Mostrando entradas con la etiqueta cambio sistémico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cambio sistémico. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de octubre de 2019

TRANSFORMATIONS 2019

A comienzos de año, mi amigo colombiano Manuel Manga, fundador del Instituto de Liderazgo Evolutivo, me conectó con Steve Waddell, líder del SDG Transformations Forum, que me conectó con Paulina Aldunce, académica de la Universidad de Chile, organizadora del Transformations2019 Conference, que buscaba  proporcionar una plataforma para el aprendizaje recíproco entre contextos menos y más desarrollados, y entre investigadores y otros actores sociales, con el fin de mejorar tanto la práctica como la teoría de modo de apoyar cambios transformadores para abordar el cambio climático y otros desafíos contemporáneos, tanto sociales, como ambientales.

Primero, quiero reconocer el coraje y liderazgo de Paulina Aldunce y todo su equipo, en el que puedo destacar a Pamela Smith y a Sonia Perez Tello, que además fue profesora de mi compañera de glocalminds Claudia Sepúlveda en su asignatura de “Educación y pobreza”.

El primer día de la conferencia,  antes de los discursos protocolares de la inauguración, se efectuó un breve pero profundo ritual Rapa Nui con el cantautor isleño Enrique Icka. Me quedé con ganas de escuchar más de su testimonio. La Isla de Pascua suele ser referenciada por algunos autores como Jared Diamond como una metáfora del colapso ecosocial que podría suceder a gran escala. De aquella mañana, fue especialmente impactante el sabio testimonio de la Sra. Sonia Diaz, dirigente social de la comunidad de La Gloria, afectada  por graves incendios forestales en el 2017. Creo que muchos de los gringos allí presentes no alcanzaban a entender el peso simbólico que tenía darle la palabra a aquella mujer en ese escenario, justo antes de una autoridad republicana como el Rectór de la Universidad de Chile.

En el primer break me contactó Karina de Trans Media para una video-entrevista testimonial y me encontré con el académico Stefan Gelcich, con quien habíamos coincidido justo unos días antes en otro taller. Tras el descanso, por la mañana me sumé a una sesión sobre la dimensión psicológica y relacional de las transformaciones. Fueron 5 presentaciones de 7 minutos cada una. Una fue sobre viajes de aprendizaje de mujeres científicas a la Antártida. Otra fue sobre la “Sensación de Pérdida” en los procesos de transformación y acción colectiva, a partir de un caso sobre los chinamperos de Xochimilco. Otra fue sobre los tipos de interacciones y relaciones en la construcción de capital social en las redes colaborativas. Mi principal insight fue sobre la importancia de los estilos de liderazgo para crear espacios seguros ante la complejidad, donde las personas, y especialmente las mujeres, perciban un sentido de justicia en los procesos colaborativos. 

Durante el almuerzo, coincidí con la investigadora boliviana Anahí Ocampo, experta en sociohidrología, con quienes hemos coincidido en el marco del proceso de diálogo de la Cuenca de Aculeo.

Por la tarde, acudí a una sesión en la que dos presentaciones abordaron la problemática de los pueblos indígenas del Desierto de Atacama, la explotación de los salares de Litio y el déficit hídrico. Una de ellas, realizada por Nancy Yañez del Observatorio Ciudadano de Derechos Indígenas. Otra de las ponencias, presentada por Hugo Romero, enfatizaba el riesgo de la pérdida  de cosmovisiones, ontologías y epistemologías ancestrales.

En la plenaria de la tarde, tuvimos un momento para generar campo social con unas breves interacciones facilitadas por el gran Ronald Sistek. Su invitación era a completar estas frases en duplas: 
“Algunas de las cosas por las que agradezco estar vivo en esta Tierra son…”
“Algunas de mis virtudes son…”
“Algunas personas que me han ayudado a confiar en mí son…”
“Un lugar que recuerdo con especial cariño de mi infancia es…”

A mi me tocó interactuar con Natalia Contesse, a quien sigo hace tiempo en redes sociales, que después cantó magistralmente su bella canción “Décimas al agua”


En las sesiones paralelas "No Académicas" programadas por la tarde, decidir a escuchar el testimonio de empresas de vanguardia y sus transformaciones ante el cambio climático. Ejercía de anfitriona Kathrin Muller, Gerente de Desarrollo de Acción Empresas, capítulo chileno del World Business Council for Sustainable Development.  Fue una gran sorpresa reencontrarme allí a mis dos brillantes ex alumnas del Magister en Gestion de la Sustentabilidad dela Universidad del Desarrollo, Rosa Soto y Lucía Martínez, que hoy día se desempeñan como gerentes de Sostenibilidad de Acciona y de Natura, respectivamente. Junto a ellas también presentó Carmen Lacoma, Gerente de Aguas Andinas, quien no podía imaginar que al día siguiente sufriría una grave rotura de la tubería matriz en Providencia, perdiendo miles de litros en tiempos de sequía.

El segundo día, la mañana tuvo como momento artístico inspirador el canto y la danza de dos estudiantes de la universidad, que interpretaron las canciones “Soy Pan, soy paz, soy masa” de Piero, y “CambiaTodo Cambia”, canciones bien elegidas por sus letras relacionadas con los procesos de transformación sobre los que versaba la conferencia.  En la plenaria de la tarde, destacaron un par de jóvenes llamados “Liricistas” que nos sorprendieron con su flow al cantarnos “Entiéndelo”


El segundo día tuvimos una sesión participativa sobre Aprendizaje en procesos de transformación facilitada por el equipo del SDG Transformation Forum. Por la tarde, participé en una sesión facilitada por Martha Chávez y Thomas McIntyre de Mentes en Transición, con quienes coincidí cinco años atrás en el Llamado de la Montaña.  Durante las sesión, compartimos historias personales de transformación a partir de una metáfora vegetal explicada en un marco elaborado en su proyecto de investigación acción de la Red de Aprendizaje Transgresor

Dado que el tercer día tuve que impartir mis clases de Liderazgo Estratégico y Manejo de Conflictos en la Universidad Andrés Bello en Santiago y Valparaíso, no pude participar en la jornada de clausura del congreso. No obstante, tuve la oportunidad de participar en la reunión del SDG Transformation Forum que tuvo lugar en las dependencias de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.

Lamentablemente, dado el estado de emergencia decretado en la ciudad aquel día, la jornada tuvo que terminar abruptamente, para asegurar la integridad física de los participantes, a quienes se recomendó volver a sus hoteles. Este hecho, no hace más que reafirmar mi convicción sobre la urgente necesidad de transformaciones sistémicas profundas a las que nos convocan los últimos informes del IPCC.

jueves, 28 de febrero de 2019

Sabiduría colectiva en el Antropoceno


La Tierra y quienes la habitamos hemos entrado en una nueva era geológica. Una era en la que el impacto del ser humano sobre los ciclos naturales tiene un alcance global e irreversible. El impacto es tal, que los científicos han tenido que crear una palabra para nombrarla: el Antropoceno.

Como humanidad hemos sobrepasado sistemáticamente varios de los umbrales planetarios que configuran la capacidad de los sistemas que sostienen la vida tal como la conocemos.

Ya estamos sintiendo la  evidencia del cambio climático global, que llegó para quedarse. Nuestros hijos y nietos vivirán un futuro radicalmente diferente al que vivió nuestra generación.

Tengo fe en que, más tarde que temprano, como humanos lograremos una transición global de los sistemas de producción, transporte y consumo. Avanzaremos en el aprovechamiento de energías renovables. Nos esforzaremos en reciclar y lograremos una economía circular. Todo eso es necesario y está bien. Pero tal vez no sea suficiente, o llegue demasiado tarde. Todo eso servirá  solo para evitar caer en un escenario aún peor. Pareciera ser que la cadena de consecuencias ya está desencadenada.

Nuestras comunidades, territorios e instituciones ya se están viendo a enfrentadas a situaciones extremas en condiciones y magnitudes nunca antes vistas. Las condiciones que generan mega incendios, inundaciones, sequías... serán  cada vez más frecuentes.

Más allá de las poderosas voces del tecno-optimismo, lo que marcará realmente la diferencia en la resiliencia territorial y comunitaria será la capacidad de aprender colectivamente a organizarnos y dotarnos de mecanismos adaptativos que nos permitan tanto prevenir y gestionar los riesgos como articular la colaboración entre instituciones, empresas y comunidades. Bienvenida las nuevas tecnologías a estos procesos, pero bienvenidas también las tecnologías para la acción colectiva.

En mi trabajo como facilitador de procesos colaborativos en diversos territorios, he observado que, si bien existe un amplio acervo de saberes locales encarnados, la sabiduría colectiva no emerge siempre espontáneamente. En contextos marcados por culturas de desconfianzas recíprocas, por historias de abuso de poder, en tejidos sociales deteriorados por juicios y rumores, por narrativas inculpatorias que buscan concentrar la culpa en chivos expiatorios, por proyecciones lineales y anhelos exponenciales, las condiciones psicosocioambientales actúan como inhibidoras invisibles, y a menudo inconscientes, de la tan urgente como necesaria colaboración multiactor.

En el pasado, como especie hemos sobrevivido a siglos, incluso milenios, marcados por guerras, pestes, terremotos, glaciaciones, plagas y todo tipo de amenazas a la vida. Hoy, la mayor amenaza la hemos provocado nosotros mismos como humanos. Los problemas que los humanos hemos creado, los humanos debemos superarlos. Por ello, aprender a colaborar aún a pesar de nuestras diferencias, puede ser nuestra esperanza.

viernes, 2 de mayo de 2014

Entrelazando Eros

Tuve la fortuna de nacer en el País Vasco de finales de los setenta, en una España en transición a la democracia. Viví mi infancia en los ochenta y mi adolescencia en los noventa, en una sociedad vasca marcada por el terrorismo. Desde los catorce años, me involucré activamente en un denso tejido asociativo donde convergían múltiples causas: el pacifismo, la educación ambiental, el voluntariado, la inclusión de jóvenes con discapacidad, la cooperación internacional, los movimientos parroquiales… En aquel contexto, fui testigo –y también sujeto- de momentos históricos y significativos de procesos sociales que alcanzaron un momentum inesperado. Ejemplos memorables de ello fueron la acampada que demandaba  dedicar  el 0,7% del PIB a cooperación para el desarrollo y la campaña del lazo azul por la libertad de los secuestrados que activó la movilización ciudadana pacífica de rechazo al terrorismo.

Al leer años años después el libro “The tipping point” de Malcolm Gladwell (traducido al español como “La clave del éxito” o “El punto clave”), pude comprender y conceptualizar muchos de aquellos procesos de transformación de los que me había sentido parte, explorando preguntas como  ¿Por qué son tan importantes las conexiones críticas para llegar a una masa crítica? ¿Cómo una minoría llega a ser mayoría?

Lo que llevamos de siglo XXI se ha caracterizado hasta el momento por un proceso global de transición de paradigmas, modelos mentales y relatos. Por un lado, convivimos diariamente con numerosos sistemas (de negocios, de creencias, de educación, de formas de vida) que enfrentan una fase de decadencia, colapso o al menos un profundo cuestionamiento. Por otro lado, somos testigos de una efervescencia de múltiples sistemas emergentes (modelos de negocio, prácticas, cosmovisiones…). Algunos de ellos ya forman parte del  cotidiano vivir y otros aún no ven la luz o permanecen bajo la superficie de la conciencia social.

La autora estadounidense Margaret Wheatley, co fundadora del Berkana Institute, plantea que el rol de los líderes den el siglo XXI consiste en facilitar la transición, generando las condiciones para que las personas que habitan los sistemas que decaen puedan transitar progresivamente a los sistemas que emergen. Sin embargo, esta transición no es fácil. Los sistemas predominantes conocidos ofrecen certeza y seguridad a quienes se aferran a ellos, por lo que dar un paso al lado implica salir de su zona de comodidad y enfrentar miedos profundos. Abrazar un nuevo paradigma puede implicar, para muchos, un salto al vacío. Sin embargo, una red puede aminorar el temor. Una red puede hasta ser el puente para atravesar al otro lado del precipicio.

Para que fenómenos locales, espontáneos y desarticulados se transformen en innovación social, escalable y sostenible, Wheatley enfatiza la importancia de nombrar, conectar, nutrir e iluminar estos sistemas emergentes.  Primero, requieren ser nombrados, para ser reconocidos, para tener distinciones lingüísticas que nos permitan percibirlos. Para fortalecerse, necesitan conectarse en red, intercambiar experiencias, generar vínculos, ampliar el alcance. Para sostenerse, necesitan cultivar comunidades de práctica con un propósito compartido. Para crecer, necesitan nutrirse con inspiración, y modelos creativos de generación de ingresos. Para ganar legitimidad y reconocimiento, necesitan iluminarse, visibilizarse, hasta convertirse en sistemas de influencia.

Hoy en día, todo innovador social que desee escalar el impacto de su innovación, necesita comprender la lógica inherente al funcionamiento de las redes. Para que una práctica local sea adoptada globalmente requiere viralizarse, hacerse fácilmente reproducible, fácil de comunicar y compartir, fácil de aprender y no solo fácil, sino también, deseable, inspiradora, excitante. En palabras de Malcolm Gladwell, la innovación social necesita ser sexy, contagiosa, pegadiza. Las redes son un canal natural para multiplicar la visibilidad y por tanto, expandir el alcance e impacto de la innovación.

Al mismo tiempo,  una red nutrida y densa constituye un caldo de cultivo para innovaciones sociales, pues cualquier idea o práctica que llegue a ese sistema, puede difundirse rápidamente gracias a la mayor conectividad y densidad de las interacciones. Un ejemplo inspirador de estos entramados colaborativos puede encontrarse en Aconcagua Summit, que ha sabido reunir en torno a sí a un amplio conjunto de líderes de diversos orígenes y sectores, con emprendedores sociales que comparten un sentido de complicidad, que les permite co-inspirar nuevas iniciativas colaborativas para un país más, justo sustentable y feliz. Los ingredientes claves de sus encuentros son sencillos: naturaleza, diversidad, sentido transcendente, arte, movimiento corporal, conversaciones, emociones, silencio, espacios lúdicos.

A nivel mundial, es destacable la expansión que han tenido durante los últimos años iniciativas de innovación social en red. Un ejemplo de alcance global es ImpactHub que ya conecta docenas de espacios físicos y comunidades de innovadores en los cinco continentes. En el ámbito de la educación emprendedora,  sugiero seguir la trayectoria exponencial de la red de emprendizaje cooperativo de origen finlandés Tiimi Akatemia Learning Network, que reúne a cientos de coaches de diversos países, desde China hasta Brasil. Por su parte, la comunidad global de práctica del Art of Hosting, difunde técnicas de liderazgo participativo y técnicas para facilitar conversaciones significativas, que son, en sí mismas, innovaciones sociales que al operar en red, multiplican y expanden su alcance.

Un patrón común que mueve estos ejemplos es el  campo de relaciones de cariño y vínculos afectivos que surge de la interacción entre los participantes, especialmente cultivado en espacios informales y distendidos: Sexy salads en Madrid, Pechakuchas en Estambul , ServiceJams en Melbourne, GreenDrinks en Estocolmo y otras instancias como la Pola Social en Bogotá, que inspiró a impulsar la Chela ciudadana en Santiago. Estas instancias se convierten en contenedores amorosos que acogen y expanden ese impulso creador a nivel individual y colectivo, quealgunos llaman Eros. Al fin y al cabo, redes afectivas son redes efectivas.

Publicado inicialmente en Tejeredes.