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viernes, 26 de febrero de 2021

Ponencia en Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental para la Sustentabilidad

Comparto aquí la ponencia que realicé en el marco del Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental para la Sustentabilidad organizado por la Red Iberoamericana del Medio Ambiente REIMA. La ponencia busca sistematizar y evaluar la experiencia de la Travesía de Aprendizaje realizada con estudiantes de Cuarto curso de Administración de Ecoturismo de la Universidad Andrés Bello en el Cajón del Achibueno, en la Comuna de Linares, Región del Maule, Chile, desarrollada a partir de la colaboración entre la Fundación Hualo, el Parque Cordillera Los Quemados, la Oficina de Turismo de la Municipalidad de Linares, la Universidad Andrés Bello y Glocalminds.


viernes, 13 de marzo de 2015

El Llamado de la Montaña 2015

Relato etnográfico de mi participación
 en el Llamado de la Montaña 2015

Cuando recibí la invitación por las redes sociales, lo primero que me llamó la atención fue el dibujo de aquel vistoso y colorido colibrí junto a la montaña verde.  El corazón del colibrí es el más grande del reino animal, en proporción a su tamaño. Solo un corazón así le permite agitar sus alas a tal velocidad. Y fue así como mi corazón de colibrí saltó de alegría con la mera posibilidad de asistir al encuentro.

El lugar elegido, el territorio del Pueblo Misak en el resguardo indígena de Silvia, Guambia, en las montañas del Cauca era muy significativo. El Cauca ha sido una región muy golpeada por la guerra que se vive en Colombia durante décadas, llegando a ser considerada como zona roja. A su vez, el territorio Misak ha sido el corazón del movimiento indígena por la defensa del territorio y la identidad.

En el terminal terrestre de Cali coincidí en el bus con otros participantes del encuentro, fácilmente reconocibles por la vestimenta y las grandes mochilas. Las instrucciones eran claras y precisas. Unas tres horas hasta Piendamó por carretera, atravesar caminando el pueblo hasta tomar otro bus a Silvia y en el parque de Silvia tomar un jeep o colectivo hasta la Misak Universidad.

Cuando llegamos, ya había comenzado la primera plenaria, en la que Beatriz Arjona del Consejo deAsentamientos Sustentables de las Américas estaba relatando la historia desde el primer Llamado. Las autoridades Misak presentes también dieron su bienvenida y se realizaron los correspondientes rituales y ceremonias de inicio.

Mientras armaba la tienda de campaña, vislumbré a mi amiga Zulma, a quien no veía desde hacía cinco años en Karlskrona, y nos fundimos en un alegre abrazo. Su pareja, Rowan me entregó unos frutos secos y una granadilla para paliar el hambre del viajero. Tímidamente, le pregunté a Zulma:

-“Y esto cómo se come?”
-“No hay forma decente de comerse una granadilla” – me respondió.

En un comienzo nos decían, “Por favor, eviten fotografiar los rituales sagrados”. Después eran los misak quienes nos fotografiaban con sus tablets. Tras la cena, los “médicos” locales prescribieron un “refrescamiento” para armonizar energéticamente a todos los recién llegados con el sentir del territorio. Esa fue una impactante inmersión cultural en la cosmovisión Misak. Según logré entender, según su creencia, el Territorio Misak como ente siente tu presencia, tu respiración, tu latido del corazón, si gritas, si vienes con miedo... y el cambiante microclima local es una respuesta al estado anímico de los visitantes. Ya era de noche y los médicos se habían instalado en un extremo de la cancha para realizar su ritual. Un fueguito, hojas de coca, un pagamiento a la Pachamama y probablemente otras sustancias desconocidas. Nos pidieron colocarnos sentados en una fila curva en media luna y esperar, esperar, esperar…. Esperar. No podían decirnos si serían diez minutos, media hora o más. Se demorarán lo que se tengan que demorar. Bienvenidos al tiempo Misak. Kairós llamaban los griegos al tiempo divino o tiempo emocional. Pasaron varias horas. Opté por no mirar el reloj del teléfono celular. De hecho, opté por apagarlo, pues no tendría cómo cargar batería durante la semana. Algunos tocaban flautas, otros guitarras, algunos comenzaron a cantar.

Otros permanecíamos en silencio, tratando de mantenernos presentes, con la mente abierta, suspendiendo los propios juicios –en mi caso venían juicios como neohippismo, vmeme verde, boomeritis, tapón evolutivo-, sintiendo progresivamente el frío, la humedad y el entumecimiento del cuerpo. Por breves momentos, una leve brisa abrió un claro entre las nubes y  pudimos contemplar con regocijo y admiración las estrellas que titilaban al son de la sinfonía de grillos que nos circundaba. Qué bendición.

Por fin aparecieron los brujos. A esa hora pude concluir que su figura se acercaba más a ese arquetipo ancestral que a la concepción occidental de médicos. Uno a uno, entregaban hojas de coca e invitaban a lavarte las manos y rostro. Su presencia realmente traía simbólicamente lo sombrío del inconsciente.

A la mañana siguiente, tras el desayuno y tras una muestra de bailes folklóricos postergada a causa del refrescamiento, comenzó el plenario “Territorio, Sustentabilidad y Buen Vivir”, moderado por el señor Hildebrando Vélez, tan reconocido como perseguido activista y académico ligado a las causas socio-ambientales. Representantes de diversos pueblos originarios presentes en Colombia compartieron sus testimonios, con algunas perlitas de sabiduría ancestral. Auténticos tesoros humanos vivos, portadores de cosmovisiones milenarias. Sentí como un milagro que perduren tras más de cinco siglos de resistencia. Zulma con sus rotuladores de colores iba registrando la síntesis visual de  los contenidos sobre papel kraft.

(incorporaré aquí imágenes de las anotaciones de la moleskine)

La metodología elegida para el evento, el denominado Consejo de Visiones, permitía que cada participante pudiera elegir una temática o más para profundizar. Entre las temáticas posibles estaban:
  • -          Consejo de Educación
  • -          Consejo de Ecología y permacultura
  • -          Consejo de Asentamientos Sustentables
  • -          Consejo de Sanación, Espiritualidad, ancestralismo, consejo de mayoras y mayores
  • -          Consejo de Jóvenes
  • -          Consejo de Niños
  • -          Consejo de Economía Solidaria
  • -          Consejo de Arte y Cultura
  • -          Consejo de Redes y Movimientos Sociales

Por la mañana fui al consejo de Asentamientos Sustentables, pues tenía curiosidad por escuchar de mecanismos de convivencia y resolución de conflictos usados en ecoaldeas y aprender más de modelos como la holocracia y sociocracia. La primera sesión consistió en una meditación guiada, prestando atención a la respiración. “Tu cuerpo es tu territorio primordial” “Pestañear conscientemente, mirando hacia fuera, mirando hacia dentro”

Por la tarde, acudí al Consejo de Educación, que era dinamizado por Zulma, Rowan y Paola. Durante la sesión, dos mayores Misak docentes de la Misak Universidad nos expusieron cómo se organiza la autoridad, su sistema educativo y sus vínculos con el sistema familiar, productivo y político-administrativo. Uno de los ponentes, profesor de Administración articuló su propuesta de la Minga como Modelo gerencial. Al conversar con uno de sus estudiantes, le pregunté cómo hacen en su educación para conectar a las personas con la naturaleza. Su respuesta me sorprendió profundamente: 

“La conexión con la tierra comienza desde antes de la concepción. Antes de concebirme, mi madre soñó con un colibrí. Y cuando nací, mi madre sembró mi ombligo en el huerto, junto a nuestra casa”. 

La sesión culminó con un inspirador círculo en el que cada asistente declaró cuál debiera ser un ingrediente para construir una educación consciente que reconecte con la naturaleza, con la vida.

(transcribiré aquí cosecha del cuaderno)

La segunda noche mágica nos sorprendió con una obra de teatro presentada por una compañía familiar de una eco-aldea. No recuerdo el título, creo recordar algo relacionado con el cuarto sol de los mayas.  La representación era de una impactante belleza visual, reforzada por la simbólica presencia del abuelo fuego al centro del aforo. Tras una impactante entrada de escenas que mostraban la decadencia humana marcada por la violencia y el abuso,  progresivas apariciones de elementos naturales como el agua, el fuego, el planeta iban desnudando progresivamente a un hombre, quitándole capas de vicio, gula, arrogancia, ignorancia y otros males. 



Tras la obra de teatro, un grupo musical Misak con su vestimenta tradicional –mallku gris, falda azul, bufanda, bombín negro- preparó sus instrumentos – guitarra eléctrica, bajo, batería…- y cuando comenzaron a tocar algo parecido a rancheras mexicanas, yo me sentí abrumado por tanto eclecticismo. Ya me disponía a hacer mutis por el foro y retirarme a mis aposentos, cuando sentí que una mano me agarraba de la muñeca arrastrándome hasta la pista de baile. Así, casi sin darme cuenta, terminé bailando el frenético ritmo de la carranga campesina por primera vez con mi amiga Zulma. La cucharita, la gallinita..

El viernes por la mañana, el panel se titulaba “Territorio y Procesos de Paz”. Esta vez don Hildebrando hizo algo más que repartir el micrófono. Invocó a los ausentes, los caídos, los desaparecidos... Pidió un minuto de silencio por los 43 estudiantes cruelmente asesinados en Ayotzinapa, México. Y declaró unas palabras que aun retumban en mi pecho.  
Aquí estamos los que cuidamos los páramos. Aquí estamos los que cuidamos el agua de los ríos. Aquí estamos los que cuidamos las nubes que nos regalan la lluvia. Aquí estamos los que cuidamos las semillas… Ahó! 
Esto fue solo una señal, un anticipo de lo que sería una intensa, vibrante y profunda mañana de presencia colectiva, de testimonios que tocan el corazón, de voces quebradas y ojos brillantes. Creo que fue en ese momento cuando tres músicos misak  tocaron el tambor y la quena. En silencio, de pie, sintiendo la música del llamado de la montaña, yo ya no pude contener mi llanto. Como en un suspiro, brotaron en mi todos los momentos en que había sentido en mi vida eso que llamaba sin saberlo, el Llamado de la Montaña. Vinieron a mí recuerdos –algunos de ellos casi olvidados- de las primeras montañas que subí en mi niñez con Gazte Makaldia, de los primeros círculos de silencio por la paz allá en la plaza de mi barrio en el País Vasco, del dolor, la rabia y el coraje despertados por la violencia, vinieron a mí escenas los paisajes de la sierra Norte de Oaxaca en México y la comunidad de Cuajimoloyas, del trabajo en Farellones y del cuidado del Santuario de YerbaLoca en Chile… y de pronto, al son de aquella quena y al latido de aquel tambor, lo supe. El llamado de la Montaña es el llamado a trabajar por la Paz, por la interculturalidad, por la sostenibilidad, la regeneración, la convivencia en armonía entre humanos con toda forma de vida. El llamado de la montaña no es un llamado que hacen los humanos, es un llamado que hace nuestra Madre Tierra, a cuidarnos, a sanarnos, a reconciliarnos, a honrar y custodiar pasado, presente y futuro.

A ese breve y profundo momento musical siguieron los testimonios de algunos  líderes indígenas y mestizos que compartieron con emoción sus historias de vida y lucha por la dignidad de sus pueblos, las mujeres, la defensa de las semillas, de los derechos humanos. Gloria Cuadras –ex alcaldesa de Apartadó un pueblo que sufrió una horrible masacre- nos hizo llorar a muchos con su relato, especialmente cuando mencionó los dibujos de una niña testigo del sufrimiento.  Y finalmente Jorge Calero, que apeló a la responsabilidad que tienen las eco-aldeas en contribuir a los procesos de paz en Colombia.

Documentación gráfica del Panel sobre Territorio y Procesos de Paz, realizada por Zulma Patarroyo de Pataleta


llamado de la Montaña 2015 from pataleta on Vimeo.

Terminado el panel, nos fuimos a sembrar árboles a una ladera en la orilla del río Piendamó. Allí coincidí con Lina, de la Asociación de Egresados de Uniandes, a quien había conocido unos días antes durante el taller Cocrealab de innovación colaborativa para la sostenibilidad organizado por el nodo glocal de Cali.

Por la tarde, después de un frugal almuerzo, tuvimos la sesión del Consejo de Educación. En esta ocasión, estábamos sentados en el tipi, con el fuego –abuelo fuego- al centro. Usamos el método de pecera (fishbowl) para compartir historias de distintas iniciativas de educación alternativa. Comenzó Jorge, compartiendo su experiencia con la Universidad Gaia, que ofrece cursos virtuales de pre y posgrado en diseño regenerativo de asentamientos sustentables.

Yo compartí la experiencia de la Escuela de Innovación Social que hemos desarrollado en el CoLab de la Pontificia Universidad Católica de Chile formando agentes de cambio inspirados en las escuelas KaosPilot (Dinamarca), Tiimi Akatemia (Finlandia) y Guerreros Sin Armas (Brasil).

Después tomaron la palabra la fundadora y directora del Colegio Alas de Cali -inspirado en la pedagogía para la paz- y un académico de la Universidad del Valle que desde la InvestigaciónAcción Participativa, los trabajos de Orlando Fals Borda, Paulo Freire y otros, había acompañado el surgimiento de la Misak Universidad durante décadas, relacionándolo con el emerger de otras universidades indígenas en otros países de América Latina.

Pero lo que marcó la diferencia aquella tarde fue el testimonio de un abuelo, vestido enteramente de blanco, con un gorrito blanco, proveniente de una comunidad Muiska, quien nos relató detalladamente las enseñanzas de un mamo de la Sierra Nevada de Santa Marta, acerca de su visión ancestral educativa de cómo se transmite la cosmovisión a lo largo de todo el ciclo de vida, desde la preconcepción, el nacimiento, los primeros pasos, las primeras palabras, la primera menstruación, la primera relación sexual … hasta la muerte.  “Así se siembra la gente” repetía una y otra vez.

Cuando salimos del tipi, ya era de noche. Habían pasado más de tres horas sentados, escuchando historias en torno al fuego. Aunque como facilitador, nunca habría diseñado un espacio de aprendizaje como aquel, me dejé sorprender por la presencia colectiva y la profundidad de la escucha lograda.

La penúltima noche mágica tuvo micrófono abierto de artistas invitados. Un gracioso malabarista italiano, un cuentacuentos colombiano, un guitarrista corso, y el entrañable coro del colegio Alas, que cantó dos emotivas canciones por la paz. Una joven misak estudiante de trabajo social se me acercó entusiasta y me sorprendió al pedirme ser amigos por Facebook.

El sábado era el día de la acción, de la colaboración, de la Minga, organizada enteramente por los Misak. Por la mañana nos despertaron al son de guitarras, flautas y tambores. Desayuno rápido y partió la marcha ritual. La caracola primero, después los músicos y las abuelas, y después todos los demás. Ojalá en dos filas, hombres a un lado, mujeres al otro. Al igual que en otros rituales, las mujeres en su luna debían quedarse en el campamento, con un círculo de mujeres especial para ellas.  Caminamos en silencio los pocos kilómetros que separaban el resguardo indígena de la plaza del pueblo de Silvia. Unas cuadras más allá de la plaza nos esperaba la chiva –nombre local para camión de sobrecargado transporte rural -  que nos llevaría al campo que íbamos a sembrar con alisos y pililén.  Según la creencia local, los pililén sirven para “sembrar agua”,  pues contribuyen a preservar los pozos de agua y humedales.

Aquí, una sincronía significativa, mi único apellido vasco por parte de mi abuela paterna, originario del Valle del Baztán, Alzugaray, significa alisal alto, un bosque de alisos en lo alto. Nunca antes había visto, tocado o plantado un aliso. Y tuve que venir hasta acá, al corazón del territorio Misak, en las montañas de Guambia, para plantar mi primer aliso y reconectarme con el origen de mi apellido, con mis raíces familiares.

Precisamente, ese día tomé contacto con varios españoles. Un chico de Santander, otro de Valencia, una catalana, uno medio andaluz. Mientras íbamos plantando los alisos y pililenes, ya bastante sucios por el barro, comenzó un tremendo aguacero. Ante el inmenso chaparrón, no nos quedó otra alternativa que guarecernos bajo unos árboles y esperar durante alrededor de una hora hasta que escampara. Una vez que cesó la intensidad de la lluvia, pudimos salir de nuestro improvisado refugio y empezar una cadena humana de unos dos kilómetros para transportar los arbolitos hasta su lugar de siembra. Al final de la minga logramos transportar y sembrar mil setecientos arbolitos.  Sin duda, fue emocionante e inspirador sentir el poder de la acción con intención regenerativa, la capacidad de la comunidad de colaborar con entusiasmo, superando alegremente el barro, la lluvia y el cansancio en aquella minga.

De regreso al refugio, nos esperaba una rica y reponedora sancocha, una sopita con carne, para que volviera el alma al cuerpo, y recuperarse del frío húmedo y el cansancio. Cuando ya estaba por fin sentado en una piedra con mi plato humeante sobre las piernas y la boca abierta para saborear la segunda cucharada, una voz desde lejos pidió ocho hombres fuertes para ayudar a mover una ambulancia en apuros que había quedado atrapada en el barro.  Allí quedó la sopa. Y partí raudo al servicio. Nos juntamos varios hombres, y finalmente resultó que había que caminar varios kilómetros hasta llegar a la ambulancia. Más de una hora después, al volver, mi sopita  ya estaba fría, así que me sirvieron un nuevo plato de sopa caliente y lo degusté con fruición.

La última noche hubo varios grupos musicales, incluida la infaltable carranga y otros bailes Misak. Pero la banda que se llevó más aplausos fue una banda denominada Campo y Sabor. Cada una de sus canciones, entrelazadas con un castizo sentido del humor y consignas por la soberanía alimentaria,  estaba dedicada a un vegetal, planta, semilla o fruta. Así, cantaron, y sobre todo, bailamos al son del mango, la guayaba, el lulo, la naranjilla, la papa, el café, el cilantro, el aguacate…




A la mañana siguiente, desperté temprano para ayudar a preparar los murales de la evaluación, en los que diseñamos unas preguntas en español y en lengua misak, para que los participantes volcaran sus observaciones (ver), emociones (sentir), sugerencias (pensar), compromisos de acción (actuar). Ver sentir, pensar y actuar son las cuatro dimensiones de la existencia, según el pensamiento Misak.

La última mañana fue bella. Amaneció un cielo radiante, como si las montañas se hubieran puesto su mejor ropaje para honrar nuestra despedida. Danzamos tres danzas de la paz que aún reverberan en mi recuerdo. Ayun Mapu,Newen Mapu –en mapudungun, Amor a la tierra, y Fuerza a la tierra,  para agradecer al territorio Misak por su buena acogida. Después danzamos al son de “Fuerzas de la paz” -inspirado en una canción popular rusa- para desear la paz en Colombia y toda la tierra. Y para terminar, “Inlakech, alaken” saludo maya que significa Yo soy tu, tú eres yo, celebrando los lazos de aquella naciente comunidad humana. Terminó con una veloz y alegre ronda donde todos, incluidas abuelas, niños, jóvenes y adultos cantamos, reímos, corrimos y gozamos.

Al mediodía comenzó la instancia de cosecha, donde cada consejo compartió sus reflexiones, aprendizajes y compromisos. Y  se celebró con una hermosa y sencilla ceremonia de cierre, agradecimiento y despedida.

Ya en el furgón de regreso, reíamos con Oscar, Zulma, Rowan y sus niñas, recordando mi primera granadilla, saboreando mi primer mango –sí, de esos que te dejan hilos entre los dientes-, mi primera carranga, mi primer aborrajado… en fin, dicen que la primera vez nunca se olvida.





miércoles, 7 de enero de 2015

La Calamización de Chile

Aviso al lector:
Suficientes empresas e instituciones difunden las bondades de la minería de cobre -aclamado con orgullo como el sueldo de Chile- y su contribución al desarrollo del país. Este post va en otra dirección.



El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el sustantivo "calamidad" del siguiente modo:

calamidad.

(Del lat. calamĭtas, -ātis).


1. f. Desgracia o infortunio que alcanza a muchas personas.

2. f. Persona incapaz, inútil o molesta.


El neologismo "Calamización" en el título de este escrito -usado con confesada intención provocadora en referencia a Calama, la ciudad minera del Norte de Chile-busca referirse al proceso por el cuál un territorio sufre una dinámica de impactos sociales, ambientales, económicos y culturales, que podrían asemejarse a "desgracias o infortunios que alcancen a muchas personas".

Mi trabajo como facilitador de conversaciones en sistemas complejos me permite navegar libremente en distintos territorios, asumiendo naturalmente un rol que recuerda metafóricamente al de una abeja que vuela de flor en flor, favoreciendo la polinización cruzada. En los últimos años, me ha tocado visitar distintos territorios afectados por la industria minera. Iquique, Tocopilla, Antofagasta, Copiapó, el Valle del Choapa, Andacollo, el cajón de Farellones...


Esto me coloca en una posición privilegiada que me permite conversar con numerosas personas de diverso origen y condición que habitan esos territorios. Al escucharlas con atención y paciencia, es posible percibir ciertos patrones comunes a la dinámica sistémica generada por la presencia de la industria extractiva y sus impactos en la sociedad, tanto a nivel local, como a nivel macro.

Durante la última década, hemos asistido a lo que los economistas -Vergara, Berthelsen, Agosin, Grijalva- llaman el superciclo de los commodities, impulsado por el crecimiento de los gigantes asiáticos. Las estadísticas muestran que durante esos años China construía el equivalente a la cantidad de viviendas de Roma cada dos semanas, y el equivalente a la superficie urbana de España cada año. El crecimiento económico de China influye en el precio del cobre. Un precio del cobre superior al precio de equilibrio aumenta las expectativas de inversión minera, lo que atrae inversión inmobiliaria y en infraestructura, lo que en ausencia de mecanismos de colaboración público-privada de largo plazo genera un crecimiento urbano no planificado, que redunda en una mayor segregación urbana, contribuyendo a deteriorar el tejido social y la cohesión social. Un crecimiento sostenido de una región atrae una mayor inmigración de otras regiones y países, lo que complejiza la diversidad cultural en el territorio, pudiendo llevar a la aparición de dinámicas de discriminación étnica que pueden llegar a tensionar la convivencia intercultural con expresiones de xenofobia (de las cuales los medios solo reflejan las más visibles, tales como grafittis, marchas)

La consolidación de la actividad minera atrae flujos de población flotante en el territorio formada por miles de hombres que viajan semanalmente en avión desde otras regiones para trabajar en el sistema de turnos: 7x7, 4x4, 4x4, 6x2,5x2, 9x3,10x4, 8x4.. Esto es una gran oportunidad de negocio para las lineas aéreas, taxis y transfer, hoteles... Pero también otros negocios crecen al alero de la minería. La alta afluencia de hombres  y la cantidad de dinero en efectivo disponible provoca un aumento de la demanda de comercio sexual, y en algunos casos, de locales de expendio de bebidas alcohólicas y tráfico ilícito de estupefacientes. El aumento de dinero disponible en la zona provoca una espiral de inflación local de precios-costos-salarios que resulta prácticamente incontrolable, generando como consecuencia una economía dual, entre quienes trabajan y disfrutan del poder adquisitivo de los altos sueldos de la minería y el resto de los mortales que trabajan en comercio y servicios. Por ejemplo, los liceos municipales de Antofagasta tienen serias dificultades para atraer a profesores especialistas -  por ejemplo, en filosofía o en física- porque las universidades regionales no  cubren esos puestos con nuevos egresados y ningún profesor desea irse a vivir a Antofagasta  con tal alto costo de vida con sueldo de profesor. Incluso los jóvenes ven cooptados sus proyectos de vida por la presión de las expectativas familiares. "M'ijo, si quiere ganar plata, búsquese una peguita en la mina, poh!"

A nivel macroeconómico, la progresiva dependencia de la exportación de una materia prima, aumentando considerablemente el ingreso de divisas, y perjudicando consecuentemente a la competitividad de resto de exportaciones es conocido por los economistas como el mal holandés o la enfermedad holandesa.

De algún modo, al llegar la minería -pública o privada- a territorios periféricos con mínima presencia del Estado, se da un fenómeno de transferencia implícita de soberanía. Así, las empresas mineras, presionadas a veces por lineamientos de su casa matriz, a veces por la necesidad de la licencia social para operar, y otras veces como reacción a conflictos socioambientales con la comunidad, comienzan a tomar decisiones propias de política pública o incluso generar bienes públicos allá donde el Estado no llega. He visto empresas mineras decidir en qué se van a capacitar los profesores de escuelas municipales, hacia dónde debe orientarse el turismo en un territorio, dónde construir carreteras o hasta donde construir locales parroquiales. 

No juzgo estos hechos desde una óptica estatista. Al contrario, creo importante ampliar la responsabilidad pública más allá de monopolio del Estado. Tanto las empresas, como las comunidades y la sociedad civil organizada comparten responsabilidad en la construcción de valor y bienes públicos, tal como propone Francisca Rivero, de la Fundación Avina Chile. Sin embargo, creo importante velar por la transparencia y la legitimidad de los mecanismos de decisión sobre los bienes públicos cuando los toman entidades privados.

Este fenómeno que he denominado calamización no es exclusivo del Norte de Chile. El Alcalde de Lo Barnechea, Felipe Guevara, ya adelantó  el riesgo de Calamización del centro de Chile cuando advirtió que el proyecto Andina 244 de Codelco "iba a provocar que Santiago sea Calama en 50 años más". Fue precisamente el Alcalde de Calama el que en 2012 apoyó y convocó movilizaciones ciudadanas que encendieron las luces de alerta sobre la necesidad de descentralizar y redistribuir los beneficios en los territorios afectados. La iniciativa Calama Plus se activó precisamente a partir de aquel hito.

Y me atrevería a decir que esta dinámica de la minería chilena del cobre es extrapolable, con mas o menos matices, a otras industrias extractivas del continente americano. El investigador peruano Carlos Monge, del Revenue Watch Institute, lo denomina neoextractivismo. Hasta las autoridades públicas más progresistas terminan aceptando e incluso apropiándose de un discurso neoextractivista que justifica la extracción de los recursos naturales no renovables para generar ingresos que financien el gasto público, ya sea para la inversión en infraestructuras,  o para gasto social –salud y educación en el mejor de los casos, u otro tipo de subsidios. Así vemos a Maduro en Venezuela y Correa en Ecuador defendiendo la extracción de hidrocarburos, Humala en Perú y Bachelet en Chile defendiendo la extracción de cobre.

A pesar de este sombrío panorama, a veces, puntos de luz inesperados. Comparto aquí el inspirador testimonio de Pablo Valenzuela, Director Ejecutivo de Casa de la Paz, impulsor del Grupo de Diálogo sobre Minería, Democracia y Desarrollo Sustentable, que están avanzando sistemáticamente en la apertura de espacios auténticos de conversación para avanzar en esta materia.