Dicen los economistas que la década de los ochenta fue una
década perdida en América Latina. Este fin de semana cumplí 10 años en este continente mestizo. Diez años desde que salí de
Bilbao a
Monterrey con una mochila cargada de sueños. Hace diez años era un muchacho lleno de ideas y de ganas de devorar el mundo. Parece que todavía lo soy. Quizás no tan muchacho. En este tiempo, vienen imágenes a mi mente de las comunidades indígenas de la Sierra Norte de Oaxaca en México, de los perezosos del
Parque Manuel Antonio en Costa Rica, de las calles de Santiago de
Cali en Colombia, las playas de Sua en Ecuador, el
Salar de Uyuni y la Isla del Sol del Lago Titicaca en Bolivia, las librerías de Buenos Aires y las montañas de Mendoza en Argentina, la cocina mineira de
Belo Horizonte en Minas Gerais, Brasil, ... y como no, Chile, con sus imponentes volcanes, milenarios glaciares, bosques siempreverdes e inexpugnables desiertos. Chile Pacífico y Austral. Chile injusto y fragmentado.
Para mí no ha sido una década perdida. Todo lo contrario. Ha sido una década encontrada. Una década de encuentros. Encuentros en los caminos, en la calle, en la montaña. Una década de encontrarse. De encontrarme. De sueños encontrados.
Desde niño soñé con el enorme cóndor que se llevaba a los hijos del Capitán Grant en la novela de Julio Verne. Y aquí, en las cumbres de los Andes lo encontré. Llegué a dirigir el
Santuario Yerba Loca, un corredor biólógico clave para la reproducción del
cóndor andino.
Desde niño soñé con caminar por la selva. Y lo hice, en el Bosque lluvioso de Monteverde, y el bosque tropical de Manuel Antonio en Costa Rica, y en la
preamazonía de Tena en Ecuador.
Desde niño soñé con conocer las misiones tras ver la película de La Misión. Y estuve en la Chiquitanía boliviana y fui misionero por un día en Santa Rosa, en la provinci
Desde niño soñé con plantar un árbol. Y planté uno con mis manos, aunque fueron 50 los plantados en Plazoleta Negra, camino a Farellones.
Desde niño soñé con escribir un libro. Todavía no lo hago, pero ya van varias tesis guiadas y revisadas para mis alumnas. Y este blog ya ronda sus 15.000 lectores en todo el mundo
Desde niño soñé con ser payaso, profesor, pintor, explorador, trotamundos, aventurero, montañero, titiritero, trovador... y poco a poco, siento que voy cumpliendo cada uno de esos sueños. ¿Por qué vivir solo una vida, si puedes vivir varias vidas en una?
Desde niño soñé con encontrar un tesoro. Y encontré muchos e invaluables tesoros. Pero el más valioso fue el cariño gratuito de la gente que encontré en el camino.
Desde niño soñé con encontrar el amor. Y el amor me encontró, y me presentó a
Yohana y nos trajo a
Amanda.
Desde niño soñé con cambiar el mundo. Y parece que todavía sigo en ello.
Y en este cúmulo de encuentros como todo ciclo que se cierra antes de comenzar otro, este fin de semana he participado en tres hermosos rituales de encuentro y despedida.
Sábado 1/08 por la mañana, último taller sobre construcción de cultura de equipo para los oldies de
AIESEC Santiago en el marco incomparable de
Picarquín, San Francisco Mostazal, en la precordillera de la Región del Libertador Bernardo O'Higgins. Aplauso de homenaje y palabras sentidas de agradecimiento. Conversaciones significativas en el tren con Mauricio y Naaz sobre nuestras vidas nómadas.
Sábado por la tarde: Chocolatada de despedida en casa de Sergio. Unos cuarenta amigos trajeron su tazón para compartir una tarde de dulces recuerdos. Muchas gracias a todos por vuestra presencia.