"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia y sacarle todo el meollo a la vida, para no llegar a la muerte y descubrir que no había vivido." (H.D. Thoureau)
Salvador: - "Papá, ¿qué hacen los ángeles?"
Papá (ojiplático): -"Algunos, como el ángel de la guarda, nos cuidan. Y otros, traen mensajes de armonía y paz."
Salvador: - "¿Armonía y Paz? Eso es muy aburrido!"
Comentario de Salvador (de tres años) al escuchar el llanto del bebé del vecino:
"Esto no es vida"...
Pensamiento de Salvador (3 años):
-"Cuando las tías del Jardín se vayan al cielo, los niños podremos desordenarlo todo"
- y sonríe como un pícaro
Diálogos matutinos con Salvador (7.00 AM)
-"Papá, ¿por qué las puertas son rectangulares?"
- Para que las personas puedan pasar por ellas.
- Pero Papá.... las personas no son rectangulares!!
- plop!
7:00 AM: Salvador Pregunta:
-"¿Por qué mi sombra desaparece en la oscuridad, si mi sombra todavía sigue ahí?"
Tras agradecer lo positivo del día, pregunto a Salvador (9 años)
-"¿Qué intención deseas sembrar para mañana?"
- " Nada, lo que sea, será lo que tenga que ser."
Conversación matutina:
- "Salvador, nunca dejes de ser tú mismo"
- "Pero papá, si yo siempre soy yo"
- "Salvador, mira, éste es tu nuevo libro de matemáticas para Kinder!"
- "¿Qué? ¿Más matemáticas? ¡¡Si yo ya sé todas las matemáticas que necesito!!"
Amanda: "Papá, qué estás leyendo?"
- "Un libro para aprender a ser un buen papá"
- "Pero si tú ya eres un buen papá..."
Amanda, escuchando la última canción de Shakira:
- "Papá, ¿sabes qué es un mojito?
Yo, con cara de ingenuo: -"No, ¿qué es eso?"
Amanda, totalmente segura: -"Es un popó chiquitito!"
Amanda, a punto de dormirse;
-"Papá, ¿Por qué se están extinguiendo los pandas si son tan bonitos?"
Amanda:
- "Papá, ya tengo once años. Ya no soy una niña. Soy una adolescente"
Al día siguiente, arrepentida.
- Sí, igual sigo siendo una niña, es que el libro dice se es adolescente desde los once años"
-"Se me olvidó agendar cita con la nutrióloga."
-"¿Es una doctora de nutrias?"
Amanda: "Hoy en el colegio hemos celebrado el cumpleaños de la Virgen María"
Salvador: "Pues a mí no me invitó"
Papá: -"Si no estudias Matemáticas, vas a sacar malas notas!"
Hija: -"Pero si tú siempre dices que que las notas no son tan importantes, que lo importante es que aprenda y sea feliz!"
#sinargumentos
Reflexión de Amanda:
-"Papá, ¿por qué los adultos nacieron primero?.... Los niños deberíamos nacer antes que los adultos..."
- ¿Quién ganaría un combate entre estos dos superheroes: uno que lee la mente y el otro que adivina el futuro?
Salvador cantando un villancico a todo pulmón. Amanda le increpa tiernamente: -"Si sigues gritando, se te van a romper las cuerditas musicales"
A veces, para nombrar las nuevas realidades que creamos, necesitamos nuevas palabras.
Si nombramos lo nuevo con palabras antiguas, la gente no apreciará la novedad.
El desafío es que cuando haces algo nuevo y lo nombras con palabras nuevas, la mayoría de la gente no sabe bajo qué categoría etiquetarte, no sabe en qué cajita de su organigrama mental ponerte.
Por eso en este post haremos uso de algunas palabras nuevas como co-liderazgo, co-evolucionar.
Aprender juntos a cocrear desde hoy el futuro en que todos realmente queremos vivir.
Esta simple frase resume las claves para la supervivencia de la especie humana en la Tierra.
APRENDER
Aprender, a diferencia de lo que nos han hecho creer sistemas educativos hegemónicos centrados en la memorización de contenidos, no se trata sólo de una acumulación cognitiva. Requiere de un cambio conductual adaptativo a las condiciones del entorno.
Esto resulta evidente en la memorable escena de la película "Río" en que el guacamayo azul Blu, en su cálido hogar de Canadá, estudia en los libros de su biblioteca todos los tratados y teorías sobre la ciencia de volar. Traza la trayectoria parábolica, estima las distancias, considera la gravedad, lo tiene todo calculado, se sabe toda la teoría, prepara la lista de despegue en su escritorio, corre y cuando se dispone a dar el salto, en el borde de la mesa, el miedo lo paraliza y se desploma al vacío en una estrepitosa caída. Se sabía todas las teorías, pero ¿Realmente aprendió a volar? No.
Aprender requiere demostrar un nuevo comportamiento. Segun plantea David Kolb en su Ciclo del Aprendizaje Experiencial, Observar Reflexionar, Conceptualizar y volver a Aplicar son verbos claves en un proceso de aprendizaje.
Pero a veces, nuevas acciones no generan los resultados que deseamos. Argyris, Bateson, Echeverría en sus distintos modelos plantean que el aprendizaje de primer orden no es suficiente. A veces necesitamos un aprendizaje de segundo orden, o de doble bucle. Esto implica entrar a picar en las creencias del observador, en sus juicios, en sus supuestos, sus modelos mentales. Posiblemente, algunos de esos juicios, creencias y supuestos le están cerrando posibilidades de acción que le restan poder al observador. Al cuestionarlas, se busca ampliar el repertorio de posibilidades de acción.
Aprendizaje de Doble Bucle (Argirys y Schön)
Aprendizaje de Segundo Orden en modelo O.S.A.R. (Echeverría)
JUNTOS
La experiencia humana es colectiva. Nacemos en familias, socializamos con amigos, crecemos en comunidades, trabajamos en equipo, colaboramos en redes, vivimos en sociedad. Somos con otros. El ser humano se hace humano con otros humanos.
No puedes cambiar el mundo solo. Para enfrentar los complejos desafíos del siglo XXI necesitamos colaborar con otros diferentes. Si quieres llegar rápido, anda solo. Pero si quieres llegar lejos, ve acompañado.
Juntos podemos elegir competir o colaborar, podemos elegir atrincherarnos o podemos elegir unirnos a una causa común, a la servicio de una visión compartida. Juntos podemos experimentar, equivocarnos y aprender de nuestros errores, desplegando la inteligencia colectiva.
A CO-CREAR
Co-crear implica crear con otros.
Se dice fácil, pero para muchas personas habituadas a rutinas centradas en el control y la sospecha, resulta algo realmente desafiante. Para co-crear se requiere confiar. Para esto se requiere suspender los juicios sobre el otro, atreverse a enfrentar los miedos y trascenderlos. Implica aceptar la diversidad, gestionar nuestras diferencias, aceptar al otro como legítimo otro diferente. Crear con otros y no destruir a otros. Sin agendas ocultas. Con transparencia. Sin imposiciones. Abiertos a la construcción real de una agenda emergente y espontánea al servicio de un bien superior.
Cocrear implica también desapegarse de la fijación -a veces rozando la obsesión compulsiva- por el perfeccionismo. Operar desde un excesivo apego a la perfección genera un callado temor a equivocarse, una aversión al error, un miedo paralizante al fracaso, cuando lo que se requiere es generar una cultura de prototipado, de fallar rápido y barato, que posibilite aprender antes de que seas demasiado tarde o demasiado caro.
DESDE HOY
Hay un Sentido de urgencia. No podemos esperar a mañana. No podemos esperar a una nueva generación. Tenemos el conocimiento, tenemos la ciencia, tenemos la tecnología, tenemos la responsabilidad. ¿Pero realmente tenemos el coraje y la valentía para actuar aún en presencia del temor que nos genera la incertidumbre de no tener todas las respuestas?
En la era del cansancio, marcada por la hiperconectividad, la autoexplotacion 24/7 y por la infoxicacion multipantalla, multi tarea, multi sensorial, la procrastinación se ha vuelto el patrón que marca a toda una generación.
EL FUTURO
El futuro aún no existe.
Pero sin duda será consecuencia de este presente.
No podemos adivinar ni predecir el futuro pero podemos crearlo, incidir en el, o mejor, aprender a cocrearlo.
Si aún no te importa tu futuro, tal vez debería comenzar a importarte, porque pasarás ahí el resto de tu vida.
Escenarios hay muchos posibles.
Algunos optimistas, y otros pesimistas.
Eutopías y Distopías.
Utopiad Que como decis Galeano, son como el horizonte, nos sirven para caminar.
El desafío, construir una Visión compartida dentro de los límites planetarios y operar individual y colectivamente en cada presente desde ese mejorpotencial futuro
EN QUE TODES
Inclusión radical de la Diversidad
Todas las formas de vida
Todas las formas
Todos los estilos de aprendizaje
Todos los estilos relacionales
Todas las ideologías
Todas las culturas
Todos los géneros
Todas las preferencias sexuales
Todos los sexos
Todas las capacidades
Zurdos diestros y ambidiestros
REALMENTE QUEREMOS VIVIR
El adverbio "realmente" alude al sentido de su, de auténtico, verdadero. No de trata de algo superficial, ni tan solo cosmético.
El verbo conjugado en tiempo presente en primera persona del plural, refiere a un anhelo colectivo, expresión de una voluntad compartida por toda una generación, que hoy habita el planeta Tierra.
Vivir en infinitivo, implica una acción que va más allá de Sobrevivir. Vivir va más allá de satisfacer las necesidades humanas fundamentales. Vivir implica convivir. Vivir con sentido implica florecer, desplegar nuestro potencial humano, cumpliendo nuestros sueños.
La creación es aún una tarea inacabada.
¿Qué más significativo que contribuir a la coevolución y coexistencia de todos los seres?
La Tierra y quienes la habitamos hemos entrado en una nueva era geológica. Una era en la que el impacto del ser humano sobre los ciclos naturales tiene un alcance global e irreversible. El impacto es tal, que los científicos han tenido que crear una palabra para nombrarla: el Antropoceno.
Como humanidad hemos sobrepasado sistemáticamente varios de los umbrales planetarios que configuran la capacidad de los sistemas que sostienen la vida tal como la conocemos.
Ya estamos sintiendo la evidencia del cambio climático global, que llegó para quedarse. Nuestros hijos y nietos vivirán un futuro radicalmente diferente al que vivió nuestra generación.
Tengo fe en que, más tarde que temprano, como humanos lograremos una transición global de los sistemas de producción, transporte y consumo. Avanzaremos en el aprovechamiento de energías renovables. Nos esforzaremos en reciclar y lograremos una economía circular. Todo eso es necesario y está bien. Pero tal vez no sea suficiente, o llegue demasiado tarde. Todo eso servirá solo para evitar caer en un escenario aún peor. Pareciera ser que la cadena de consecuencias ya está desencadenada.
Nuestras comunidades, territorios e instituciones ya se están viendo a enfrentadas a situaciones extremas en condiciones y magnitudes nunca antes vistas. Las condiciones que generan mega incendios, inundaciones, sequías... serán cada vez más frecuentes.
Más allá de las poderosas voces del tecno-optimismo, lo que marcará realmente la diferencia en la resiliencia territorial y comunitaria será la capacidad de aprender colectivamente a organizarnos y dotarnos de mecanismos adaptativos que nos permitan tanto prevenir y gestionar los riesgos como articular la colaboración entre instituciones, empresas y comunidades. Bienvenida las nuevas tecnologías a estos procesos, pero bienvenidas también las tecnologías para la acción colectiva.
En mi trabajo como facilitador de procesos colaborativos en diversos territorios, he observado que, si bien existe un amplio acervo de saberes locales encarnados, la sabiduría colectiva no emerge siempre espontáneamente. En contextos marcados por culturas de desconfianzas recíprocas, por historias de abuso de poder, en tejidos sociales deteriorados por juicios y rumores, por narrativas inculpatorias que buscan concentrar la culpa en chivos expiatorios, por proyecciones lineales y anhelos exponenciales, las condiciones psicosocioambientales actúan como inhibidoras invisibles, y a menudo inconscientes, de la tan urgente como necesaria colaboración multiactor.
En el pasado, como especie hemos sobrevivido a siglos, incluso milenios, marcados por guerras, pestes, terremotos, glaciaciones, plagas y todo tipo de amenazas a la vida. Hoy, la mayor amenaza la hemos provocado nosotros mismos como humanos. Los problemas que los humanos hemos creado, los humanos debemos superarlos. Por ello, aprender a colaborar aún a pesar de nuestras diferencias, puede ser nuestra esperanza.
Primer Encuentro de Liderazgo Participativo en Cabrero, Región del Biobío,
del 21 al 23 de marzo, 2019.
Por Grifen Hope, Ronald Sistek, Pablo Villoch y Francisca Escobar
Las grandes empresas, y también algunas instituciones públicas, se han apropiado del concepto de sustentabilidad y lo han adaptado a sus intereses, estrategias y modelos de negocio. En el fondo, muchas prácticas sustentables intentan minimizar los daños, buscando evitar, disminuir, mitigar o compensar el impacto negativo socioambiental de nuestras acciones. Está bien, todo suma. Hacer menos mal es necesario
¿Pero es suficiente?
Los innovadores del siglo XXI están yendo más allá, explorando la idea de hacer lo que es bueno para las personas, para los negocios y para el planeta, no sólo evitar lo que es dañino.
Con este sentido común, se vienen gestando y articulando múltiples iniciativas hace varias décadas, desde dentro y desde fuera de la corriente dominante. Con distintos nombres y formas, se han ido conectando y combinando los enfoques de la ecología profunda con la gestión ágil de proyectos; las redes de ecoaldeas y el movimiento de transición con sistemas de gobernanza más asertivos; el movimiento de permacultura para la creación de hábitats regenerativos con nuevas propuestas de negocios y economías.
Cada vez más personas, académicos, comunidades, organizaciones y empresas se están sumando al paradigma de la regeneración, con respuestas creativas que movilizan la sabiduría colectiva para generar las condiciones para la vida. Desarrollan proyectos que se consideran parte integral de los ecosistemas en los que están inmersos, construyendo capital vivo, cultural, social y espiritual a través de todos sus procesos. Imitan a los sistemas vivos, siguiendo principios y patrones naturales. Colaboran con otras iniciativas, organizaciones y empresas para formar ecologías empresariales locales y regionales.
Primeros pasos hacia un futuro regenerativo
Los proyectos regenerativos restauran y mejoran su entorno, ayudando a los ecosistemas, comunidades y personas a prosperar y adaptarse al cambio climático y los desafíos de la vida en el siglo XXI. Por ejemplo, al mismo tiempo que hacemos proyectos y negocios, pagamos salarios dignos, construimos comunidad, captamos carbono y limpiamos el aire.
En este siglo llamado por muchos la Gran Transición, estamos aprendiendo juntos a construir un futuro donde todos queramos vivir. Emprendimientos sociales, redes de innovación, cooperativas, consumidores responsables, comunidades indígenas, empresas B, activistas, huertos comunitarios, ecosistemas regionales, fundaciones filantrópicas, inversionistas de impacto: todas estas iniciativas emergentes, autoorganizadas y enraizadas en lo local, están conectadas y entrelazadas globalmente. Serán recordadas como pioneros de la humanidad hacia un futuro regenerativo, donde todas las actividades económicas apunten activamente a un impacto positivo.
¿Cómo acelerar la transición?
Una línea de trabajo clave es la formación y multiplicación de una nueva generación de emprendedores y agentes de cambio a nivel local, regional, nacional y global, en todos los sectores, que desarrolle sus capacidades de evolución personal, comprensión sistémica, emprendizaje colectivo, colaboración adaptativa, diseño de futuros compartidos, entre otros.
El Programa IncubaR: formación e incubación de emprendedores y proyectos regenerativos, fue desarrollado por El Manzano y Glocalminds, con apoyo de CORFO y muchas organizaciones locales y globales, para contribuir a esta aceleración, convocando a agentes de cambio territorial para trabajar juntos en los desafíos regionales al 2030.
En marzo de 2019 comenzaremos un Diplomado en Emprendimiento Regenerativo, convocando a todos los líderes, emprendedores e innovadores de la región del Biobío a Encuentro de Liderazgo Participativo de 3 días. Los proyectos seleccionados, participarán en un Taller de Diseño y Manejo de Proyectos Regenerativos de 6 días y en un Curso de Emprendimiento Regenerativo semi-presencial. Cerraremos el proceso a fines de agosto con un evento de celebración del impacto. El espacio está abierto a todos quienes quieran co-crear un futuro regenerativo para la región. Hay muchas formas de participar y apoyar esta iniciativa. Más información en https://proyectosregenerativos.org/incubar/
Si eres de la región del Biobío inscríbete gratis en formulario: https://lnkd.in/ecF4PNV
Si eres de otra región, usa este otro formulario para postular: https://lnkd.in/e9aRbSC
Más detalles en: https://www.facebook.com/events/390524565110233/
Dado mi trabajo como facilitador, a veces me toca acompañar procesos de diálogo en diversos territorios y contextos marcados por los conflictos socioambientales. Con cierta frecuencia me encuentro con dinámicas que operan en forma inconsciente en los grupos y colectivos humanos.
La tendencia cultural a evitar conversaciones difíciles no contribuye precisamente a evitar los conflictos, sino que posterga su expresión explícita y perpetúa estados de ánimo marcados por la resignación, el resentimiento, la rabia acumulada y la desconfianza recíproca, deteriorando el tejido social y alimentando narrativas culpógenas, donde "el otro" siempre es acusado de tener la culpa de "mis problemas". Este patrón de atrincheramiento entre los unos y los otros, los buenos y los malos, los míos y los vuestros, tiende a instalarse y reproducirse a sí mismo en el campo colectivo.
Por ello, uno de los primeros trabajos que hacemos los facilitadores es buscar el terreno común. ¿Qué es lo que nos une? ¿Qué tienen en común las partes en conflicto? ¿Qué es lo que desean cuidar?¿Qué les importa realmente? ¿Qué necesidad subyacente genera la tensión?
Cuando colectivamente descubrimos aquello importante que queremos conservar, aquello que tememos perder, tomamos conciencia de nuestra corresponsabilidad, tanto en las causas de los problemas como en las posibles soluciones.
Para lograr llegar a ese punto de co-responsabilidad, es necesario lograr un entendimiento compartido de la dinámica sistémica de los actores y factores que provocan y perpetúan el conflicto. Cuando nos sumergimos en el proceso, tarde o temprano llega un momento en que nuestro sentido de pertenencia se desplaza hacia la pertenencia a un sistema mayor. Cuando las partes descubrimos que pertenecemos a un mismo sistema que nos importa, del cual nos sentimos responsables, nos conectamos con un propósito compartido.
En ocasiones los conflictos, especialmente los socioambientales, se entrampan en lógicas transaccionales que pueden reproducir patrones asimétricos asistencialistas que terminan deteriorando el tejido social. Para superar la lógica transaccional, se requiere evolucionar hacia una lógica trascendental, donde los actores salen de la trampa transaccional y se comprometen con la construcción de una visión compartida del futuro deseado. Ser parte de dicha cocreación de futuro compartido, le dota de sentido al proceso colaborativo, que puede llegar a resultar transformador para las partes.
Muchas veces las conversaciones para resolver conflictos se centran en términos técnicos o jurídicos. Sin embargo, este esfuerzo cognitivo lleva con frecuencia al agotamiento de las partes. ¿Qué posibilidades de abrirían si aceptásemos la sabiduría de la intuición? ¿En qué parte del cuerpo sentimos nuestros conflictos?
En ocasiones he visto como los conflictos generan una carga emocional en los involucrados que les lleva a sufrir una tensión adicional en sus cuerpos. Esta tensión obstaculiza la apertura al aprendizaje necesario para desbloquear los procesos colectivos. Estas tensiones se acumulan dentro y entre cada involucrado, afectando a sus actitudes y comportamientos y por consiguiente, a las posibilidades de transformación del conflicto hacia estados de menor tensión.
Cuando una situación de conflicto cae en un patrón de anquilosamiento y bloqueo, las partes socias en conflicto tienden a naturalizar su situación, a elaborar narrativas que atribuyen la responsabilidad a terceros, eludiendo su propia responsabilidad con discursos auto-desempoderantes que proyectan la agencia (la capacidad de acción) en un otro.
¿Por qué de chiquitos
vestíamos de blanco
o de marineritos
en la celebración
de la Primera Comunión?
¿Por qué de adultos comulgar
se vuelve rutina dominical,
en una lenta y silente fila,
rito sin sentido ritual?
¿Cuándo olvidamos
celebrar como antes
la verdadera comunión
de cada instante?
Contemplo por un segundo
el brillante firmamento
y siento por un momento
el palpitar de este mundo.
Cada astro del universo
gravita como neurona
que encendida explosiona
en mi cerebro inmenso.
En eufórica calma celebro
cada conexión sináptica
de cada cuerpo celeste
en la armonía galáctica
de un solo cuerpo, éste.
En el silencio oscuro
de la noche estrellada
bailo descalzo la danza
con el alma callada
en secreta alabanza
al compás titilante
de la sinfonía extenuante
de grillos de un conjuro.
Camino en el bosque sagrado
mis pasos bendicen la tierra
mi canto se vuelve ofrenda
y en el silencio descubro
el verdadero santuario.
Sentados en círculo
el presente se expande
crepitando el fuego arde
nuestras almas y memorias
vibran como cuerdas de guitarra
en tonos resonantes
de un acorde de concordia
mientras a lo lejos, lejos
rechina la cigarra.
En la cumbre allá arriba
el valle se vuelve pequeño
el humano se vuelve hormiga.
Lección de humildad
tan cerca de cielo.
Caminar con mucho empeño,
mirar con altura de miras
ascender en cada paso el cuerpo
sin elevar el tamaño de mi ego.
En el seco horizonte
del solitario desierto
se funden cielo y suelo
como yo me fundo
derretido por el viento
uno con el todo,
todo con el uno.
Donde termina la placa
de cualquier continente,
el infinito azul comienza
donde todo se mueve
con el flujo de la marea,
la gravedad ya es leve
ante el mayestático vuelo
de la manta-raya,
soy efímero mortal
que se disuelve,
minúsculo humano
ante el reino de Neptuno,
soy un grano de sal
perdido en el océano.
Mi pasión es entrelazar mundos, hacer malabares con todas las esferas de la vida, aprender, desaprender y emprender en esta alquimia que nos transforma por dentro y por fuera, caminar con mi familia en la naturaleza, bailar salsa, contar cuentos, viajar, conversar y facilitar conversaciones con sentido, conectar la cabeza con el corazón, la lógica con la intuición, la imagen con la palabra. Y sí, a veces, escribo poesía.