sábado, 19 de octubre de 2019

ANOMIA

(escrito bajo Toque de queda)

Algunos me dirán
que hoy no es tiempo
para la poesía,
pero en estos días
los versos me brotan
a borbotones
como la sangre latiendo
de una arteria aorta
en la sociedad absorta
de América Latina.



Anoche decretaron
estado de emergencia.
Los medios sorprendidos
relatan la insurgencia.
Todos cómplices pasivos
de la estructural violencia.
Parece un estallido
de rabia y de impotencia.
El pueblo ha despertado,
se acabó la paciencia.
El mundo aletargado
por fín ha comprendido
el sentido de urgencia.


Estudiantes tratados
como terroristas.
Un Pueblo declarado
ya en rebeldía.
Policías apagando
el fuego con bencina.
y el presidente cenando
en una pizzería.
Tanta agua derramada
en medio de la sequía.


Todo ha comenzado
con la evasión  masiva,
La gota que ha colmado
el vaso de la economía
del pueblo agobiado
por las cuentas más IVA.

No son treinta pesos.
Son treinta años
de múltiples engaños,
décadas de abuso
siglos de exterminio,
y rabia acumulada
que han llevado
a esta escalada
de violencia desatada.

Ministerios colapsados
buscando resolver
problemas  por separado,
condenados a volver
a patrones del pasado
que nadie quiere ver.

Los errores  y horrores
de la historia reciente
aún están calientes
en el corazón de la gente.

Quito, Barcelona,
Santiago, Hong Kong,
todos cortados
por el mismo patrón:
La doctrina del shock,
el estado de excepción.
Noticias falsas.
Desinformación.
La verdad verdadera
es la víctima primera.
Líderes pasmados.
Calles en llamas.
por encapuchados.
gente que reclama.
Almas apenadas
Familias aterradas.
Pacos y guanacos,
gotas de limón.
Jóvenes llamando
a la rebelión
de la sociedad entera
contra la opresión,
contra la extinción,
ante la crisis
política, climática,
hídrica, agrícola,
epistémica y sistémica.

Élites en burbujas
insensibles al impacto
de leyes que empujan
con sombríos pactos.

Gerentes desalmados
armados de privilegios,
muy bien educados
en siete colegios
destruyen santuarios,
cometen sacrilegio,
profanan lo sagrado,
de los ríos y bosques,
montañas y desiertos,
ignorando sus misterios.

Saqueo amparado
por leyes injustas
y códigos de aguas
de la dictadura.

Solo soy un  profesor, 
un padre de familia,
un poeta ocasional,
un burgués pacifista
convertido en activista,
al sentir el dolor
de familias campesinas
de familias obreras
y otras tantas víctimas
del modelo extractivista.

Solo anhelo llegar 
tranquilo a casa
abrazar a mis hijos,
contarles un cuento
besarles cada noche
y contemplar en paz
las lechugas del huerto.

Después de todo
¿qué nos queda?
Tocarnos esta noche
de toque de queda.
entre las cenizas
de la democracia.
Y rezar para que otra vez
la calma y la sensatez 
broten de nuevo
entre las brasas,
como aquel viejo
en el Barrio Lastarria
tocando su arpa
entre los fierros
de una micro quemada.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Qué bello!!! Gracias por compartir un talento de muchos.

Pablo Villoch dijo...

Muchas gracias por tu apreciación