los cristianos se hacen santos. Se logra así reinterpretar el Génesis: Mientras Dios descansa el séptimo día, el hombre completa la obra creadora mediante el trabajo, que ya no será un castigo, sino una encomienda divina. Esta idea será recogida en el Concilio Vaticano II.(Cristian Salv.) y en la posterior encíclica Laborem Exercens, que consolida la conceptualización del Trabajo en la doctrina social de la Iglesia como derecho, como ofrenda, como deber, como santificación, como redención. Buttiglione, reforzando la vocación natural humana por el trabajo, señala:
“El hombre está llamado al trabajo porque mediante el trabajo cuida a la persona, la propia y la ajena , y ejerce su responsabilidad respecto a ella. Nadie puede cumplir su vocación propiamente humana sino mediante el trabajo"
En la tradición japonesa, el significado de kaizen, generalmente traducido en el mundo del trabajo como "mejora continua" o "búsqueda de la excelencia", proviene de
改 (kai en japonés, gǎi en chino) significa ‘cambio’ o ‘la acción de enmendar’.
善 (zen en japonés, shàn en chino) significa ‘bueno’ o ‘beneficioso’
¿Y si la invitación del kaizen -tan usado en los sistemas de gestión de calidad total- fuera en realidad una invitación a cambiar para ser más buenos cada día? ¿No es eso la búsqueda de la santidad, la santificación?
En hebreo, avodah, עבודה, se usaba para referirse al "trabajo"o "servicio", especialmente el servicio prestado por los levitas en el Templo. Por su parte, en el mundo anglosajón, se asocia la raíz de la palabra work (trabajo) con worship (culto, adoración) y worth (valor), tal como lo sintetiza gráficamente este video de la red "Work as worship".
"Para que el trabajo pudiera ostentar legítimamente este carácter sagrado, sería ante todo necesario que la vida misma,de cuyo sostenimiento es un penoso medio, tuviera alguna mayor dignidady algún valor más que el que las religiones y las graves filosofías le atribuyen. ¿Y qué hemos de ver nosotros en la necesidad del trabajo de tantos millones de hombres, sino el instinto de conservar la existencia, el mismo instinto omnipotente por el cual algunas plantas raquíticas quieren afianzar sus raíces en un suelo roquizo?
Esta idea de la dignificación por medio del trabajo tiene dos lecturas El trabajo visto como un servicio a la sociedad, confiere un sentido de propósito a aquella actividad que ocupa la mayor parte del tiempo del hombre. Sin embargo, en algunos casos, puede aprovecharse este discurso para sostener esquemas de explotación. Nietzsche sostenía que la idea dignificante del trabajo era una invención de las clases griegas acomodadas para contentar y tranquilizar a sus esclavos, quienes encontrarían en esa ilusión un bálsamo para tolerar su situación. Una imagen que también evocaba aquel letrero "Arbeit macht frei" -el Trabajo Libera- en la entrada de los campos de concentración nazi.
«Auschwitz-Work Set Free». Publicado bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Auschwitz-Work_Set_Free.jpg#mediaviewer/File:Auschwitz-Work_Set_Free.jpg.
Marshall Berman en su libro "Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la Modernidad" nos recuerda aquella frase del Manifiesto de Karl Marx: "Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas". Berman usa la metáfora de la "Pérdida de la Aureola" proveniente de un poema de Baudelaire para referirse a la desacralización del trabajo intelectual de "aquellas profesiones que hasta entonces se tenían venerables y dignas de piadoso respeto -médico, jurisconsulto, sacerdote, el poeta, el sabio- que creen tener poder para vivir en un plano más alto que las personas corrientes, que resultan ser casi los únicos modernos que creen ser llamados a sus vocaciones y que su trabajo es sagrado" , llevando a la proletarización de los trabajadores intelectuales asalariados, que terminan vendiendo su fuerza de trabajo al servicio del capital.
Recientemente, la artista chilena Ana Tijoux ha desempolvado aquella frase, transformándola en el título de un video-clip animado, que nos recuerda el carácter auto-destructivo del capitalismo moderno.
El filósofo coreano afincado en Alemania Byung-Chul Han denuncia que la violencia inmanente del sistema neoliberal, que ha logrado que el hombre moderno se convierta en su propio explotador, lanzado a la búsqueda del éxito. Han denuncia que “el esclavo de hoy es el que ha optado por
el sometimiento”. Y lo ha hecho a cambio de un modo de vida escasamente
interesante, “la mera vida, frente a la vida buena”, dice, casi pura
supervivencia. A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad. Pero
lo más llamativo es que el propio amo ha renunciado también a la libertad al
convertirse en explotador de sí mismo. Ha interiorizado la represión y se ve
abocado al cansancio y la depresión. Pero el cansancio y la depresión no se
pueden interpretar como alienación, en el sentido tradicional marxista:
“Solo
la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En
el neoliberalismo desaparece la coerción externa, la explotación ajena. En el
neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal.
Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el
agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la
alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del
cansancio como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La
sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación
ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de
autoexplotación”.
Han plantea que el hombre se ha convertido en un animal laborans, “verdugo y
víctima de sí mismo”, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso, el cansancio, el agotamiento, el aburrimiento, la agonía del Eros.
Para terminar con esta recapitulación caleidoscópica de miradas en torno a las relaciones entre lo sagrado y el trabajo, sugiero leer Economía Sagrada de Charles Eisenstein, donde plantea que gran parte de lo que más valoramos en esta vida - y que además nos hace más felices-, nos viene dado en forma gratuita: el amor, la amistad, el cariño, la vida, la naturaleza... y enfatiza la importancia de la economía del don -gift economy-, del regalo, del poder multiplicador de los rituales de generosidad y gratitud.
Cada historia tiene distintas versiones. Lo que marca la diferencia es la versión que creemos, la versión que contamos, la versión que vivimos. Hay muchas formas de entender el trabajo. Unos creen que solo pican piedras y otros se enorgullecen de construir catedrales. Si, como dicen, estamos hechos de historias, ¿qué historia nos contamos diariamente sobre el sentido de nuestro trabajo? ¿qué posibilidades se abrirían si exploráramos un sentido trascendente de lo cotidiano? Aquellos que vivimos de nuestro conocimiento, ¿qué creencias tenemos respecto al trabajo manual? ¿qué nos impulsa cada día a levantarnos para trabajar?
Desde la Agrupación comunitaria Kaleidoskopios, obtuvimos financiamiento del Ministerio de Desarrollo Social para continuar nuestro trabajo en el Barrio Vivaceta-Barón de Conchalí. Nuestro proyecto de innovación comunitaria -que incluía el trabajo con la impresora 3D en un contexto vulnerable- fue seleccionado por el Ministerio para inspirar a las ONGs a postular a la siguiente convocatoria del Programa Chile de Todas y Todos. La continuidad de este proyecto se prolongará durante el primer semestre de 2015 con el apoyo de la diseñadora, animadora sociocultural y experta en envejecimiento creativo Montserrat Frances.
Desde Glocalminds acompañamos al equipo de Participación Social de la Fundación Minera Escondida en el diseño de su programa territorial de formación de agentes de cambio. En este proceso, facilitamos un Café Mundial con jóvenes de la región y un Espacio Abierto con dirigentes sociales, cuyas conclusiones fueron registradas magistralmente por la facilitadora gráfica Reilly Dow.
Con el equipo de Investigación-Acción de Glocalminds, a petición de la Fundación Imagen de Chile, llevamos a cabo un estudio comparativo sobre cómo otros países - Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Perú y Ecuador - han incorporado símbolos de Pueblos Originarios en sus estrategias de Marca País.
En Diciembre, facilité una sesión de inducción a los nuevos miembros del HUB Colunga, abriendo toda una posibilidad de colaboración con la Fundación Colunga, que confiamos en que dará muy buenos frutos.
Junto con MariSol Dinamarca y Reilly Dow facilitamos una feria de innovación en Veterquímica, un laboratorio veterinario cuya misión se orienta al bienestar animal.
Durante el segundo semestre continué acompañando a la oficina de Cultura de la Municipal de Paine en la implementación de su Plan de Cultura Comunal, con el apoyo del Programa Red Cultura del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. En el marco de esta asesoría, co-facilitamos con Karen Mendez, Suka Ortiz y Josefina Maturana un Café mundial con artistas locales y gestores culturales de la comunidad.
En el ámbito de Consultoría Intercultural, acompañé a en sesiones de formación intercultural a ejecutivos de las multinacionales BHP-Billiton, Zurich, Novartis, Unilever y Heineken.
Continué la docencia en estos programas de Postgrado:
Liderazgo para la Sustentabilidad en el Magister en Gestión de la Sustentabilidad en la Universidad del Desarrollo
Liderazgo y Cambio Organizacional en el Magister en Liderazgo para la Gestión Educacional en la Universidad Andrés Bello
A lo largo del año, tuvimos cinco CoCreaLabs en Santiago, distribuidos en Wayra, Artepaz y Corfo, aprovechando las visitas que tuvimos desde México y Colombia:
Angélica Morales: Entramados Colaborativos para una Educación Transformadora
Juan Pablo Sanchez King: Cultura biorganizacional
Jennifer Trujillo: Tejiendo conversaciones en torno al fuego
Juliana Medina: Comunicacion para el desarrollo sostenible
Karen Mendez: Generación de Capacidades con enfoque sistémico.
Por su parte, en Cali (Colombia), impulsaron varios CoCreaLabs con:
Stephan de la Peña: Cómo cambiar el mundo
Inge Merete: Las crisis de sostenibilidad
Ricardo Muriel : Gamificación
¿Y qué se vendrá para el 2015? Seguro que nuevas y sorprendentes aventuras.
Mi pasión es entrelazar mundos, hacer malabares con todas las esferas de la vida, aprender, desaprender y emprender en esta alquimia que nos transforma por dentro y por fuera, caminar con mi familia en la naturaleza, bailar salsa, contar cuentos, viajar, conversar y facilitar conversaciones con sentido, conectar la cabeza con el corazón, la lógica con la intuición, la imagen con la palabra. Y sí, a veces, escribo poesía.